Hospital Xinhua de Shanghái.

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Internacional

China encubre la muerte de una niña en un polémico ensayo de edición genética

La Universidad Jiao Tong investiga a un hospital de Shanghái que silenció el fallecimiento de la menor durante una terapia de edición genética por la que los padres pagaron 860.000 dólares

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Una de las universidades médicas más prestigiosas de China, la Facultad de Medicina de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, ha abierto una investigación tras conocerse que una niña de seis años falleció el año pasado en un ensayo experimental de edición genética dirigido por uno de sus investigadores, y que ese desenlace nunca llegó a hacerse público. El caso, revelado esta semana por la revista Science y la publicación de control científico Retraction Watch, ha puesto en el centro del debate la falta de transparencia y supervisión ética por parte de las entidades. Todo ello en un sector, el de las terapias celulares y génicas, que en China vive una expansión que no tiene comparación en el mundo.

La menor, identificada bajo el pseudónimo de Mei para proteger la privacidad de su familia, fue tratada en el Hospital Xinhua de Shanghái, centro afiliado a la propia universidad, dentro de un ensayo parcialmente financiado por sus propios padres, que llegaron a pagar 860.000 dólares por el desarrollo del tratamiento. Los progenitores han denunciado que los médicos nunca les advirtieron de que su hija podía morir, y que su esperanza al aceptar el ensayo era corregir un defecto genético causante de retrasos en el desarrollo que temían que la afectara de por vida.

Un tratamiento pionero dirigido directamente al cerebro

El caso, según la investigación conjunta de Science y Retraction Watch, se remonta a finales de marzo de 2025. En ese periodo, un equipo médico dirigido por el neurocientífico Qiu Zilong, del centro cerebral de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, infundió en el líquido cefalorraquídeo de la niña billones de virus modificados portadores de la receta genética de un editor de bases, una variante de la técnica Crispr capaz de corregir letras individuales del ADN. El objetivo era reparar la mutación responsable del trastorno del desarrollo cerebral de Mei, cuya condición, según ha trascendido, no era mortal en sí misma, pero sí podía derivar en discapacidad y problemas médicos graves a lo largo de su vida.

Siete días después de la infusión, la niña murió a causa de una reacción inmunitaria grave provocada por la propia terapia, según reveló la investigación de Science y Retraction Watch. De hecho, un panel de ética del propio Hospital Xinhua que revisó el caso el año pasado concluyó que la muerte estaba "definitivamente relacionada" con el tratamiento, aunque las sanciones impuestas fueron mínimas. El centro pagó una multa de apenas 24.000 yuanes (unos 3.500 dólares) a las autoridades sanitarias locales el pasado mes de septiembre, y Qiu no recibió entonces ninguna sanción pública.

Por otro lado, uno de los aspectos más comprometedores del caso, según los expertos consultados por Science, es que el comité ético que autorizó el ensayo en el Hospital Xinhua no había revisado los datos de seguridad obtenidos previamente en pruebas con primates, que ya apuntaban a posibles problemas. Varios especialistas en terapia génica y bioética que han analizado el caso a posteriori han señalado que el ensayo nunca debería haber avanzado a fase humana, o que como mínimo debería haber recibido un escrutinio mucho más riguroso antes de hacerlo.

Pero esto no fue todo, ya que meses más tarde, el propio Qiu y su equipo publicaron en la revista Nature un artículo sobre estudios preclínicos relacionados con el ensayo. En él se describía la viabilidad de emplear la edición genética para corregir la mutación causante del trastorno de Mei. El artículo, sin embargo, no mencionaba en ningún momento que la técnica se hubiera aplicado ya en un ensayo humano ni que este hubiera terminado con la muerte de la paciente.

La petición de los padres, rechazada por la universidad

Los padres de Mei, indignados por lo que consideran una falta de rendición de cuentas, decidieron finalmente romper su silencio y contar lo ocurrido a Science, solicitando previamente a la universidad una investigación completa y la retractación del artículo publicado en Nature. Su principal temor, según explicaron a la revista, era que el estudio pudiera generar falsas esperanzas en otras familias que atraviesan situaciones similares a la suya. La universidad, sin embargo, rechazó esa petición, según recoge la propia revista científica.

La editora adjunta de Nature, Victoria Aranda, ha confirmado a CNN que la revista está investigando las irregularidades detectadas en el manuscrito, que mantiene contacto con los investigadores implicados y que tomará "las medidas editoriales que correspondan" tras concluir su revisión. Por su parte, Nature ha precisado que no tenía conocimiento de los problemas relacionados con el ensayo clínico en el momento de publicar el artículo del equipo de Qiu.

Un sector en plena expansión, con una supervisión que no da abasto

El caso de Mei ha aterrizado en un momento especialmente delicado para el sector biotecnológico chino, que en los últimos años ha experimentado un crecimiento explosivo en el ámbito de las terapias celulares y génicas. Según un análisis de investigadores chinos publicado en 2025, desde 2015 se han multiplicado los ensayos clínicos impulsados directamente por investigadores para este tipo de terapias. Tanto es así que se han llegado a superar los 30.000 participantes repartidos en más de un millar de ensayos, el doble de personas que las incluidas en ensayos de fármacos experimentales supervisados por un organismo regulador nacional.

Esta modalidad de ensayos "iniciados por el investigador" permite, en la práctica, sortear parte de los controles regulatorios exigidos a los ensayos clínicos convencionales, un vacío normativo que, según los expertos citados por CNN, ha facilitado la proliferación de terapias experimentales de alto riesgo con una supervisión ética muy desigual entre instituciones.

El caso recuerda, por su dimensión y por el debate ético que ha reabierto sobre los límites de la edición genética en humanos, al escándalo protagonizado en 2018 por el científico He Jiankui. Este reconoció haber editado genéticamente a bebés humanos sin las garantías éticas ni científicas necesarias, un caso que en su momento provocó una condena generalizada de la comunidad científica internacional.