Presentado el primer consenso médico sobre la dieta con intestino irritable

Está dirigido a todos los especialistas implicados en la atención a pacientes con este síndrome

Dos de cada tres pacientes restringen su dieta sin el consejo del médico.
Presentado el primer consenso médico sobre la dieta con intestino irritable
mié 13 febrero 2019. 17.00H
La elevada prevalencia del síndrome del intestino irritable (SII) en la población, su carácter crónico, su pronunciado impacto en la vida de los pacientes y la falta de un tratamiento curativo son algunos de los aspectos que han motivado a la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y la Fundación Española de Aparato Digestivo (FEAD) a impulsar, junto a la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (Fesnad), la elaboración del primer documento conjunto y consensuado sobre las dietas de exclusión

Este documento va dirigido a todos los especialistas implicados en la atención a pacientes con SII y pretende ser un instrumento de gran utilidad en su práctica asistencial, ya que, según los sanitarios, aporta un consenso entre todas las entidades sobre a quién, cómo, cuándo y de qué manera hay que utilizar las dietas.

Además, cuenta con la participación conjunta de la Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo (Senpe), la Sociedad Española de Nutrición (SEÑ), la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), la Sociedad Española de Gastroenterología Hepatología y Nutrición Pediátrica (Seghnp), la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (Sedca) y la Asociación de Enfermeras en Nutrición y Dietética (Adenyd).

Según Francesc Casellas Jordá, responsable del Comité de Nutrición de FEAD y director científico del documento de consenso, “los pacientes con SII reciben diversos tratamientos de forma continuada no siempre con éxito. Por ello, los pacientes y sus facultativos buscamos estrategias para controlar los síntomas del SII, que muchas veces pasan por modificar los hábitos dietéticos de los pacientes”.

“En general, y de forma cada vez más extendida, se están aplicando dietas excluyendo diversos alimentos. Algunas de ellas son muy drásticas, puesto que afectan a alimentos básicos de nuestra alimentación. Ello no siempre se hace con rigor, con criterios científicos o con una monitorización adecuada. Las dietas de exclusión deben utilizarse con prudencia y únicamente cuando estén indicadas, puesto que podrían tener efectos perjudiciales sobre el estado nutricional y la salud en general” explica Rosa Burgos Peláez, miembro del Comité de Nutrición de FEAD, coordinadora del proyecto y secretaria de la Sociedad de la Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo.


Proceso de diagnóstico 


El diagnóstico de SII se establece mediante una cuidadosa historia clínica que incluye el cumplimiento de los criterios de Roma IV, la exclusión de signos y síntomas de alarma y la realización de los exámenes complementarios que se requieran de forma individualizada para cada paciente. Una adecuada historia dietética es fundamental para completar el diagnóstico y dirigir el tratamiento.

A su vez, este síndrome se clasifica en cuatro subtipos según el patrón defecatorio predominante (escala de Bristol): SII predominio estreñimiento (SII-E), predominio diarrea (SII-D), mixto (SIIM) y no clasificado (SII-NC). La mayoría de pacientes con SII asocian la ingestión de una amplia gama de alimentos con síntomas de hinchazón y dolor abdominal y aproximadamente el 84% de los pacientes informan que sus síntomas son provocados por al menos un alimento.

Casellas apunta que “numerosos estudios señalan el papel potencial de la dieta como desencadenante de los síntomas de SII. Siendo las modificaciones o restricciones dietéticas el mecanismo más frecuentemente empleado por los pacientes para tratar de controlar los síntomas, de forma que en el 62 por ciento de los casos, los pacientes restringen su dieta sin el consejo del gastroenterólogo o el nutricionista, encontrándose entre las restricciones más frecuentes la exclusión de alimentos con lactosa, trigo, ciertas frutas y verduras”.


La exclusión de la lactosa y el gluten


Dos estudios han demostrado que la dieta baja en FODMAP seguida durante 3-4 semanas produce una disminución de Bifidobacterias. Por lo que se ha demostrado que los pacientes que sufren SII presentan un contenido reducido de Bifidobacterias en las heces y que hay una relación negativa entre la abundancia fecal de estas bacterias y el dolor abdominal.

En el caso de la lactosa, los pacientes con SII no tienen más grado de malabsorción que la población general, pero si mayor grado de intolerancia, ya que son especialmente sensibles y, por lo tanto, en ellos los síntomas son más intensos y sobre todo “peor vividos” que en la población general.

Además, en este momento no se puede recomendar excluir universalmente el gluten en enfermos con SII, ya que la evidencia es limitada por la pobre calidad de los estudios realizados. Sin embargo, existe un elevado porcentaje de la población general (que se estima en un 0,5 por ciento) que ya hace una dieta sin gluten (DSG) por creer que es más saludable o por mejora de síntomas gastrointestinales.


Educación para adquirir hábitos más saludables


El manejo dietético del SII precisa un abordaje integral, con un enfoque holístico en el que se contemple el grado de afectación, las formas de percepción y comportamiento de los pacientes. Dada la complejidad del manejo dietético del SII no es suficiente indicar las pautas oportunas, también es preciso que el paciente las comprenda, se adhiera a ellas, y quiera llevarlas a la práctica.

Es importante implicar al paciente como sujeto activo del proceso de cambio, utilizando la educación como pilar fundamental para facilitar la comunicación con este y lograr un automanejo eficiente. En definitiva, el abordaje terapéutico de los pacientes con SII debe ser integral, utilizando todos los instrumentos, incluyendo la educación para la salud, y de forma coordinada a los distintos profesionales sanitarios, tanto médicos, nutricionistas como enfermeros para conseguir optimizar el control sintomático del SII y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
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