Imagen de archivo. Cuidados a la Dependencia.

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Servicios Sociales

La atención domiciliaria, un 'salvavidas' para mayores dependientes: "La nueva longevidad no se improvisa"

Expertos y trabajadoras del sector exponen en Redacción Médica las claves para transformar el modelo asistencial

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Maricarmen tenía 87 años y cuatro intentos de desahucio a sus espaldas. Durante los últimos años, la presión inmobiliaria era cada vez mayor y el impacto sobre su salud se hizo evidente. El deterioro fue muy rápido, pasando de ser una persona completamente autónoma a tener que depender de una silla de ruedas; ya le habían reconocido una discapacidad del 50 por ciento. Fue el 23 de septiembre, hace ahora ya más de un mes, cuando Urbagestión, el fondo propietario de la casa en la que llevaba 70 años viviendo, consumó su propósito. Maricarmen salió de su piso a la fuerza y en camilla. En ese momento, la Comunidad de Madrid propuso que se le trasladara a una residencia pública de mayores, pero ella quería morir en casa. Un anhelo que comparten muchas personas mayores dependientes en España, para quienes una atención domiciliaria integral podría garantizar sus cuidados sin necesidad de abandonar su hogar.

El caso de Maricarmen, más allá de la crisis de vivienda

Cinco días después del desahucio de Maricarmen, y tras una ola de protestas masiva, el caso se saldó con un acuerdo histórico: iba a firmar un contrato para poder volver a su casa. Pero ya era tarde; falleció el 7 de octubre en el Hospital Gregorio Marañón. “Una residencia es un recurso de atención y cuidados, no una solución habitacional automática por razón de edad, y nunca puede convertirse en una forma de institucionalización forzosa ante la falta de políticas públicas de vivienda”, explica a Redacción Médica Jesús Norberto Fernández, presidente de la Plataforma de Mayores y Pensionistas.

La vulnerabilidad de Maricarmen obedecía a muchas causas. “Se entrecruzan la vivienda, la salud, la discapacidad, los ingresos, la soledad, la dependencia y la ausencia de apoyos”, dice. Para ella, la pérdida final de su domicilio fue lo que precipitó todo. Fernández insiste en que el desahucio no es solo perder un techo. “Para una persona mayor vulnerable significa perder de forma abrupta sus referencias, sus rutinas, los vínculos con el vecindario y el sentimiento de seguridad construido durante toda una vida. Ese desarraigo forzoso puede generar un estrés intenso, desorientación, angustia y miedo. También puede agravar problemas de salud ya existentes y acelerar el deterioro físico y cognitivo”, añade.

"No es solo una cuestión asistencial, sino un derecho vinculado a la autonomía"

Desde HelpAge International España afirman a este periódico que la mayoría de las personas mayores prefieren ser cuidadas en sus hogares y así preservar el vínculo con su entorno. Las nuevas leyes de Discapacidad y Atención a la Dependencia buscan dejar atrás el modelo asistencialista de los cuidados para impulsar la atención domiciliaria. ”No es solo una cuestión asistencial, sino un derecho vinculado a la autonomía, la dignidad y el proyecto de vida de cada persona”, recuerdan.

Norberto Fernández reconoce que ambos textos suponen un “avance importante”. “Amplía y flexibiliza los apoyos, refuerza la teleasistencia, extiende la ayuda a domicilio al entorno comunitario y prioriza la voluntad y las preferencias de cada persona”, asegura. Eso sí, insiste en que permanecer en el hogar no puede significar que la persona se quede sola o que la responsabilidad recaiga en la familia. “La libertad de elección únicamente es real cuando existen servicios suficientes, atención sanitaria y social coordinada, viviendas accesibles, asistencia personal y profesionales cualificados”, advierte. Por otro lado, se aleja de la falsa disyuntiva entre el domicilio y la residencia. “Necesitamos respuestas diversas, seguras y de calidad, para que cada persona pueda elegir la opción que mejor se ajuste a su trayectoria vital y a sus necesidades”, sentencia.

¿Están los sistemas de cuidados preparados para las necesidades de dependencia?

