18 nov 2018 | Actualizado: 13:10
Pedro Alsina, farmacéutico
Dom 02 septiembre. 14.20H
El objetivo de esta reflexión es aportar argumentos basados en experiencias de otros países sobre el papel que puede jugar el farmacéutico en la vacunación.

Hay dos caminos para llegar a debatir sobre este punto:

● Considerando que es una evolución de los servicios que desde la farmacia comunitaria pueden prestarse a los pacientes y al Sistema Nacional de Salud. El farmacéutico tiene un gran potencial todavía por desarrollar en materia de Atención Primaria, Promoción de la Salud y Prevención.

● Planteándolo como una oportunidad que se ha visto corroborada con experiencias diversas en otros países y con resultados en salud muy favorables. Estas iniciativas  van desde la educación y promoción de los programas de vacunación, hasta la administración de la inmunización propiamente dicha.

Mi opinión personal es que este último debería ser el enfoque adecuado de la cuestión basándonos en lo que ya se ha hecho en los países de nuestro entorno.

Es cierto que en la mayoría de farmacias en España ya se venía ejerciendo el consejo farmacéutico en materia de vacunación, pero de lo que se trata es de hacerlo con más garantías basándonos en la formación, capacitación y acreditación y eso requiere una buena coordinación con el resto de profesionales y las autoridades sanitarias.

La oficina de farmacia es un establecimiento sanitario privado de interés público y el más accesible y cercano a la población. La figura del farmacéutico es una de las que genera más confianza por su cercanía al paciente.

La farmacia comunitaria ha ido incrementando sus funciones más allá de la dispensación y elaboración de medicamentos enfocándose en servicios centrados en el paciente, como por ejemplo la asistencia a pacientes que toman nuevos medicamentos acompañándoles para mejorar la adherencia los primeros días de la toma de la medicación. También el abordaje integral del paciente oncológico, el seguimiento de la cronicidad, el servicio personalizado de la dosificación, el control de parámetros biológicos, etc.

El Consejo General y los Colegios Oficiales de Farmacéuticos asumen como uno de sus objetivos fundamentales la promoción de la salud y la educación sanitaria a la población. Por otro lado el conocimiento científico del farmacéutico unido a esa cercanía al paciente, hacen que la farmacia comunitaria sea un eslabón imprescindible en la educación y consejo en materia de vacunación. Hay más de 50.000 farmacéuticos prestando sus servicios en las aproximadamente 22.000 farmacias comunitarias que hay en España.

¿Hay alguna razón para no usar más y mejor a este ejército de potenciales embajadores de la vacunación y que se sumen a la labor de médicos y enfermeras? No se me ocurre ninguna.

No obstante, después de incrementar su papel educando, informando y dando consejo, la evolución natural, como ya ha ocurrido en otros países (Canadá, Irlanda, Portugal, Estados Unidos, Reino Unido, Suiza etc.) sería la de acabar administrando la propia vacuna.

Vamos a ver a continuación cómo se ha llegado en otros países a implantar iniciativas en esta dirección, aunque conviene aclarar aquí que las situaciones de partida eran en algunos casos muy distintas a las de España. El objetivo fundamental en cuanto a lo que es el consejo, educación y promoción son los programas de vacunación, que incluyen también la vacunación pediátrica. Si bien es cierto que también se extiende a las vacunas que no están en calendario pero sí disponibles en la farmacia. En este aspecto nuestra situación es mejor que la de otros países debido a las altas tasas de vacunación infantil.

Sin embargo, en la vacunación del adulto es donde podemos equipararnos con nuestro entorno y es para mejorar las tasas de vacunación en este ámbito donde se identifica como una buena oportunidad la administración de la vacuna por parte del farmacéutico.

En la mayor parte de los países europeos las coberturas de vacunación antigripal por ejemplo,  están por debajo del objetivo del 75% fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los individuos mayores de 65 años y esto conlleva consecuencias negativas con un alto impacto socioeconómico.

Los farmacéuticos han visto crecer en los últimos años su participación en los programas de vacunación coordinándose en las funciones de promoción y educación con el resto de profesionales sanitarios como una propuesta más para mejorar las coberturas de vacunación. Pero la experiencia en otros países ha ido un poco más lejos llegando hasta la administración de vacunas, fundamentalmente frente a la gripe y casi siempre centrada en los adultos.

Estas experiencias han demostrado ser efectivas y su éxito se basa en la proximidad y la accesibilidad al paciente así como en la variedad de servicios que puede ofrecer la farmacia comunitaria:

- Promoción de las campañas de vacunación informando sobre los beneficios de las mismas, sobre la duración de las campañas y sobre los puntos donde pueden acudir a vacunarse. Así como resolver cualquier tipo de duda.

