Mara Parellada, presidenta de la Comisión Nacional de Psiquiatría Infantil y jefa del Servicio de esta especialidad en el Hospital Gregorio Marañón.
Psiquiatría Infantil avala la exigencia de la vía extraordinaria y plantea una 'repesca' para los suspensos
María José Parellada, presidenta de la Comisión Nacional de la especialidad, asegura que "son casos puntuales" y defiende que las condiciones sean iguales para todos con un proceso "justo y transparente"
La especialidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia encara ahora uno de los flecos que quedaban pendientes desde su creación en 2021: culminar la vía extraordinaria para los profesionales que no accedieron al título por las anteriores vías y que ahora deberán superar un examen de tres casos clínicos. Para María José Parellada, presidenta de la Comisión Nacional de este campo y jefa del Servicio de Psiquiatría en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el procedimiento debe mantener unas condiciones de exigencia e igualdad para todos los candidatos, aunque considera que debería estudiarse una posible repesca para quienes no superen el examen pero puedan acreditar que cuentan con los conocimientos y competencias necesarios.
A su juicio, los casos de profesionales que quedan fuera por no superar el examen son "anecdóticos y puntuales" y no deben servir para cuestionar un proceso que, según señala, ha permitido que la "gran mayoría" de los candidatos obtenga el título.
La creación de la especialidad en España ha llegado después de un largo recorrido y Parellada sitúa el principal retraso precisamente antes de su aprobación. Y es que la especialista considera que la demora no estaba justificada porque España acumulaba "decenas de años de retraso respecto a todas las vías de nuestro entorno".
Una vía dirigida a profesionales con menos experiencia documentada
La prueba actual no está dirigida a los psiquiatras con una larga trayectoria profesional en el ámbito infantil, sino a un colectivo con "menor experiencia documentada". En concreto, señala que se trata de profesionales con "un año en formación", por lo que considera que no sería justo modificar ahora las condiciones de la prueba respecto a las establecidas anteriormente.
Su argumento se apoya también en la evolución de la propia especialidad. Los profesionales que se incorporen mediante la vía ordinaria realizarán en adelante cinco años de formación específica en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia, por lo que "la expectativa de conocimiento y la formación va a ser mucho mayor". Por este motivo, Parellada rechaza que el examen pendiente deba plantearse con una exigencia menor: "Cualquier diferencia que se hiciera con el examen anterior sería absolutamente injusto".
Y es que dicha prueba estará estructurada en tres casos clínicos relacionados con el perfil profesional de la especialidad. Cada uno contará con 15 preguntas principales y cinco preguntas de reserva, numeradas del 16 al 20. El examen tendrá dos versiones, A y B, en las que únicamente cambiará el orden de presentación de los casos. El sistema de corrección también establece una penalización por los errores: cada respuesta acertada suma un punto, mientras que cada fallo resta 0,5 puntos. Las preguntas que se dejen en blanco no sumarán ni restarán.
Además, la principal particularidad del examen está en el criterio para obtener el apto. No basta con alcanzar una determinada puntuación global: los candidatos deben superar el 50 por ciento de la puntuación máxima en cada uno de los tres casos clínicos de manera independiente.
Conocimientos teóricos y competencias clínicas
La especialista considera que una evaluación de estas características debe comprobar tanto los conocimientos como la capacidad para desenvolverse en situaciones clínicas. Sin embargo, su modelo ideal de evaluación sería eminentemente práctico, de manera que permitiera observar directamente las competencias del profesional. El problema, apunta, está en garantizar que un sistema de evaluación práctica sea suficientemente objetivo. Parellada duda de que actualmente exista un modelo de tribunal capaz de valorar esas competencias con todas las garantías de transparencia e igualdad. De ahí que, aunque considere preferible una prueba práctica, conceda especial importancia a las condiciones en las que se desarrolla cualquier examen.
"Lo importante de un proceso es que sea justo, que sea transparente, que sea absolutamente confidencial y que sea para todo el mundo igual", afirma. En su opinión, esos principios se han respetado en el procedimiento.
La prueba extraordinaria establece tres casos clínicos y exige superar cada uno de ellos. Por tanto, un candidato no puede compensar un resultado insuficiente en uno de los casos con una buena puntuación en los otros. Parellada no considera que la existencia de personas que puedan quedar fuera sea una anomalía. En cualquier proceso en el que existe un resultado de apto o no apto, sostiene, habrá candidatos que no consigan superarlo. Para la especialista, se trata de una circunstancia "absolutamente inevitable e inherente al proceso".
También contempla que una persona con los conocimientos necesarios pueda tener un mal resultado por una circunstancia puntual. "Eso siempre ocurre en cualquier oposición, en cualquier examen", apunta, ya que "una enfermedad, un despiste o cualquier otra circunstancia personal" puede influir en el rendimiento de un día concreto. En esos casos, Parellada considera que el resultado debe entenderse como algo excepcional. "Es absolutamente anecdótico y puntual", afirma.
Una posible repesca para acreditar las competencias
La especialista sí plantea, no obstante, una cuestión que considera diferente: la posibilidad de ofrecer una segunda oportunidad a quienes no superen la prueba pero puedan demostrar que reúnen las competencias necesarias. "¿Que podría haber otro proceso de repesca? Es otra cuestión", señala. En este sentido, defiende que "debería darse la oportunidad para que todo el que tuviera competencias suficientes y conocimientos suficientes tuviera acceso al título".
La propuesta no implica, según su planteamiento, rebajar el nivel del examen ni considerar suficiente haber superado dos de los tres casos. Se trataría de estudiar un mecanismo adicional de acreditación para aquellos profesionales que no hayan superado la prueba pero puedan demostrar posteriormente que disponen de la preparación necesaria. Parellada explica que esta cuestión ya se está abordando con el Ministerio, aunque precisa que la decisión no corresponde directamente a la Comisión Nacional de la especialidad.
Casi 900 especialistas tras los procesos extraordinarios
Parellada también pone en perspectiva los posibles casos de profesionales que no consigan superar la prueba. A su juicio, no deberían convertirse en el eje de la valoración global del procedimiento. En este contexto, recuerda que tras el primer proceso extraordinario, incluido el examen, España contaba con "casi 880 psiquiatras infantiles".
Así, la especialista destaca que "la gran mayoría" de los profesionales que participaron en las distintas vías consiguieron obtener el título. Además, recuerda que los psiquiatras que no obtengan el nuevo título no quedan por ello incapacitados para atender a menores. El título previo de Psiquiatría, explica, no establece una limitación por edad y permite continuar ejerciendo la Psiquiatría Infantil.
El reto pendiente, por lo tanto, no pasa para Parellada por rebajar las condiciones de la prueba extraordinaria, sino por garantizar que el procedimiento mantenga unas reglas comunes para todos y, al mismo tiempo, valorar si quienes no superen el examen pueden disponer de alguna alternativa para demostrar que poseen las competencias y conocimientos exigidos.