Redacción Médica
17 de julio de 2018 | Actualizado: Martes a las 18:45
Lunes, 23 de septiembre de 2013, a las 23:08

La nueva operación a la que se someterá el Rey no es sólo una cuestión de Estado por sus cada vez más evidentes implicaciones políticas. Está siendo también una causa mayor para calibrar la respuesta asistencial de la sanidad privada y, en concreto, la del Grupo Hospitalario Quirón, en cuyos centros se ha operado varias veces el Monarca y vuelve a hacerlo ahora.

Es la cuarta vez que don Juan Carlos es intervenido en su cadera. Hace menos de un año, en noviembre de 2012, le colocaron una prótesis de sustitución para resolver los problemas de desgaste que sufre la articulación como consecuencia de la artrosis. El centro elegido fue un centro de Quirón, el de San José, en Madrid. Esa misma prótesis es ahora la que está infectada.

Se da la circunstancia de que la infección que padece el Rey es altamente infrecuente. De hecho, sólo se da entre el 1 y el 2% de los casos. Los médicos que le atienden no dudaron en calificar de mala suerte el nuevo incidente en la salud del Rey, aunque cabe preguntarse por el origen de la infección en la cadera implantada en el Hospital San José. Sin entrar en el terreno de las especulaciones, como así también lo han reclamado los profesionales médicos, sí hubiera sido de agradecer una mayor rapidez de reflejos en los responsables de Quirón para haber ofrecido a la opinión pública argumentos de peso que disiparan la posible, aunque seguramente improbable, relación de causa efecto entre las condiciones del centro y la infección contraída por el Rey. Por lo menos, la misma rapidez con la que, de un día para otro, y una vez consumada la absorción de los hospitales procedentes de la extinta USP, cambiaron la identidad corporativa de las instalaciones del San José para que no quedara duda alguna de que donde se operaba el Rey era en Quirón. De hecho, hasta emitieron una nota de prensa fulgurante en la que dijeron bien alto y claro que donde se operaba el primero de los españoles era en los hospitales del grupo Quirón.

También es evidente que el argumento de la mala suerte puede servir para la opinión pública general, pero no debe ser, de ninguna manera, un argumento suficiente en el sector sanitario. Sería aconsejable que Quirón se esforzara en explicar por qué, vistos los resultados, un paciente como el Rey no ha podido recibir la atención de calidad y excelencia que distingue al sector privado y que es una de sus ideas fuerza para reivindicar su papel indiscutible en el Sistema Nacional de Salud. Porque es evidente que intervenir dos veces en una misma zona en menos de un año puede denominarse de muchas maneras y hasta puede que tenga una explicación estrictamente clínica pero, sin más detalles, no es posible concluir en que la atención recibida por el Rey en Quirón San José haya sido excelente. Subrayamos: vistos los resultados.

Con todo, la Casa Real insiste en elegir Quirón. Ahora el turno es para el Hospital Universitario, en Pozuelo de Alarcón. También se ha debatido y especulado mucho sobre los motivos de la elección, si el Rey tenía que operarse en España o en el extranjero, si en un centro público o en uno privado. La autoría de la elección no ha sido confirmada. Algunos medios citan a Miguel Cabanela, que dirigirá la intervención, y otros la atribuyen al propio presidente Rajoy e incluso al Príncipe, movilizados ante la posibilidad cierta de que el Rey prefiriera operarse en Estados Unidos y espantados a la vez de que esta posibilidad aumentara los rumores sobre abdicaciones y regencias.

Lo único cierto es que la Casa Real ha justificado su decisión de elegir el Universitario de Quirón sólo por sus medidas de seguridad, lo que aún teniendo todo el sentido del mundo después del también desafortunado paso del Rey por la Clínica La Milagrosa, en el preciso momento en que se incendió su sala de oxigenoterapia, deja un poco en suspenso otras supuestas cualidades del centro. Por tanto, no parece apropiado concluir que Quirón haya vuelto a ser elegido para intervenir al Rey por ser el mejor ejemplo de lo que es y debe seguir siendo la sanidad privada española: confianza, responsabilidad y calidad asistencial.