Una vacuna experimental ,dentro de un estudio que lidera el español Eduardo Vilar-Sánchez, diseñada para “interceptar” el cáncer en personas con síndrome de Lynch ha mostrado un perfil de seguridad favorable y una respuesta inmunitaria intensa y duradera en un ensayo clínico temprano. Aunque el estudio no permite confirmar todavía un beneficio preventivo real por su diseño sin grupo control y por el tamaño limitado de la muestra, los resultados abren la puerta a futuros ensayos más amplios para comprobar si esta estrategia puede reducir la aparición de tumores en una población de alto riesgo.
El estudio analiza una estrategia de “intercepción del cáncer” en personas sanas con síndrome de Lynch, un trastorno hereditario que aumenta el riesgo de tumores, especialmente colorrectales. Se trata de un ensayo clínico fase 1b/2, abierto y de un solo brazo (sin grupo control), diseñado principalmente para valorar seguridad e inmunogenicidad (capacidad de activar el sistema inmune) de una vacuna preventiva llamada Nous-209.
Participaron 45 portadores de Lynch mayores de 18 años sin cáncer activo o reciente. Recibieron una pauta de dos dosis: una primera (semana 0) basada en un vector adenoviral y un refuerzo (semana 8) basado en MVA. La vacuna incluye 209 péptidos “frameshift” (neoantígenos derivados de errores de lectura) seleccionados por su presencia compartida en tumores con inestabilidad de microsatélites, un rasgo típico de muchos tumores asociados a Lynch.
En términos de seguridad, los resultados son globalmente favorables. No se registraron eventos adversos graves relacionados con la intervención. Los efectos más frecuentes fueron reacciones locales en el lugar de inyección (muy habituales en vacunas) y síntomas como fatiga. La fatiga fue común (80% tras la primera dosis y 53% tras el refuerzo) y hubo episodios de grado 3 (4%), descritos como transitorios (1–4 días) y sin necesidad de hospitalización. También se notificaron otros síntomas reactogénicos (por ejemplo mialgias), en la línea de lo esperable para vacunas vectorizadas.
El punto más sólido del trabajo está en la inmunogenicidad. En los 37 participantes evaluables, el 100% mostró respuesta de linfocitos T específica frente a los antígenos de la vacuna en el pico de respuesta (semana 9). Además, la respuesta fue duradera: se mantuvo detectable a 6 meses en el 97% y a 1 año en el 85% de los evaluables en esos cortes temporales. La respuesta también fue amplia, porque de media cada persona reaccionó contra varios grupos de péptidos (“pools”), lo que sugiere que no se limita a un único antígeno. En análisis adicionales se observaron respuestas tanto CD8+ como CD4+.
Otro resultado positivo es que los autores intentan conectar esa respuesta inmune con dianas relevantes en la enfermedad. Identificaron 115 antígenos “frameshift” inmunogénicos en la cohorte y comprobaron, en un conjunto independiente de lesiones colorrectales MSI asociadas a Lynch (precánceres y cánceres), que el 82% de esos antígenos inmunogénicos (94 de 115) estaban presentes. Además, aportan pruebas funcionales en laboratorio: describen marcadores de actividad citotóxica en células CD8 específicas en un participante y, en un modelo experimental, observaron reducción de viabilidad y aumento de apoptosis en células tumorales cuando se cocultivaban con células inmunes recogidas tras la vacunación frente a las basales.
Donde conviene ser prudente es en la interpretación clínica. El propio diseño (sin grupo control) impide atribuir cambios en lesiones o incidencia de cáncer a la vacuna con certeza, y el estudio no está planteado ni dimensionado para demostrar prevención de tumores. En la colonoscopia de final de estudio, entre 43 evaluables, se detectaron adenomas en 12 participantes (23 adenomas en total) y no se observaron adenomas avanzados, mientras que en la colonoscopia basal hubo 2 participantes con adenomas avanzados. Sin embargo, el trabajo indica que no se encontraron diferencias estadísticamente significativas frente a basal en proporciones o recuentos de adenomas, y no puede concluirse un efecto preventivo por estos datos. Tampoco se diagnosticó cáncer colorrectal en la colonoscopia, pero el seguimiento y el tamaño muestral limitan mucho lo que puede inferirse sobre riesgo real.
También es importante contextualizar que, durante el seguimiento, 3 de 45 participantes fueron diagnosticados de cánceres invasivos no colorrectales (con características de reparación de ADN distintas entre casos). Esto no demuestra falta de eficacia ni relación causal con la vacuna, pero recuerda que el riesgo oncológico en Lynch es amplio y que este ensayo no puede responder a si una intervención así reduce la incidencia global de cáncer.
En conjunto, el estudio apoya como puntos fuertes que Nous-209 parece tener un perfil de seguridad aceptable en esta cohorte y que induce respuestas inmunes T robustas, amplias y persistentes frente a neoantígenos relevantes para tumores asociados a inestabilidad de microsatélites. Al mismo tiempo, obliga a una lectura conservadora respecto a eficacia clínica: sin aleatorización, sin comparador y con una muestra limitada, los hallazgos sobre lesiones son, como mucho, exploratorios. La utilidad real como estrategia preventiva requerirá ensayos posteriores más grandes y comparativos que midan incidencia de cáncer y resultados clínicos a más largo plazo.
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