Jueves de un mes impar y estas comiendo a toda velocidad porque la guardia comienza en media hora y has salido tarde de la consulta. Anamnesis al primer paciente aun medio aturdido. En la sala de espera 40 personas y el ritmo es infernal. Griterío, quejas y malas caras. Paciente quejándose del tiempo de espera. Enfermos en el pasillo esperando. Llamada al laboratorio porque la analítica no sale. Petición  de prueba de imagen. Dos residentes discuten por teléfono. El enfermero discute con una paciente. Aún queda media guardia y estás tan saturado que necesitas salir a la calle pero no lo haces porque alguien espera un alta, o una noticia o un tratamiento. Son las 22:30 y cenas en media hora sintiendo una culpabilidad sin sentido; tienes derecho a descansar pero hay una mancha negra en tu cerebro que no te lo permite.

A las doce de la noche hay tanta gente esperando como al inicio de la guardia. De madrugada no recuerdas si el paciente es alérgico a la amoxicilina o al ácido acetil salicílico. Una señora te mira con cara de incredulidad y desconfianza cuando le pides que te repita por tercera vez a qué hora ha empezado a notar la pérdida de visión. De madrugada tienes la desagradable sensación de no estar haciendo bien tu trabajo. Al llegar a casa no te interesa la economía del país, las hambrunas o los desastres naturales. Necesitas silencio. Duermes toda la mañana y por la tarde estás tan agotado que no puedes hacer gran cosa. El día termina y tienes que descansar porque mañana tienes nueva guardia; no de diecisiete horas, esta vez de veinticuatro.

Cualquier persona que haya sido residente nota una punzada en el abdomen cuando lee esto y a la vez vienen a su cabeza la ansiedad por haberlo vivido y alivio por no tener que repetirlo.


¿Cuáles son las causas?


Existen motivos económicos. Las guardias de 17 o 24 horas son más baratas que un sistema por turnos entre otras cosas porque necesitas menos personal. Un sistema por turnos significa un aumento de las partidas presupuestarias. A corto plazo necesitas más contratación de médicos y a largo plazo aumentar el número de plazas MIR. Esgrimir la falta de dinero para perpetuar el modelo actual de guardias resulta irónico teniendo en cuenta en qué se gasta. No existe el concepto de ahorro cuando se trata de la seguridad de los pacientes.

Históricamente el gremio médico es por definición individualista y disgregado. En contraposición a las plantillas de enfermería, auxiliares o celadores fuertes y unidos, nosotros vamos cada uno a lo nuestro. Adjuntos y residentes. Residentes de familia, cardiología o reumatología. Adjuntos de C. General o Urología. Médicas o quirúrgicas. Cada uno mirando su ombligo. Nuestros compañeros son mucho más inteligentes y cuidadosos con su bienestar laboral; aupados por sindicatos grandes y potentes que reclaman mejoras constantes a base de negociación. Si algo es injusto, es injusto para todos y todos van a una. Los sindicatos médicos son meros figurantes que decepcionan cada vez que se exigen mejoras en las condiciones laborales. La deuda que los sindicatos médicos tienen con los residentes es a día de hoy tan grande como el rechazo que generan.

Entretejido en las generaciones médicas anteriores hay una fuerte idea de orgullo al haber pasado durante sus periodos formativos por auténticos calvarios. Médicos adjuntos que trasmiten a sus residentes la idea estúpida de que la residencia es un lugar donde hay que pasarlo mal y que esto acaba por "curtirte". Aunque esta figura sigue representada en todos los hospitales, su mensaje ha perdido importancia y cada vez más personas son conscientes del cambio de paradigma: la residencia es un periodo de formación y no de sufrimiento.

Sin embargo, es el desconocimiento de la sociedad la causa más relevante de la existencia de este tipo de guardias. En multitud de ocasiones durante una guardia algún paciente al recibir el alta me ha preguntado: ¿Acabas pronto? Y respondo divertido: No, aun quedan ocho horas de guardia. Pero, ¿desde qué hora llevas aquí? Desde las nueve de la mañana. La cara de los pacientes después de esta conversación es de estupor y miedo. El diseño de la medicina de Urgencias esta basado en algoritmos; estandarizar un proceso diagnóstico es establecer filtros para evitar los errores médicos. Esto tiene dos razones: una es que la Medicina contemporánea es defensiva y la otra por seguridad del paciente. Después de doce horas trabajando los algoritmos dejan de ser efectivos y los errores se multiplican. Si la sociedad fuese testigo de lo que ocurre entre bambalinas el sistema de guardias médicas actuales quebraría al momento.


¿Cuáles son las consecuencias?


A nivel personal, médicos quemados y agotados y sin ilusión por la práctica de la medicina que hacen su trabajo en Urgencias de una manera parecida a la de un robot. Los hospitales son cadenas de montaje; los pacientes no tienen nombre, son números o diagnósticos y después de seis o siete guardias mensuales solo quieres dar altas o tramitar ingresos. Cuando era estudiante no podía comprender actitudes que veía en los médicos y rechazaba la idea de que aquello pudiese pasarme a mi y a pesar de ello me ha pasado. Sentir que los pacientes son enemigos es tan frecuente como triste.

La otra de las consecuencias atenta directamente contra uno de los principios de la bioética: no maleficencia. El sistema actual de guardias pone en peligro de forma reiterada la seguridad del paciente y es esta consecuencia la más importante para cualquier médico. ¿Es seguro que un residente de C. General opere a un paciente con apendicitis tras una guardia en la que ha dormido dos horas?. ¿Es seguro que un médico de la Urgencia valore un electrocardiograma dudoso a las seis de la mañana? ¿y un déficit neurológico?. ¿Es seguro que una pediatra valore a un recién nacido después de haber atendido a cuarenta pacientes?. Es tan peligroso que nadie en su sano juicio vería esto como algo normal.

Para terminar, quiero dejar tres premisas claras. La primera es que el sistema de guardias se mantiene gracias al estoicismo de residentes y adjuntos. Un sacrificio continuo, tanto mental como físico, basado en la premisa de que los pacientes están antes que cualquier traba administrativa. La segunda es que la solución, entre muchas otras cosas, pasa por un sistema basado en turnos de máximo doce horas con libranza garantizada y la contratación de más personal. Y la tercera, indispensable para que la segunda se cumpla, es que el cambio de modelo pasa por desplazar al médico del foco sanitario y colocar a los pacientes en su lugar.

Por el bien de todos.