Según Nathaniel Branden, “El primer paso hacia el cambio es la conciencia. El segundo paso es la aceptación”. Esta frase de un psicoterapeuta se puede aplicar perfectamente para entender el momento que vive un Sistema Nacional de Salud que necesita un cambio profundo, una adaptación a la nueva realidad que vivimos, pasar del siglo XX al actual siglo XXI. Parece evidente que ya somos conscientes de esta necesidad de cambio, aunque muchos no lo admitan, pero ahora es momento para su aceptación.

No puedo pasar sin mencionar los varios artículos que he dedicado en esta misma tribuna de opinión sobre la necesidad de cambiar el Sistema Nacional de Salud. Han sido varios y, en todos ellos, hago referencia a la ineludible necesidad de cambiar un modelo que ya ha quedado caduco, sobrepasado, que ya no responde a las necesidades de pacientes y profesionales.

Creo que esta necesidad de cambio ya ha calado en los responsables de llevarla a cabo, no solo los pacientes y profesionales son conscientes de ello, también los gestores y muchos políticos hacen publica esta necesidad. Lo que si es evidente es que apenas veo propuestas serias y rigurosas de cambio, qué se plantea como futuro y cómo podremos lograr el cambio, qué ventajas e inconvenientes puede tener, en que se basa este cambio, quien y cómo se pilotará, con quien se cuenta para realizarlo, qué papel representarán en el nuevo modelo los diferentes profesionales, quien lo liderará, etc. Me parece que hay mucho miedo a decir la verdad, posiblemente porque los cambios que se producirán no serán del agrado de muchos.

Volviendo al inicio, tenemos claro que hay conciencia de cambio, el cambio ya ha empezado y lo está haciendo sin habernos informado, sin debate, simplemente, está cambiando y los hechos lo demuestran. Ya nadie puede dudar que el modelo que se basaba en una Atención Primaria fuerte ya ha cambiado, este nivel asistencial ya no es que agonice, es que definitivamente ha muerto. Es evidente que es una realidad que la Atención Primaria está quedando para hacer trámites burocráticos que ningún otro quiere hacer, está para dirigir el tráfico de pacientes al correspondiente especialista hospitalario, para “hacer que se hace”.

Son muchas las verdades que ya se conocen y, tristemente, se aceptan. Lista de espera para ver a tu médico de familia o pediatra, perdida de “longitudinalidad”, centros de salud sin médicos o bajo mínimos, cientos de miles de pacientes sin médico asignado, urgencias extrahospitalarias sin médicos, dificultad para cubrir todas las plazas de formación de médicos de familia, cierta normalización y asunción del “mal menor” que es ver médicos sin especialidad cubriendo plazas de especialistas en medicina de familia o muchos de estos haciendo lo propio con las de pediatría. Lo último que he visto es que se planteen una reducción de los 4 años de especialidad a 3, y ya veremos si no es el inicio de una vuelta al modelo de licenciado, ahora graduado, igual a médico general con licencia para ejercer como médico de familia, algo que ya se está haciendo y que corremos el riesgo de extenderlo.

Pero también estamos viendo y aceptando que en los hospitales las cosas están cambiando. Se busca la “excelencia”, se busca deslumbrar, lo que se quiere y fomenta es disponer de lo último en tecnología, dotar a los hospitales de técnicas y equipos deslumbrantes, esos que tanto gustan al gestor/político y que permite hacer noticia y electoralismo con grandes inauguraciones. Se ha tirado la toalla con la gestión de listas de espera, da lo mismo que millones de pacientes esperen tiempos indecentes para acceder a una consulta, una prueba complementaria o una intervención quirúrgica, total si cuando llegue el momento se verán encantados porque le operan con un robot Da Vinci, le aplican el más reciente tratamiento con anticuerpo monoclonal o terapia con células CAR-T. Todo está en constante cambio, ya somos conscientes de ello y lo hemos aceptado.


"Se ha creado conciencia y se acepta un cambio de modelo sin haber debatido abiertamente, se cambia todo poco a poco, por la puerta de atrás, por la fuerza de los hechos"



Y, por último, estamos en el inicio de un camino al futuro cercano, en algunas cosas ya es actualidad, un futuro/presente que pasa por la introducción de la Inteligencia Artificial aplicada a la medicina. ¿Cuántos médicos de familia pueden ser sustituidos por la Inteligencia Artificial? Parece imposible que esto sea así, pero la conversión del tradicional médico de familia, ese médico cercano que te atendía a lo largo de tu vida, que te dedicaba tiempo, te exploraba, diagnosticaba y trataba, en un mero encargado de tramites burocráticos y derivador a hospital, hace posible que potentes máquinas, más inauguraciones electoralistas, con programas de Inteligencia Artificial cada día más completos, por supuesto también “inaugurables” y “concursables” (recordemos que los concursos públicos también tienen su picaresca/corrupción asociada para beneficio de quien ya sabemos), posibilitan que esto sea una realidad más o menos cercana. Y no creamos que esto de la Inteligencia Artificial hará que cada día necesitemos menos médicos de familia o pediatras, es que nadie debe extrañarse si un día muy cercano vemos que se llega al servicio de urgencias del hospital y el triage de urgencias ya no lo hace una enfermera, será un máquina la que clasifique al paciente y derive a dónde entienda necesario la máquina “triadora”.

Pero hay más. Veo especialidades médicas hospitalarias sometidas a la Inteligencia Artificial, algunas de ellas, basadas en imágenes, como las de radiología, dermatología o anatomía patológica, seriamente comprometidas, no con su plena desaparición, pero si muy reducidas a especialistas que validen el diagnóstico que la correspondiente máquina emita tras comparación con un banco de imágenes de millones de muestras. Por cierto, especialistas que pueden radicar en aquellas partes del mundo en las que sus costes salariales sean muy inferiores, no olvidemos a la velocidad que viajan los archivos con imágenes.

En definitiva, se ha creado conciencia y se acepta un cambio de modelo sin haber debatido abiertamente, se cambia todo poco a poco, por la puerta de atrás, por la fuerza de los hechos. Nos enfrentamos a un nuevo modelo de SNS, un modelo que, compartiendo la necesidad de cambio, no admito como válido, máxime cuando se está imponiendo sin dialogo, sin debate, sin valoración de sus pros y contras, se introduce sin contar con profesionales y pacientes, sin consenso alguno, simplemente por la fuerza de los hechos.