Rafael Matesanz, fundador y exdirector de la Organización Nacional de Trasplantes
Mié 27 marzo de 2019. 13.45H
Crónicas desde el Ampurdán
La situación de los enfermos en Venezuela es fácilmente imaginable viendo las dificultades diarias que afectan a este país con gravísimas carencias de todo tipo, pero cuando se produce algún acontecimiento que fija la atención sobre los hechos que están sucediendo, es cuando se puede uno dar cuenta de la magnitud del desastre. Recientemente se han producido unas controvertidas declaraciones del general Carlos Rotondaro quien fuera ministro de salud y durante más de 10 años la máxima autoridad del Instituto Venezolano se Seguros Sociales. Un altísimo funcionario en suma del gobierno bolivariano de Maduro, ahora huido a Colombia se supone que en espera de mejores tiempos y que ha tenido durante mucho tiempo las máximas responsabilidades sanitarias del país.

Con independencia de la credibilidad que puedan transmitir los conversos cuando cambian de bando, lo cierto es que los datos aportados a la prensa, que pueden verse en las redes sociales, son apabullantes. Por referirnos de manera específica al grupo de enfermos en diálisis y trasplantes de órganos, que tienen en común el hecho de que su vida 

"La obtención de órganos y trasplante de donante fallecio está suspendida desde mayo de 2017", ha señalado Matesanz


depende de poder recibir un tratamiento adecuado y de alto coste, la situación no puede ser más angustiosa. Se describen no solamente las penurias económicas para adquirir dializadores o inmunosupresores sino la enorme corrupción en el manejo de los fondos, las instrucciones de "guardar" los medicamentos para tratar el rechazo hasta el momento de las elecciones o la simple carencia pura y dura de material de hemodiálisis.

Todo ello condicionó que en el último año fallecieran más de 5000 pacientes renales por una terrible combinación de falta de materiales de diálisis, medicinas, agua potable y últimamente los cortes de suministro eléctrico. Situación aderezada con una progresiva carencia de profesionales masivamente exilados a otros países con mejores perspectivas.

Hace un año, el periódico El Nacional de Caracas publicaba una información con el titular "Donaciones en el país disminuyeron a cero en 2017". La actividad de obtención de órganos y trasplante de donante fallecido está suspendida desde mayo de 2017 en todos los hospitales como consecuencia del deterioro generalizado de los mismos, con graves consecuencias sanitarias de todo tipo pero que en este tema se traduce en cero donaciones. El trasplante de vivo encuentra también grandes dificultades por similares motivos a los que se suma la carencia de medicamentos contra el rechazo, que solo son importados a cuentagotas y de forma irregular como decíamos antes.

A ello se suma la tremenda angustia de los pacientes ya trasplantados hace tiempo, que dependen para seguir viviendo de unos medicamentos que no llegan a las farmacias ni a los hospitales. Sus únicas vías de escape son adquirirlos en el mercado negro a precios abusivos, recurrir a algún familiar emigrado al extranjero o desplazarse puntual o definitivamente a Colombia u otro país del entorno. Tanto la Sociedad Venezolana de Nefrología como la ONTV, la 

La falta de medicación aumenta "el riesgo cierto de pérdida de trasplante por rechazo", ha apuntado Matesanz


organización no gubernamental encargada de la donación y distribución de órganos hasta hace unos años en que el gobierno asumió este papel, han señalado en repetidas ocasiones el riesgo cierto de pérdida del trasplante por rechazo y fallecimiento de los enfermos ante la imposibilidad de garantizar el suministro de inmunosupresores. Carecemos de cifras sobre los trasplantados que han perdido el injerto o han fallecido como consecuencia de la falta de medicación, aunque todo hace pensar que puede ser un número significativo.

En España recibimos desde hace tiempo llamamientos desesperados de venezolanos con lazos familiares con España en estas situaciones y lo propio refieren los responsables de trasplantes de otros países latinoamericanos que observan con impotencia el deterioro de un sistema de trasplantes que en tiempos llegó a ser uno de los más prestigiados de la zona, con centros punteros en Caracas y Maracaibo.

Venezuela fue hasta hace unos años uno de los países más activos en las reuniones y demás actividades de la Red/Consejo Iberoamericano de Donación y Trasplante (RCIDT), un foro presidido por España donde están representados los responsables de trasplantes de todos los países de habla española y portuguesa. Cuando la ONTV quedó relegada a un segundo plano comenzaron a asistir delegados sin ninguna formación en la materia, con aspecto y actitud similares a los de los países del Este en la Europa previa a la caída del muro de Berlín. Después ni eso. Venezuela dejó de estar representada en este y otros foros a diferencia de otros países de los llamados bolivarianos que participan muy activamente. El deterioro de la situación ha ido en paralelo.

Desde luego no es el único lugar del planeta, ni siquiera de Latinoamérica que padece unas circunstancias sanitarias angustiosas, aunque en este caso con la sangrante paradoja de asentar literalmente sobre un lago de petróleo. Y no podemos ni debemos olvidar que se trata de un país hermano que ha acogido una emigración masiva de ciudadanos de comunidades como Canarias o Galicia durante varias generaciones (en este momento hay cerca de 200.000 españoles allí y 100.000 venezolanos en España) y con el que mantenemos una historia en común de varios siglos.