Ana, futura anestesista veterinaria ambulante.
Ana, anestesista veterinaria ambulante: "Tuve que volver a casa y reinventarme"
La sevillana ha convertido su experiencia en distintos hospitales y países en un servicio propio que ya recorre clínicas de Sevilla, Cádiz y Huelva
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Llevar la consulta a cuestas se está convirtiendo en una práctica cada vez más habitual en España. Así lo afirma Ana, quien desde hace cuatro meses ha comenzado un proyecto como anestesista veterinaria ambulante en su tierra natal, Sevilla. En su caso, la precariedad laboral del sector la llevó a un ultimátum. "Era o irme al Reino Unido y seguir especializándome allí o volver a casa y reinventarme", explica. La decisión la tomó tras haber probado suerte en varias comunidades, incluso haber hecho las maletas para marcharse al extranjero. Sin embargo, daba igual lo que hiciera, la sensación de burnout siempre estaba ahí.
Ahora, apunto de sacarse la especialización completa como anestesista, se desplaza por clínicas y hospitales de Sevilla, Cádiz y Huelva y asegura que su agenda crece poco a poco, especialmente "del boca a boca". De cara al futuro, Ana quiere consolidar el servicio y desarrollar su faceta educativa para ayudar a otros veterinarios a emprender por el mismo camino. "Me gustaría poder ayudar a personas que quieren ser ambulantes y no tienen ni idea de por dónde empezar", subraya.
La precariedad laboral empujó a Ana a reinventarse
Las jornadas maratonianas y las condiciones laborales precarias marcaron los cinco años en los que Ana estuvo formándose en diversos hospitales como anestesista veterinaria. La sevillana cuenta cómo su día a día siempre estaba marcado por la misma rutina: jornadas de hasta 12 horas y unas 60 horas semanales por un salario cercano a los 1.400 euros al mes, además de guardias gratuitas. "A lo mejor estaba en casa después de mis doce horas y me despertaba durante la madrugada para tener que volver a ir, y por muy poco dinero. No podía ahorrar ni para una casa ni para tener una familia", recuerda. Pese a todo, estaba dispuesta a sacrificar varios años de su vida para poder formarse.
Pasó por Madrid e incluso hizo las maletas y apostó por una oportunidad en el extranjero, donde encontró unas condiciones laborales "increíblemente buenas". "Estaba en una universidad estadounidense en una pequeña isla del Caribe. Intenté quedarme, pero echaba de menos a mi familia y sentía que necesitaba volverme", reconoce sobre aquel momento.
Pero su experiencia fuera y dentro de España no hizo desaparecer, sin embargo, la sensación de precariedad. La situación volvió a repetirse durante su estancia en Valencia y tuvo que decidir si volver a marcharse de nuevo o buscar una alternativa cerca de su casa. "Podía optar por la diplomatura europea, pero existen pocos centros en España. Normalmente te tienes que ir al Reino Unido", explica. Finalmente, Ana decidió regresar a Sevilla y aprovechar toda la experiencia acumulada para crear su propio servicio junto con "una nueva forma de ejercer".
"A lo mejor estaba en casa después de mis doce horas y me despertaba durante la madrugada para tener que volver a ir, y por muy poco dinero. No podía ahorrar ni para una casa ni para tener una familia"
Anestesista veterinaria ambulante: un nuevo modelo de servicio
"Los inicios son como los de cualquier persona que quiera emprender. Creo que nunca te preparan para ello", reconoce la sanitaria. Tras dejar atrás los hospitales, Ana comenzó hace cuatro meses a desplazarse hasta clínicas y centros veterinarios para encargarse de la anestesia durante las intervenciones. Un modelo que, aunque todavía es poco conocido, empieza a ganar presencia entre los especialistas. "Hay muchos compañeros que hacen ambulante: traumatólogos, neurólogos, oncólogos...", señala la sevillana, que considera que en parte por la precariedad tanto del sector público como del privado.
Su trabajo permite que el cirujano pueda centrarse en la intervención mientras ella se ocupa de controlar al animal durante todo el proceso anestésico. "No puede haber un cirujano que se ocupe de todo. Es imposible", subraya. Ana considera que esta figura sigue siendo poco reconocida fuera del sector, a pesar de su importancia para garantizar la seguridad del paciente. "Creo que hay que empezar a entender que colaborar es un beneficio mutuo, tanto para el cirujano como para que el animal salga vivo", defiende. En este sentido, también reivindica el papel fundamental de la veterinaria en la salud pública y la seguridad sanitaria. "Muchas enfermedades se transmiten de animales a personas y, sin un buen equipo, puedes tener problemas a nivel de tu comunidad o incluso a nivel nacional, como ocurrió con el Covid", añade.
Para darse a conocer, ha combinado las visitas presenciales a clínicas con las redes sociales y el boca a boca entre profesionales. En solo cuatro meses, asegura que ya recibe llamadas de hospitales y que su agenda está cada vez más llena. "Lo que antes trabajaba en un mes y ganaba en un mes, ahora lo gano en una semana", afirma, un cambio que también le ha permitido mejorar sus condiciones y recuperar tiempo para su vida personal.
Ana durante una de sus intervenciones como anestesista veterinaria ambulante.
"Para mí, ser ambulante es una luz después de un túnel"
El salto al emprendimiento estuvo marcado por la incertidumbre. Ana reconoce que durante los primeros meses tuvo momentos de ansiedad y llegó a plantearse si había tomado la decisión correcta. "Me salían ofertas de trabajo y decía: 'A lo mejor debería cogerlas. Estoy arriesgándolo todo por algo que a lo mejor no puede ir bien'", recuerda. La dificultad, según relata, estaba en confiar en un proyecto que todavía no sabía cómo iba a evolucionar.
Cuatro meses después, el crecimiento de su agenda ha reforzado su apuesta por este modelo. Pero, más allá de lo económico, Ana destaca la posibilidad de recuperar una vida personal que durante años quedó relegada por las largas jornadas laborales. "Puedo ver a mi familia, puedo ver a mis sobrinos crecer, puedo estar con mi novio, dormir en mi casa. Parecen cosas muy básicas, pero es que hay profesiones en las que no las tenemos", explica.
Sobre el futuro, Ana aún no lo tiene claro, aunque sí se ve creciendo con su consulta a cuestas. También quiere desarrollar su faceta educativa, ayudando a otros veterinarios que quieran emprender como ambulantes y compartir sus conocimientos sobre anestesia. "He aprendido cosas muy diferentes de cada compañero y adaptar eso al sitio al que llegas es muy importante", comenta. Para Ana, esta nueva etapa representa una forma de ejercer la veterinaria "con mayor libertad" y, sobre todo, de recuperar el equilibrio que durante años no encontró en la profesión. "Para mí es una luz después de un túnel", concluye con la esperanza de seguir creciendo y encontrar su propio camino dentro del sector.