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19 mayo 2022. 08.40H
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Dice Julio Cortázar que “nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”. Después de meditar y escribir varios artículos con mis reflexiones acerca de la situación del Sistema Nacional de Salud y la necesidad de reiniciarlo, hoy me atrevo a proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.

Décadas de mirar hacia otro lado y no querer ver que el modelo nació muerto y no hemos sido capaces de asumir que se está demostrando que necesitamos un profundo cambio, hacen necesario lo que en alguna ocasión ya he mencionado, “parar, pensar y actuar”.

El decreto 3160/1966, de 23 de diciembre, por el que se crea el Estatuto Jurídico del personal médico de la Seguridad Social es un buen punto de partida para llegar a entender a dónde hemos llegado. Ya en este texto se habla de “estatuto” y de ello derivará la condición de “personal estatutario”, esa lacra que llevamos acarreando tantos años y que nos hace “funcionarios especiales” para lo que interesa a la Administración y no para lo que nos interesa a los profesionales. Ya se determina el concepto de “propietario”, “interino, “contratado” y “autorizado”, los antecedentes de los actuales, “fijo”, “interino” y “eventual”.

Esta norma “preconstitucional” era necesario cambiarla para adaptarla al cambio de régimen. Se aprueba la Ley 14/1986 General de Sanidad y la Ley 55/2003, de 16 de diciembre de 2003, del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud y la Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público. Se culminan las trasferencias de Sanidad a las diferentes Comunidades Autónomas en diciembre de 2001, quedando en enero de 2002 bajo la gestión de las diferentes Comunidades la totalidad de lo que fueron las competencias del INSALUD. Con ello, el Sistema Nacional de Salud, queda fragmentado en 17 Sistemas Autonómicos de Salud y un especial que gestiona Ceuta y Melilla, el INGESA.

¿Qué ha pasado en estos años?


Es evidente que cada Comunidad ha creado su propio modelo, marca su territorio, su “hecho diferencial. Eso sí, todos tienen un rasgo común que les asemeja, los graves problemas de gestión de personal, las listas de espera y la infrafinanciación. Llegado a este punto, debemos pararnos y analizar que ha pasado, dónde hemos llegado y qué debemos hacer.

No quiero entrar en las ya endémicas listas de espera que sufren los diferentes Servicios de Salud, tampoco en la infrafinanciación, por otro lado, con importantísimas diferencias entre Comunidades, solo quiero pararme en el problema de la gestión del personal.

Con un desarrollo asimétrico entre las diferentes Comunidades Autónomas, la gestión de personal, siempre al amparo de las leyes anteriormente descritas, ha ocasionado una consecuencia que es común, la “temporalidad”, lo que ahora estamos denominando “abuso de temporalidad”, algo que ha ocasionado hasta la intervención de lo que vulgarmente llamamos “Europa”, que obliga a terminar con este otro mal que campa a sus anchas en nuestro Sistema Sanitario.

Si pensamos mal, ya sabemos eso de “piensa mal y acertarás”, tener tasas de personal no fijo que, dependiendo de las diferentes Comunidades Autónomas oscila entre un 30% y más del 50% de los profesionales, es una situación que no podemos obviar que genera un claro beneficio a las correspondientes consejerías de Hacienda. Pongamos el ejemplo de Madrid. Durante años, muchos años, negaban el abono de los trienios al personal no fijo. Curioso que solo lo hacían en Sanidad, aunque es dónde más trabajadores hay y también dónde más no fijos tenemos. Años de reclamaciones judiciales, sentencias, cientos y cientos de sentencias que condenaban al abono de los trienios, los atrasos de 4 años y las costas. Aún así no pagaban y obligaban a ir a los tribunales. Llegó un momento en el que Hacienda se dio cuenta que era mayor el gasto derivado de las sentencias que reconocer de oficio los trienios y, por fin, decidió abonarlos.


"Tenemos el problema de la falta de oposiciones regulares, cada año o dos años como máximo, generando la acumulación indecente de personal que no puede acceder a la condición de fijo por la falta de convocatorias"



Lo mismo está pasando ahora con la carrera profesional de los no fijos. Se está reproduciendo el mismo fenómeno que con los trienios y, a pesar de sentencias reiteradas, incluso ya del Tribunal Supremo, siguen denegando el pago de la carrera profesional.

Por otra parte, tenemos el problema de la falta de oposiciones regulares, cada año o dos años como máximo, generando la acumulación indecente de personal que no puede acceder a la condición de fijo por la falta de convocatorias. Esta situación es únicamente culpa de una Administración incapaz de poner en marcha la mecánica administrativa que facilite que, lo que es de Ley, se cumpla.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? Pues a mi juicio la respuesta es clara. La Administración se siente cómoda, tiene profesionales trabajando en precario, le cuestan menos, son más dóciles y manejables. Pero se ha estirado tanto la cuerda que ya ha roto, la gente se ha cansado, hay conflictos en algunos Servicios de Salud, la propia Administración central se ha visto obligada a ordenar en la Ley 20/21, de 28 de diciembre, de medidas urgentes para reducir la temporalidad en el empleo público, un mecanismo “excepcional” para acceder a la condición de empleado público por concurso y no por concurso-oposición, algo que ya se hizo en 2001 “por una sola vez y de forma excepcional”, (da un poco de risa pensar en esto), y que 21 años después se reproduce.

Definir qué modelo es adecuado para la Sanidad


De todo esto se desprende algo evidente. El modelo no funciona, no quieren que funcione, y ahora creo que ya hasta los profesionales puede que estén pensando que lo mejor sería un cambio de modelo. Pero aquí está el problema, definir qué modelo es el adecuado para la Sanidad, para los profesionales médicos y facultativos altamente cualificados, que reúnen unas condiciones de formación y responsabilidad que le son características y que se deben tener en cuenta para valorar hacia dónde deberían ir los cambios. Desde luego, el modelo funcionarial, estatutario, incluso el laboral público (este posiblemente menos y por ello un camino a desarrollar), no parecen haber demostrado ser válidos, aunque sigo pensando que, si se mantiene con la introducción del concurso abierto y permanente como método de acceso, se podrían solucionar muchos de los problemas. Termino como empecé: tengamos el valor de decir que esto no funciona y empecemos de nuevo. Como en ocasiones anteriores, ahora es el momento de aportar ideas, entrar en el debate, publicar alternativas, modelos, etc. Sigo pensando que, entre todos, seguro que somos capaces de encontrar una solución.