En ambas organizaciones coinciden en que la atención domiciliaria ha dado grandes pasos en los últimos años. Sin embargo, también advierten que aún queda mucho por hacer. “Existe la necesidad de reforzar los servicios de apoyo domiciliario, mejorar la financiación del sistema y corregir las desigualdades territoriales existentes en el acceso a prestaciones y cuidados. Asimismo, el desarrollo de los servicios domiciliarios sigue siendo insuficiente”, señalan desde HelpAge International.

Mientras, el presidente de la Plataforma de Mayores y Pensionistas sostiene que el reto ahora está en lograr que la atención domiciliaria sea una atención integral. “Hay que reforzar los servicios públicos y de proximidad e incorporar rehabilitación, fisioterapia, apoyo psicológico, productos de apoyo, adaptación de la vivienda, teleasistencia avanzada y acompañamiento a las familias cuidadoras”, defiende. “Por supuesto, también se necesitan suficientes profesionales, cualificados y con condiciones laborales dignas”, agrega.

Vilma Rodríguez es una de esas trabajadoras. Ella es gerocultora y tiene una visión más pesimista sobre la realidad del cambio de modelo asistencial. “En la vida esto apenas se nota. Los servicios no están preparados para este cambio de modelo”, critica. Ella trabaja en Aragón. Aquí, lo más habitual en la ayuda a domicilio son dos horas semanales, un tiempo que considera completamente insuficiente. “No te da tiempo ni para acompañarles a comprar. Si fuesen de cuatro horas para arriba, ya podríamos hacer otro tipo de atención”, asegura.

El envejecimiento demográfico es uno de los grandes retos para España. Las dos entidades defienden que la longevidad “es un éxito”. Eso sí, matizan que no solo basta con vivir más años, sino que hay que hacerlo en mejores condiciones. Para lograrlo, Norberto Fernández llama a reforzar “la Atención Primaria, la prevención de la fragilidad y las caídas, la salud mental y bucodental, la rehabilitación y la detección precoz del deterioro funcional o cognitivo”. Al mismo tiempo, instan a adaptar las viviendas y los entornos, a combatir la soledad no deseada y a garantizar servicios de proximidad. Por su parte, en HelpAge International sitúan los cuidados de larga duración entre sus prioridades. “El envejecimiento de la población incrementará la necesidad de apoyos y hace imprescindible fortalecer los sistemas de cuidados de larga duración, profesionalizar el sector y garantizar condiciones laborales”, apostillan.

Sobre esto, Vilma pone el foco en las grandes necesidades del sector: estabilidad en los contratos, mejores salarios y el cobro de la suspensión de los servicios. “Yo hago unos tres domicilios al día. Si uno me falla porque la persona ha tenido que ir al médico, está enferma o ingresada, ese servicio me lo suspenden. Como lo suspenden, yo ese servicio no lo cobro. Y es difícil que me pongan otro para cubrirlo. Entonces, mi sueldo ya no es el mismo de todos los meses", denuncia.

Las condiciones de los profesionales, la base de un buen sistema de cuidados

Es sobre la mejora de las condiciones del sector desde donde se puede mirar realmente a un cambio de modelo. “Si tuviéramos más horas para atender a cada usuario, podríamos llegar y hacer mucho más. Aparte del acompañamiento y hacer sus cosas en casa, podríamos acompañar también al médico", argumenta. También habla de la importancia de poder caminar con ellos. "Muchos no salen por la dificultad misma y el miedo a caerse. Al final se encierran en sus casas. Con estos servicios podemos mantenerlos el máximo tiempo posible en sus domicilios”, argumenta.

Más allá de esto, la Plataforma de Mayores y Pensionistas reivindica la necesidad de una Estrategia Nacional para la Nueva Longevidad, un plan transversal y con financiación suficiente. Fernández defiende así que, como mínimo, debe integrar sanidad, servicios sociales y la dependencia. En la ecuación entran pensiones suficientes; vivienda accesible; movilidad y urbanismo; prevención de la soledad no deseada; inclusión digital; adaptación al cambio climático; cohesión territorial; participación social y aprovechamiento del talento sénior. Además, en el marco hay algo esencial: “Las personas mayores y sus organizaciones representativas deben participar desde el diseño hasta la evaluación. La nueva longevidad no se improvisa. Se planifica, se financia y se decide con las personas mayores”, concluye.