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Lunes, 01 de abril de 2013, a las 17:41

Por Luis Cayo Pérez Bueno, presidente del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi)

 

Que la discapacidad y su entorno social tomaran masivamente las calles de Madrid, como sucedió el pasado día 2 de diciembre, en un hecho sin precedentes en España ni en el extranjero, no podía agotarse ahí. A pesar del éxito de la marcha, refrendado por la atención y el interés de todos los medios de comunicación del mundo -y no es exageración de parte-, que reunió a casi 100.00 personas en una movilización inédita en nuestra sociedad civil, desde el principio sabíamos que la jornada del 2 de diciembre no era un destino final, sino un punto de partida, un arranque para algo prolongado en el tiempo, de largo aliento y mayor alcance.

La situación de las personas con discapacidad y sus familias, que participan de las pésimas condiciones de vida que soporta la mayor parte de la ciudadanía española en estos tiempos aciagos de crisis, intensificada por la mayor y más aguda vulnerabilidad de partida de este grupo social en términos de derechos, inclusión y bienestar, no podía resolverse en un instante, por obra y gracia de una movilización cívica por “grandiosa” que esta fuera en número, en tono y actitud.

Pero el que la marcha SOS Discapacidad por sí sola no haya resuelto los graves problemas, producto de una acumulación histórica de muchas décadas, exacerbados eso sí por la actual crisis social y económica, a los que se enfrenta el mundo de la discapacidad, no significa que la misma no esté produciendo valiosos resultados. De ahí que hablemos de “larga” marcha, que continuará y proseguirá la iniciada el día 2 de diciembre de 2012.

Por lo pronto, gracias a SOS Discapacidad, hemos ganado en presencia social y en visibilidad política, hemos adelantado puestos en la atención y en la posición de la ocupada agenda de los asuntos públicos. Esto, en el plano exterior. En el interior, ha proporcionado a esta parte de la sociedad civil una dosis vigorizante de confianza en si misma y en sus posibilidades, y nos ha persuadido de que la democracia es un espacio en expansión del que hay que ir  tomando posesión con el ejercicio práctico, pese a quien pese, de una ciudadanía activa y comprometida. Que como personas con discapacidad estamos y contamos, en la vida en comunidad, y que los gobiernos y los poderes políticos y económicos también deben contarnos entre los actores sociales a los que tener muy presentes, por la cuenta que les tiene.