Redacción Médica
20 de septiembre de 2018 | Actualizado: Miércoles a las 19:15
Especialidades > Cardiología

Andrés Íñiguez : "Los hospitales se han ofrecido a que les pongamos nota"

El presidente de los cardiólogos explica las bases del proyecto 'SEC Calidad' y su futura repercusión política

El presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Andrés Íñiguez.
Andrés Íñiguez : "Los hospitales se han ofrecido a que les pongamos nota"
Lunes, 31 de octubre de 2016, a las 09:10
El Congreso SEC de Enfermedades Cardiovasculares, celebrado en Zaragoza del 27 al 29 de este mes, ha servido de plataforma de difusión de varias iniciativas de corte técnico y político más allá de los trabajos científicos, sin duda la razón de ser de los foros de este tipo. Englobados con el nombre de SEC Calidad, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) trabaja, en efecto, en tres subproyectos sobre la evaluación de la excelencia, los recursos asistenciales y la conexión entre Primaria y Especializada. 

El proyecto SEC Calidad, ¿es original de esta sociedad científica?

Así es. De hecho, la están copiando otras sociedades para el análisis de los proyectos que les son propios. Tal es el caso de los colectivos de Digestivo o de Neumología, que también están entrando en esta dinámica de análisis precisamente para llevar a cabo proyectos de calidad. Nosotros analizamos, claro, los procesos cardiovasculares, pero nada tenemos que ver con los de patología digestiva o respiratoria. Sabemos de alguna otra sociedad más interesada en seguir este misma línea de trabajo.

¿Cuesta mucho dinero?

No es un proyecto caro, porque se hace apoyándose en dos elementos fundamentales: la Consultoría que la propia sociedad tiene para su gestión, que es la que analiza, junto con expertos profesionales, el análisis de datos, que no es otro que el de la base contenida en el CMBD [conjunto mínimo de bases de datos] que elabora el Ministerio. Y, en segundo lugar, la propia estructura de la sociedad para enviar la encuesta anual a los jefes de Servicio de Cardiología vía on-line. Es decir, no es plan caro; lleva, eso sí, mucho trabajo y tiempo de análisis, pero poco coste para su organización.

Los resultados, ¿se pondrán a disposición pública?

Claro. La idea consiste en que nosotros hacemos el informe; se pone a disposición, acto seguido, de los jefes de Servicio y de los presidentes de las sociedades filiales. A continuación, se hace lo propio con las Consejerías y el Ministerio para que sepan lo que hay y actúan en aquello que sea susceptible de mejora.

La estrategia ha comenzado por 15 hospitales donde se miden los recursos de atención de la insuficiencia cardiaca…

Está iniciándose esa experiencia, que se encuentra en la fase de monitorizar todos los procesos y comprobar si se cumplen cada uno de los criterios que se exigen.

¿Quiénes lo hacen en este caso?

Los responsables del Área de Conocimiento de insuficiencia cardiaca. Han preguntado a los hospitales y éstos han expresado si deseaban participar en la fase inicial del proyecto. Después, se ha elegido a los primeros que se han presentado a partir de una muestra representativa de los diferentes tipos de unidades, pues no es lo mismo un hospital que hace trasplante cardiaco que un centro comarcal donde solo se hace consulta de esta patología. Luego, ese primer paso selectivo será completado, año tras años, con la inclusión de nuevos hospitales y nuevas unidades.

¿Son los propios hospitales los que se han ofrecido para ponerles nota?

Sí.

Una cosa es medir la atención y otra proporcionarla. ¿Se limita la SEC a hacer lo primero?

A priori sí, pero, al final, es verdad que uno puede disponer de un documento descriptivo muy válido, pero al hablar de calidad asistencial nos referimos a la práctica clínica diaria. Eso, hoy por hoy, está total y absolutamente cedido, en capacidad normativa, a las comunidades autónomas. De ahí que nuestra intención sea llegar a acuerdos-marco con ellas y también con el propio Ministerio de Sanidad. En ello estamos.