- Información sobre los calendarios de vacunación, fundamentalmente del adulto ya que la vacunación pediátrica en España tiene una muy buena aceptación por parte de la población, no solo por el compromiso de las Autoridades Sanitarias sino también y fundamentalmente por los profesionales de Pediatría y Enfermería.

- El último paso es la administración de la vacuna en la farmacia comunitaria. En algunos países son los propios farmacéuticos quienes después de la formación, capacitación y acreditación necesarias proceden a realizar la vacunación. Su función no acaba aquí, deben reportar cualquier efecto adverso que se produzca, gestionarlo y por supuesto, notificar el acto para que se refleje en los registros centrales. Este es el caso de países como Estados Unidos, Canadá, Australia, Dinamarca, Francia, Irlanda, Malta, Portugal, Suiza y Reino Unido.

- En otros países como Finlandia, Italia, Holanda, Noruega y Suecia existe una fórmula mixta en la que la farmacia comunitaria ofrece el soporte material y logístico mientras que la administración corre a cargo de personal médico o de enfermería.

En la Unión Europea esto ha surgido como una necesidad debido a la caída de las tasas de vacunación y como un avance más para estar mejor preparados en caso de una pandemia gripal.

En un trabajo realizado por Dorothea Dalig (The role of farmacists in vaccination) cuya lectura es altamente recomendable y cuyo enlace adjunto, se recogen las experiencias realizadas en diferentes países y el impacto que han tenido en las campañas de vacunación.

https://drive.google.com/file/d/0B8MZ-y9cXM2HNGMxcEd1Y0RLd0J5OGpRN3lLb2RycVM4T2pZ/view

En este informe se pone de manifiesto que el primer desafío a superar ha sido la adaptación o la modificación de las legislaciones vigentes habilitando al farmacéutico para administrar la vacunación.

También ha habido que establecer una preparación y capacitación adecuada que incluyen formación continuada y cursos en algunos casos bienales (Reino Unido) y en otros se ha incluido en la formación curricular de las facultades de Farmacia (Francia y Suiza).

Un punto importante es el establecimiento de los requisitos para poder llevarlo a cabo en una farmacia comunitaria:

- Es crucial asegurar un “espacio” adecuado y que respete la privacidad del paciente durante la administración.

- Disponer del material y la preparación necesaria para hacer frente a una potencial reacción adversa, como sería el caso de la epinefrina en caso de anafilaxia.

Está claro que no todas las farmacias comunitarias cumplen los requisitos para poder desarrollar esta nueva función ni todos los farmacéuticos tendrían la voluntad para hacerlo.

El modelo no es homogéneo en todos los países, pero en general se precisa una prescripción del médico o un volante de la autoridad sanitaria para proceder a la administración.

Los cambios legislativos llevados a cabo han requerido del consenso, el compromiso y la generosidad de todas las profesiones sanitarias y cómo no, de las autoridades sanitarias. 

Como era previsible, hubo cierta reticencia inicial por parte de los representantes de las profesiones sanitarias que se ha visto superada gracias a los resultados obtenidos con la nueva medida.

Esto es extremadamente importante porque ha sido motivo de retraso en la implementación en algunos países porque algunas asociaciones profesionales interpretaban que era intrusismo profesional. No se trata de delimitar responsabilidades en función de una titulación, se trata de sumar y de ser más eficientes para mejorar las coberturas y por tanto los resultados en salud. No vale decir “esta responsabilidad es mía” y mientras seguir con coberturas paupérrimas, como entre los grupos de riesgo de gripe por debajo de los 65 años, por citar un ejemplo. Es obvio que tasas alrededor del 20% en diabéticos, cardiópatas etc. son poco deseables y hay que hacer propuestas que reviertan esta situación. Para obtener mejores resultados habrá que hacer cosas diferentes.

El hallazgo más importante de este trabajo es que en los países donde ha vacunado el farmacéutico no ha habido una disminución del número de individuos inmunizados por los otros profesionales sanitarios. Esto pone de manifiesto el beneficio adicional de esta medida y corrobora que es una parte de la solución para incrementar las coberturas ya que es capaz de captar pacientes que no lo eran con anterioridad.

Sin olvidar que el objetivo fundamental es mejorar las coberturas de vacunación en el adulto, se hace absolutamente necesario implementar acciones dirigidas a este fin y al de contrarrestar la creciente corriente de escepticismo frente a la vacunación.

En este trabajo cabe destacar también la llamada a la responsabilidad de todos los profesionales sanitarios que deben aunar esfuerzos para mejorar la salud de sus pacientes y facilitarles el acceso a la vacunación.

Éste es el norte que debe guiar a todas las profesiones sanitarias implicadas en un Sistema Nacional de Salud en el que no nos cansamos de decir que el paciente es su centro, demostrémoslo.