12 nov 2018 | Actualizado: 18:50
Víctor Aznar Marcén, presidente del Sindicato de Enfermería, Satse
Jue 20 noviembre. 21.53H
En las últimas semanas hemos venido conociendo las distintas partidas presupuestarias que los Gobiernos central y autonómicos destinarán el próximo año para la atención sanitaria de los españoles. Después de varios años de recortes, la práctica totalidad de los responsables sanitarios públicos ha anunciado que volverán a aumentar los recursos económicos para mantener y mejorar, según ellos, nuestro Sistema Nacional de Salud.

Teniendo claro que las cuentas sanitarias de 2015 se encuentran todavía lejos de las de los últimos años antes de la crisis, el hecho de que las diferentes administraciones sanitarias aumenten su inversión en sanidad es ciertamente positivo. No obstante, no debe llevarnos a equívoco. 2015 será todavía un año difícil para el sistema sanitario de nuestro país.

En 2015, el año de la supuesta recuperación de la economía española, como proclaman con énfasis nuestros principales responsables públicos, los usuarios y profesionales del Sistema Nacional de Salud seguiremos pagando aún las consecuencias de una crisis que, se mire o por donde se mire, ha deteriorado notablemente la calidad asistencial.

Será también, sin duda, un momento especialmente decisivo para el futuro de nuestro SNS. Y no se trata sólo de aumentar los recursos económicos para financiar a nuestra sanidad de manera más justa, y en consonancia con la demanda asistencial existente, sino de hacer realidad los cambios necesarios a nivel organizativo y de gestión para que ésta sea más eficaz, resolutiva y, además, resulte más barata.

El futuro no está a la vuelta de la esquina, ya está aquí, y requiere un sistema sanitario, y también de servicios sociales, que den una respuesta satisfactoria a unos ciudadanos cada vez más mayores y con enfermedades que se cronifican en el tiempo. Necesitamos sistemas más eficientes, sostenibles, interrelacionados, participativos y profesionales.

¿Qué podemos y debemos hacer? Resulta imprescindible, por ejemplo, una mejor coordinación entre los niveles asistenciales. Hay que acabar con la desconexión actual entre Primaria y Especializada que nos lleva a una atención fragmentada y más cara.

De igual manera, hay que estás más en contacto y hacer realmente partícipe al paciente de su enfermedad, dándole las herramientas necesarias para propiciar su autocuidado. Ayudarle a gestionar de manera responsable lo que le está pasando y las consecuencias, no solo presentes sino también futuras, que tiene para su salud.

Asimismo, debemos apostar por la prevención y el fomento de hábitos de vida más saludables, evitando así que muchos ciudadanos vayan a los centros hospitalarios cuando ya no queda otro remedio. Recordemos, a modo de ejemplo, que las enfermedades relacionadas con el estilo de vida son la causa del 70 al 80 por ciento de las muertes en los países desarrollados.

También hay que potenciar la evaluación continua de las políticas desarrolladas, y  recurrir a la hora de tomar decisiones al compromiso y experiencia de los profesionales sanitarios, favoreciendo, de igual manera, la participación ciudadana.
Y, por supuesto, tenemos que conectar el sistema de salud con el de servicios sociales. En este sentido, esperemos que la tan demandada estrategia de atención sociosanitaria pueda realmente desarrollar las medidas necesarias que posibiliten la coordinación y comunicación necesaria entre ambos “mundos paralelos”.

En definitiva, además de haber una apuesta económica suficiente desde las distintas administraciones públicas, necesitamos nuevas “reglas del juego” que afronten los problemas presentes y de futuro, así como reformas administrativas y de gestión que aseguren la permanencia del sistema en los próximos años.
 
2015 seguirá siendo un año duro, difícil, pero confiemos en que suponga el inicio de una nueva etapa para la sanidad española. Es el momento del cambio que haga posible que todos cuidemos mejor a nuestro sistema sanitario para que pueda dar una respuesta satisfactoria a las necesidades de unos ciudadanos que, a tenor de las últimas encuestas, siguen viendo a la sanidad como una de sus principales preocupaciones.