Veamos otros proyectos que son una realidad desde hace tiempo, por ejemplo el Código Infarto, que tanto éxito ha cosechado. ¿Es competencia de la SEC’

No. El proceso de calidad del que hablamos también incluye, eso sí, revisar la calidad de la asistencia del infarto. Lo que la SEC lleva hecho en ese terreno es fruto de seguir la política de la Sociedad Europea de Cardiología en lo que ella misma ha llamado iniciativa Stent for Life, que consiste en promover que, a todo paciente con infarto, se le haga reperfusión en el tiempo más breve posible desde el inicio de los síntomas, preferentemente con angioplastia coronaria, pero si, en algún contexto, esto no es posible, al menos con fibrinolíticos. Lo importante es la reperfusión temprana.

En este proyecto, la SEC, al igual que otras sociedades científicas de otros países, se apuntó a promover redes asistenciales, dentro de programas institucionales, de tratamiento del infarto de acuerdo con los criterios que se habían establecido para la iniciativa Stent for Life, y se consiguieron éxitos muy importantes en diversas comunidades autónomas.

¿Por ejemplo?

En 2000 empezó Murcia; en 2002, Navarra, que son ambas comunidades uniprovinciales donde resulta más fácil de implantar este tipo de organizaciones. Y, en 2005, empezó Galicia. A partir de ahí, casi todas las comunidades se han ido sumando al proyecto y estableciendo unidades institucionales de atención al infarto. De hecho, una de las últimas en llevarlo a cabo, Andalucía, ya ha dado los primeros pasos con el mismo propósito. Así que se ha conseguido que todas las comunidades se conciencien en la necesidad de instaurar este tipo de programas. Es un plan que lleva ya muchos años rodando.

Del Congreso, celebrado en Zaragoza, ha trascendido la actualización de las guías de práctica clínica con nuevas recomendaciones de los cardiólogos. ¿Cómo se llega a un consenso para publicarlas?

Ha habido, en efecto, una sesión dedicada a actualizar las guías de práctica clínica. Como sabe, nosotros en realidad seguimos las que edita la Sociedad Europea de Cardiología y hacemos después una adaptación, en algunas cosas, a nuestro medio. En general, sin embargo, solemos asumir como propia la última guía de cada área del conocimiento cardiovascular publicada por la Europea. La novedad es que este año ha publicado varias que nosotros, ahora, adaptamos y refrendamos para España.

La realidad hospitalaria está cambiando con las llamadas unidades de gestión clínica (UGC). ¿Son los cardiólogos los máximos responsables de esta forma de gestionar la Medicina al menos en sus áreas de competencia?

La SEC no se ha posicionado en este asunto. Le doy mi opinión, eso sí, favorable a que se instauren UGC y que sea el profesional el responsable de la toma de decisiones. Ésa es, a mi juicio, la forma más eficiente de actuar. Pero que eso se materialice depende de muchas cosas, entre otras del interés de los propios sanitarios, de que haya un marco normativo legal y ministerial en toda España… El decreto al respecto está en su fase final pero no ha salido adelante todavía más allá de iniciativas propias de comunidades como Galicia o Castilla y León. Falta, sin embargo, materializarlo en hechos.

Personalmente, estoy a favor, pero falta darle un soporte legal y normativo.

¿Está satisfecha la SEC con el decreto de troncalidad?

Hay convocada una reunión, a mitad del mes de noviembre, para abordar este asunto. Para entonces, se ha pedido la opinión de todas las especialidades acerca de la troncalidad y cada una está transmitiendo su posición al respecto. Pero eso aún no está cerrado ni es público.

¿Qué se discute, exactamente, en este momento?

El contenido del tronco común de dos años. Lo que atañe a la especialidad viene en los años posteriores de formación y no se ha entrado a analizarlo todavía. Ahora se analiza el tronco formativo que tienen que hacer cualquier especialista médico o quirúrgico antes de concluir su especialidad.

¿Satisfecha entonces la SEC, como mínimo, con el contenido del tronco común?

El contenido común se corresponde con una formación general, pero ése no es el problema, sino que, a partir de esos conocimientos generales, en cada una de las especialidades, no se reduzca el tiempo de formación específica. Es decir, que no solo se disponga de una formación general a costa de los contenidos propios de la especialidad. Las dos cosas hay que saber complementarlas.