Amalia, uróloga y cardióloga.
Repetir el MIR para no tener que irse: "No encontraba trabajo ni en mi provincia"
La crisis de 2008 dejó sin trabajo a una generación de especialistas, entre ellos a Amalia, una gaditana que tuvo que reinventarse y sacarse una segunda especialidad para no tener que marcharse
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Mudarse y vivir lejos de su familia no era una opción para Amalia, quien deseaba poder ejercer como médica en su provincia natal, Cádiz. Pero conseguirlo se convirtió en un periplo de varios años en los que, sin apenas alternativas, tuvo que volver a presentarse al MIR para ampliar sus oportunidades laborales. Completó dos residencias —primero Urología y después Cardiología— impulsada por la falta de empleo que dejó la crisis de 2008.
"Si hubiera tenido trabajo aquí, ya fuera en la pública o en la privada, en un puesto que me hubiera permitido vivir, no se me habría ocurrido volver a hacerlo. Lo hice porque las circunstancias me obligaron", reconoce a Redacción Médica. Pero también afirma que la decisión le ha permitido vivir con la tranquilidad de que "pase lo que pase" siempre va a tener un empleo, además de poder estar cerca de los que más quiere.
La crisis de 2008 obligó a Amalia a repetir el MIR
Cuando Amalia eligió Urología, todo apuntaba a que tendría un futuro laboral más o menos estable. Había apenas medio centenar de plazas MIR en toda España y una generación de especialistas estaba a punto de jubilarse. Además, el servicio donde se formó, en Cádiz, gozaba de un gran prestigio. "Siempre me guiaba por las buenas perspectivas laborales", recuerda. Sin embargo, la crisis económica de 2008 cambió el panorama de la noche a la mañana. "Había menos contratación y desaparecieron muchos contratos de guardias", añade. A ello se sumó el retraso de la jubilación de los adjuntos, dejando en un limbo a aquellos que acaban de terminar la residencia.
De esta forma, la especialista recuerda cómo las oportunidades desaparecieron de un plumazo. "No encontraba trabajo ni siquiera en mi provincia. Las únicas ofertas que recibía eran en Extremadura, Castilla-La Mancha o Castilla y León", detalla. Marcharse, no obstante, no era una opción para ella, por lo que, sin ningún tipo de certidumbre, volvió a prepararse el examen MIR.
Antes de tomar esa decisión intentó abrirse camino por otras vías. Buscó oportunidades en la sanidad privada y aceptó los únicos contratos que encontró: primero como médico de la Comisaría Nacional de Policía de Cádiz y después como médico general. "Recuerdo que fui a apuntarme al paro y, cuando me llamaron, pensé: '¡Qué alegría, ya tengo trabajo!'. Cuando me enteré de que era en la comisaría me decía siempre: 'Pero si yo soy uróloga, ¿Cómo he acabado aquí?'", se preguntaba en aquel momento. Los empleos temporales que no le ofrecían estabilidad terminaron de convencerla de que la mejor alternativa era volver a presentarse y sacarse una segunda especialidad.
"Había menos contratación y desaparecieron muchos contratos de guardias"
Cinco años después, Amalia volvió a ser R1
Cinco años después de haber comenzado su primera residencia, Amalia volvió a sentarse frente a los manuales del MIR. Sin posibilidad de incorporarse a una academia presencial, preparó el examen a distancia mientras realizaba simulacros dos veces por semana. "Lo más difícil fue volver a adquirir la rutina de estudio", reconoce, aunque asegura que el hábito se recupera mucho más rápido de lo que parece.
"Sabía que habían aumentado las plazas y que con el número que sacara algo bueno iba a coger", comenta la médica, que finalmente optó por Cardiología. Un área que siempre le había interesado y que, además, le ofrecía un abanico laboral más amplio frente a Urología. Volver a empezar desde cero como R1 también suponía recuperar el ritmo de las guardias, las sesiones clínicas y los congresos. Pese a convivir con compañeros más jóvenes, Amalia nunca sintió que la diferencia de edad fuera un obstáculo. "En la época de la crisis hubo muchas personas que volvieron a presentarse y hacer otra residencia", recuerda la médica, quien relata cómo, en ese sentido, encontraron apoyo los unos en los otros.
Su familia también respaldó la decisión. "No querían que me fuera", subraya la sanitaria. Con el paso del tiempo, Amalia está convencida de que fue la decisión acertada y anima a quienes se plantean repetir el MIR. "Ese año se pasa enseguida. Parece que es un mundo, pero luego la segunda especialidad se me hizo muy corta", afirma.
La precariedad en la sanidad pública
Tras finalizar la residencia en Cardiología, comenzó a trabajar en la sanidad pública, primero en Urgencias y después como adjunta de Cardiología. Pero, después del esfuerzo y los años de estudio, la estabilidad que tanto esperaba parecía seguir lejos. De nuevo, comenzó a encadenar contratos que se renovaban mes a mes, atendía entre veinte y veinticinco pacientes al día y compaginaba las consultas con guardias de Urgencias los fines de semana. "Vivir así es un sinvivir, porque nunca sabes si al mes siguiente vas a seguir trabajando o vas a estar en el paro", resume.
La incertidumbre terminó materializándose poco antes de la pandemia, cuando fue desplazada de la bolsa de empleo por un profesional con mayor puntuación. Recibió la noticia mientras aún estaba pasando consulta. "Es que no te da tiempo ni de asimilarlo porque tienes que volver a consulta", recuerda. Durante aquellos años, añade, vivía pegada al teléfono porque nunca sabía cuándo llegaría la siguiente llamada para trabajar.
Fue entonces cuando decidió volcarse en la sanidad privada. Amalia, con la mente siempre en seguir formándose, aprovechó el tiempo en el paro para sacarse cuatro másteres y cinco expertos universitarios relacionados con la Cardiología. "Me gusta estudiar y ampliar las posibilidades", explica la médica, que convirtió la incertidumbre laboral en una oportunidad para seguir creciendo profesionalmente.
Hoy compatibiliza la Cardiología y la Urología en varios centros privados, una situación que le permite organizar su agenda con mayor flexibilidad y dedicar más tiempo a cada paciente. Aun así, no renuncia a regresar algún día a la sanidad pública. Lo haría, eso sí, si las condiciones laborales ofrecieran la estabilidad que echó en falta durante sus primeros años como especialista.
"Vivir así es un sinvivir, porque nunca sabes si al mes siguiente vas a seguir trabajando o vas a estar en el paro"
"Elegid lo que os guste": el consejo de Amalia a los futuros MIR
Después de dos especialidades y más de quince años hasta alcanzar una cierta estabilidad laboral, Amalia ahora desconfía de quienes intentan predecir qué especialidades tendrán más futuro. La cardióloga y uróloga recuerda que su promoción eligió Urología convencida de que tendría trabajo asegurado y la realidad terminó siendo muy distinta. "Puede ser al contrario: especialidades que prácticamente no tienen salida, luego puedes tener suerte y acabar con trabajo", reflexiona.
Por eso cree que la decisión no debería basarse únicamente en las perspectivas laborales, sino en la vocación. En su opinión, las necesidades del sistema sanitario cambian con el tiempo y ningún médico puede saber cómo será el mercado cuando termine la residencia. "Lo importante es elegir algo que os guste", concluye.