Andrea, enfermera militar.

Andrea, enfermera militar.

Enfermería

Cinco años persiguiendo una plaza de enfermera militar: "Todavía no me lo creo"

Tras años compaginando la oposición con su trabajo en Urgencias del Gregorio Marañón, Andrea afronta ahora una nueva etapa de formación en las Fuerzas Armadas con la sensación de haber cumplido un sueño

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Andrea todavía sigue sin creerse que vaya a vestir el uniforme verde para convertirse en enfermera militar. Después de cinco años opositando y seis años trabajando en Urgencias del Hospital Gregorio Marañón, por fin ha conseguido la plaza que llevaba años persiguiendo. "A día de hoy, todavía no me lo creo", reconoce emocionada a Redacción Médica.

Su historia es también la de una carrera de fondo. Durante cinco años compaginó la oposición con los turnos de Urgencias, la vida personal y los entrenamientos de una afición que terminó llevándola hasta los 42 kilómetros de la maratón de San Sebastián. "Creo que eso ha sido lo más difícil, encajar todo dentro de un día de 24 horas", reconoce la madrileña. Ahora afronta una nueva etapa de formación militar con una mezcla de ilusión y respeto, pero con una certeza. "Lo que más ilusión me hace es poder ponerme mi uniforme y que esté mi apellido puesto en el pecho", afirma.

El sueño de ser enfermera militar

Andrea siempre supo que "en algún momento de su vida" acabaría siendo enfermera militar. Su familia, de Cartagena, pertenece a la Armada como buzos y, desde pequeña, los veranos en la ciudad y el contacto con ese mundo fueron alimentando poco a poco una vocación que terminó por convertirse en un sueño. "Siempre fue mi objetivo desde que entré a Enfermería", defiende.

Una de las cosas que más le atraen de esta salida profesional, no tan conocida, va más allá del uniforme. Andrea subraya especialmente "la autonomía" que, a su juicio, tiene la enfermera dentro de las Fuerzas Armadas. "Creo que esa visión cuesta mucho separarla todavía o poder cambiarla en el medio civil", señala, en referencia a la percepción de que el médico ocupa un papel de mayor autoridad mientras la enfermera queda relegada a un segundo plano. Pero ¿en qué consiste realmente el trabajo de una enfermera militar? Andrea explica que, en el día a día, su labor se parece en buena medida a la de un centro de salud. "Nos encargamos de atender a los militares, realizar curas, controlar patologías y llevar a cabo educación sanitaria, especialmente antes de los despliegues", ejemplifica.

Sin embargo, si hay algo que encaja con la idea que Andrea tiene de su profesión es la posibilidad de ayudar allí donde haga falta. Las misiones humanitarias son una de las facetas que más le atraen: desde la educación sanitaria hasta la mejora de la salud pública o la construcción de colegios. "Mientras pueda ayudar, me da igual", resume cuando le preguntan por el destino que le gustaría.

"Nos encargamos de atender a los militares, realizar curas, controlar patologías y llevar a cabo educación sanitaria, especialmente antes de los despliegues"

Cinco años de oposición para conseguir una plaza

Conseguir la plaza no ha sido un camino sencillo para ella. La enfermera militar cuenta que el primer año se presentó casi "como una toma de contacto", para conocer el proceso y comprobar hasta dónde podía llegar. Y así lo hizo, superó la pruebas físicas, el tipo test, el de inglés y el caso clínico hasta plantarse ante el tribunal para exponer el examen oral. "Si este año apenas he hecho nada y mira dónde he llegado, creo que si estudio un poco más y me aplico, lo puedo conseguir", pensó en aquel momento.

Pero los años comenzaron a pasar y comenzó a materializar la idea de que no bastaba solo con llegar hasta el final. "Las plazas eran escasas y había mucha competencia. Recuerdo que en uno de los procesos solo había 25 para 300 personas", recuerda. De esta forma, cada año se repetía la misma sensación. Había conseguido llegar hasta el final, pero algo no había terminado de convencer al tribunal.

A la dificultad de la oposición se sumaba la necesidad de encajarla en una vida que no se detenía. "Creo que lo más complicado para mí ha sido tener que compaginar mi vida personal, social y en pareja con los estudios y el trabajo", asegura. Señala días en los que tocaba levantarse a las cinco de la mañana para estudiar antes de trabajar y entrenar después. Hasta que, en el quinto intento, llegó por fin la recompensa. "Después de tanto tiempo, un año fallas, otro no lo consigues, al siguiente tampoco… Ahora es la sensación de que todo ya se terminó", comenta aliviada.

"Las plazas eran escasas y había mucha competencia. Recuerdo que en uno de los procesos solo había 25 para 300 personas"

De las Urgencias del Gregorio Marañón al Ejército

Durante estos años, Andrea no ha dejado su trabajo como enfermera en el Hospital Gregorio Marañón, que ahora, sin embargo, deja atrás "con gran cariño". Allí llegó nada más terminar la carrera y ejerció sus primeros años, incluida la pandemia. "Mi paso por Urgencias ha sido algo maravilloso y me ha dado un crecimiento personal alucinante", defiende.

Pero Urgencias también le ha dejado una experiencia marcada por la presión asistencial y por días especialmente duros. "Hay días que no entraban los pacientes, días en los que no había camas para tumbar a nadie, pacientes sentados en el suelo porque no había sitio", relata la sanitaria. Una realidad que llegó a hacerle pensar, al terminar algunas jornadas, "¿Dónde estoy trabajando? Es que parece que estoy dentro del Ejército dentro de un hospital de campaña".

Pese a todo, Andrea cierra esta etapa con la sensación de haber conocido a compañeros que ya considera familia. "Incluso los momentos malos te diría que los repetiría", afirma la sanitaria, que también asegura que no habría llegado tan lejos sin su experiencia en Urgencias.

"Mi paso por Urgencias ha sido algo maravilloso y me ha dado un crecimiento personal alucinante"

La Enfermería como una carrera de fondo

Junto con su vocación por la Enfermería, correr ha acompañado a Andrea desde los 13 años. Durante los cinco años de oposición, los kilómetros se han convertido en su vía de escape, una manera de "resetear la cabeza y volver a empezar con las pilas recargadas".

El año pasado decidió llevar esa idea un paso más allá. Después de haber corrido siempre como máximo 21 kilómetros, se lanzó a los 42,195 de San Sebastián. Los últimos kilómetros fueron especialmente duros, recuerda la enfermera, pero su pareja la acompañó en bicicleta y la animó hasta cruzar la meta. "Para mí fue como haber aprobado la oposición en ese momento", asegura. La metáfora con la oposición aparece casi sola: avanzar poco a poco, soportar el cansancio y mantener el ritmo hasta llegar a una meta que, durante años, parecía resistirse.

Andrea durante la mediamaratón de San Sebastián.

Andrea durante la mediamaratón de San Sebastián.

Ahora, con la plaza ya conseguida, comienza otra carrera. Antes de incorporarse definitivamente a su puesto como enfermera militar, Andrea tendrá por delante un año de formación, con estancias en Zaragoza, Marín, en Pontevedra, y San Javier, en Murcia, durante los primeros tres meses. Tras ello continuará hasta julio con la parte académica en la capital y, más tarde, será entonces cuando llegue el momento de elegir destino. Aunque no tiene una preferencia concreta, sí tiene una excepción: "No me gustaría meterme en un barco y estar seis meses navegando". Después de cinco años de sacrificios, solo pide poder estar cerca de los suyos si es posible.