Sara, médica y futura MIR.
De emigrar de Venezuela a estudiar Medicina: "Compagino la preparación MIR con la maternidad"
Sara llegó a Granada con su maleta y sin casi conocer a nadie para perseguir su vocación. Después de completar dos carreras, convertirse en madre y superar un camino lleno de obstáculos, prepara ahora el MIR con Pediatría como principal objetivo
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Unos minutos antes de enfrentarse al examen final de Pediatría, en sexto de Medicina, Sara descubrió que iba a ser madre. "Me encontraba de una manera parecida a cuando tuve mi primer embarazo", recuerda a Redacción Médica. Pensó que, si no se hacía una prueba antes del examen, no iba a poder estar tranquila. "El resultado fue positivo", añade emocionada. La noticia llegaba en un momento especialmente simbólico para ella: estaba a punto de terminar la carrera con la que siempre había soñado tras "un camino lleno de obstáculos".
Sara llegó de Venezuela a los 17 años para poder estudiar en un país con el que, según asegura, "siempre había planeado su futuro". Al no darle la nota por dos décimas para Medicina, la actual médica decidió matricularse en Nutrición como alternativa, terminando la primera de su promoción. Pero, en su cabeza, enfundarse la bata blanca se había convertido en mucho más que un sueño, casi en un mantra. "Seguí intentando entrar en la carrera hasta que lo conseguí por la vía de los titulados", señala. Hoy, ya graduada y con su hijo Máximo, se prepara para el MIR mientras compagina el estudio con la maternidad. "Me gustaría dedicarme algún día a la Pediatría, y especialmente a la Cirugía Pediátrica", comenta la venezolana, que tras haber conseguido su sueño tampoco quiere cerrarse a nada.
Emigrar para poder ser médica
Si algo siempre tuvo claro Sara desde pequeña es que quería estudiar Medicina. Soñaba con formarse en la prestigiosa Universidad de Los Andes (ULA). Pero España también estaba presente en sus planes desde niña. "Mi hermano mayor vivía en Mallorca y yo había pasado muchos veranos allí", relata. Sin embargo, cuando llegó a la adolescencia, la situación de Venezuela comenzó a complicar sus planes de futuro. "Se había politizado mucho el acceso a la universidad pública", afirma Sara, que vio cómo la meritocracia ya no garantizaba estudiar una carrera. "Solo podías hacerlo si tenías dinero o apoyabas de alguna manera al Gobierno", señala. La otra opción que le dieron fue presentarse a una serie de pruebas de acceso, en un proceso que podría llegar hasta los tres años por los retrasos burocráticos. Reconoce que, en ese momento, se llegó incluso a cuestionar "si ir o no a la universidad".
No obstante, sus padres le dieron la oportunidad de marcharse a España. Preparó por su cuenta el acceso a la PAU, pero la primera vez no salió como esperaba. "Me quedé a solo dos décimas de entrar en Medicina en la Universidad de Granada", comenta Sara. Ante el miedo de "sentir que había perdido un año", y teniendo en cuenta los requisitos para la residencia como estudiante extranjera, Sara se matriculó en Nutrición.
Pero lo que comenzó como un plan B terminó por enamorarla. Durante la carrera descubrió una perspectiva de la salud centrada en la prevención y los estilos de vida, mientras mantenía intacta su intención de convertirse en médica. "Yo seguía con mi meta de 'sí, yo quiero ser médico', pero sentía que me daba un plus, que me permitía verlo desde muchas perspectivas", cuenta. Su esfuerzo tuvo además un reconocimiento académico, ya que terminó primera de su promoción.
No obstante, su sueño de estudiar Medicina seguía como un reto pendiente. Volvió a intentarlo y consiguió plaza en Málaga, aunque finalmente decidió no trasladarse por el coste económico que supondría para sus padres, que continuaban viviendo en Venezuela. "Si yo no podía trabajar y todo tenía que ser por parte de ellos, no quería ponerlos a asumir más gastos", explica. Continuó con Nutrición y buscó otras vías de acceso hasta que consiguió entrar por la vía de titulados.
A partir de ese momento, asegura la venezolana, quiso vivir la carrera de una manera diferente. "Participé en asociaciones, fui presidenta de la Academia de Alumnos Internos y también hice actividades vinculadas a la formación médica", detalla.
"Yo seguía con mi meta de 'sí, yo quiero ser médico', pero sentía que me daba un plus, que me permitía verlo desde muchas perspectivas"
Preparar el MIR siendo madre
Sara cuenta cómo también el final de Medicina llegó acompañado de la maternidad, otro de sus grandes sueños. Sara dio a luz a Máximo en febrero, apenas unos meses antes de graduarse, y tuvo que reincorporarse a las rotaciones pocas semanas después. La médica relata cómo el viernes anterior al parto continuó realizando prácticas en un centro de salud. "Yo estaba asustada, la verdad, porque no sabes qué te vas a encontrar en el hospital", reconoce.
Sin embargo, asegura que encontró comprensión por parte de sus tutores y compañeros. "Todos me trataron muy bien y en todo momento buscaron que pudiera conciliar", cuenta. Durante el embarazo intentó escuchar a su cuerpo y adaptar las prácticas a cómo se encontraba en cada momento. Ahora, con la carrera terminada y Máximo en casa, ha aparcado temporalmente su trabajo como nutricionista pediátrica para concentrarse en el siguiente reto: el MIR.
En este sentido, Sara afirma que la organización familiar se ha convertido en una pieza clave. Durante la semana, ella pasa la mayor parte del día con su hijo y aprovecha las noches para estudiar, mientras que los fines de semana su marido se encarga del bebé para que pueda hacer simulacros y corregirlos. "Mi marido es un apoyo gigantesco", destaca. Estudia para la siguiente convocatoria con un objetivo claro. "Me gustaría formarme en Pediatría y, especialmente, en Cirugía Pediátrica", detalla. Aun así, después de todo lo que le ha costado llegar hasta aquí, prefiere mantener abiertas todas las posibilidades. "Al final, soy una enamorada de la Medicina y creo que en cualquier especialidad podría ser feliz", concluye.