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03 agosto 2022. 13.15H
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Han pasado tres semanas desde que nos sobresaltó la noticia que nadie quiere recibir jamás y todavía sigo sin asimilarla del todo. Íñigo Lapetra, el director de Comunicación del Consejo General de Enfermería, nos dejó de forma repentina y prematura. Me cuesta escribir sobre su figura, pero a la vez es de justicia evocar su recuerdo y su legado. Quien le trató personalmente sabe de sobra la valía humana, el carisma y la capacidad de este enfermero de corazón, periodista de vocación y abogado de formación.

A lo largo de las dos décadas en las que Íñigo estuvo al frente del departamento de Comunicación del Consejo General de Enfermería de España, la presencia de la profesión enfermera en los medios de comunicación creció de forma exponencial. Partíamos de una comunicación reactiva, esperando que un periodista quisiera escribir un tema relacionado con nuestro trabajo o conocer la postura de la institución sobre un asunto de actualidad sanitaria. Inquieto por naturaleza, Íñigo siempre llevó mal lo de esperar sentado. Sabía que debía hacer atractiva la enfermería a los ojos de la Prensa, que el Consejo General debía “mojarse” en asuntos espinosos y ser ágiles en la respuesta. Poco a poco apostó por profesionalizar su equipo, huyendo de la imagen del gabinete de prensa lánguido y afuncionariado, en general lento de reflejos, para diseñar una redacción digital y con experiencia para la que no existen ni festivos ni los horarios fijos. Un espejo de los redactores de los medios, que piden lo imposible para ayer. Y a veces Íñigo obraba ese pequeño milagro.


"Las dos décadas en las que Íñigo estuvo al frente del departamento de Comunicación del Consejo General de Enfermería de España, la presencia de la profesión enfermera en los medios de comunicación creció de forma exponencial"



Su trabajo en el ámbito de la comunicación ha dado sus frutos, aunque en algunos momentos vivió crisis a las que no sabrían enfrentarse muchos directores de Comunicación, y lo hizo sin perder la sonrisa o descargar tensión sobre otro que no fuera él mismo. Como decía, ya no los medios generales, incluso para los medios especializados en salud y sanidad las enfermeras no eran una fuente informativa de primer orden. Desconocían el potencial científico, su liderazgo en gestión o su verdadero rol vertebrador del sistema sanitario. Por ejemplo, no pocos informadores eran reacios a la prescripción enfermera hace unos años. Sin embargo, el acercamiento, el trasladarles argumentos de peso, estar abiertos a cualquier entrevista o consulta ha permitido que se publiquen con normalidad los avances en este campo. Y todo pese a las piedras en el camino que ponen algunos nostálgicos de una época caduca para frenar una normativa clave en la salud de los españoles. Es sólo un ejemplo de tantos. Sé que lo reconoce la profesión periodística y también todos los colectivos enfermeros -sociedades científicas, el mundo universitario, los sindicatos...- que se beneficiaron de la ola informativa que generó Íñigo Lapetra y a la que luego otros han contribuido, por supuesto.

Hablaría de su obsesión por las fotos, de su atrevimiento, de sus ganas de disfrutar la vida y de cómo le vamos a echar de menos, pero quiero emplear las últimas líneas en hablar de un regalo inmaterial que nos hizo nuestro querido compañero, “Allí estaré”, un himno enfermero que perdurará en el tiempo y que él consideraba su cuarto hijo. La familia enfermera está orgullosa de ti, Íñigo Lapetra. Nunca te olvidaremos.