En esta época de importantes y profusos cambios nos complace recibir noticias como la presentada recientemente a través de Redacción Médica. Los primeros pasos para la creación de una especialidad en Psicología Clínica de la Infancia y Adolescencia podrían estar a punto de darse, según fuentes cercanas al Ministerio, a partir de septiembre de este mismo año. El presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad de Psicología Clínica, José López Santiago, lo habría confirmado tras las varias reuniones mantenidas con la dirección de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad.

Esta es ya una reivindicación de años de nuestro colectivo en el contexto de una alta presión asistencial ante una demanda social creciente e imposible de satisfacer mediante los medios sanitarios disponibles en la actualidad. Faltan especialistas, recursos y la adecuada formación dirigida a las particularidades de esta población. El colectivo de especialistas de la Salud Mental pública viene reivindicando reiteradamente la necesidad de especialidades infanto-juveniles tanto en Psicología Clínica como en Psiquiatría. Y no faltan motivos.

En los planes integrales de salud mental la atención específica a estos colectivos viene siendo una de las líneas estratégicas más relevantes de los últimos años, sin embargo para su verdadera implantación queda aún mucho camino por recorrer.

Recordemos que por ahora solo existe una especialidad reconocida a través de la vía de formación sanitaria especializada en el ámbito de la psicología, la Psicología Clínica, la cual surge ahora hace veintiún años en palabras de Begoña Olabarría “tras una larga marcha” con el propósito de ampliar la atención biopsicosocial a las personas con problemas de salud mental.

El reconocimiento de ésta, pese a suponer un importantísimo hito, deja sin satisfacer plenamente ciertas áreas de especialización esenciales en nuestra labor como clínicos, como precisamente es la evaluación y el abordaje especializado de determinado tipo de casos en la infancia.


El reconocimiento de ésta especialidad deja sin satisfacer plenamente ciertas áreas de especialización


Pero más que todo, en el caso que nos ocupa, la saturación actual de los servicios sanitarios supone el colapso de todas las unidades desde la línea de atención primaria, en que los especialistas de primer nivel, por lo general pediatras, no pueden hacer frente a esta demanda desbordante dado que carecen de la formación y las herramientas necesarias.

Algo semejante sucede en un segundo nivel con las unidades de salud mental comunitarias, las cuales atienden pacientes de todas las edades. Una vez los niños son derivados, por lo general tampoco en ellas se dispone de los suficientes recursos de tiempo, espacio físico adaptado y formación específica de sus facultativos y resto de personal. La atención a la infancia queda entonces medicalizada en exceso, cuando no directamente olvidada.

Las unidades de salud mental infanto-juveniles, que habitualmente quedan reservadas a casos de especial complejidad, tampoco pueden dar abasto ante el panorama que atravesamos. Otra de las líneas de actuación actuales tiene que ver con el fomento del trabajo intensivo con niños y adolescentes con trastorno mental grave en este tipo de unidades a través de la generalización de unidades de hospitalización parcial (hospitales de día). Esto implica de cara a su efectiva implementación una inversión real de tiempo y recursos profesionales que aún más llama a la creación de las mencionadas especialidades.

Pensemos que actualmente una gran cantidad de niños está siendo derivados en aras de la detección temprana y la prevención de trastornos psicopatológicos. El aumento consiguiente de plazas de formación PIR y de Psicólogos especialistas para paliar el déficit de atención psicológica en nuestro país debería estar entonces en el punto de mira del gobierno.

Uno de cada cinco niños está en riesgo de padecer problemas del desarrollo o alguna psicopatología. La implantación de la red de atención temprana para estos niños también es alarmantemente desigual en el territorio nacional. Con el desarrollo del Estado de las autonomías las competencias en sanidad se fueron transfiriendo y no existe un marco claro para dar respuesta a este problema tan complejo.

Uno de cada cinco niños está en riesgo de padecer problemas del desarrollo o alguna psicopatología



Si algo está claro es que necesitamos aunar esfuerzos y criterios. Recordemos que la salud mental de la infancia y la adolescencia es la salud mental de los adultos el día de mañana. Es un deber inexcusable el realizar una adecuada prevención en este sentido. Hay que poner los medios, y posiblemente la creación de especialidades relacionadas con la atención a esta población es tan sólo el primer paso. La salud de nuestros niños y adolescentes está en juego.

Los datos:


- A los 14 años han surgido ya la mitad de los problemas de salud mental que aparecerán en el curso de la vida.

- En términos de tasas por 100.000 habitantes, se ha incrementado hasta un 25 por ciento entre 2008 y 2013 el número de personas atendidas en unidades de salud mental infanto-juveniles de Andalucía.

- La ratio de psicólogos por paciente en nuestro país es una de las más bajas de Europa, situándose a 16 puntos de la media de la UE. Contamos con tan solo cinco psicólogos por cada 100.000 habitantes.