NICOLE HASS, ESPECIALISTA EN PATIENT ADVOCACY & STAKEHOLDER ENGAGEMENT
Mar 10 diciembre de 2019. 13.20H
¿Mente sana?
En los últimos días hemos podido comprobar la conciencia social que evoca el cambio climático. Lo significativo para mí ha sido la alta participación de personas jóvenes, actores sociales que exigen a instituciones, empresas y responsables políticos más cuidado y más responsabilidad. Jóvenes empáticos que se aproximan a proyectos sociales, impulsados por sus valores, con interés en comprenderse mejor a sí mismo y a los otros, con deseos de cambio y capacidad de decisión para comprometerse con un proceso diferente de desarrollo humano.

¿Pero se evidencian la misma implicación respecto a temas relacionadas con la salud o notamos más interés hacia temático más amplios como el cambio de clima y la contaminación?

¿Hemos sabido aprovechar esta oportunidad para explicar y fomentar la interacción entre cambio climático, contaminación y salud?

¿Estamos realmente responsabilizando a la sociedad en la defensa de la salud propia y colectiva y creando mayor conciencia social al respecto?

"La contaminación ambiental causa 10.000 muertes cada año, muertes que son prevenibles y evitables", ha señalado el presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), Carlos Jiménez Ruiz.

La conciencia social consiste en averiguar lo que los demás sienten y padecen. Esto también implica que debemos estar al tanto del mundo que nos rodea:
  • La llegada de sustancias contaminantes al aparato respiratorio actúa directamente sobre la superficie de la mucosa nasal y bronquial y provoca fenómenos inflamatorios.
  • La contaminación del aire afecta especialmente a niños, a personas con patologías preexistentes como asma o EPOC y a personas mayores.
  • Sabemos que los niños que desde el embarazo están expuestos a esta contaminación desarrollan una menor capacidad pulmonar.
Pero los principales contaminantes de nuestro entorno no solo son la actividad industrial, el tráfico sino también el tabaquismo. En España fuman más de 12 millones de personas, hecho que no solo perjudica a la comunidad de los pacientes respiratorios sino también duplica el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares…..y afecta seriamente a nuestro ecosistema.  Curiosamente, el grupo de edad entre 25-34 años registra mayor número de fumadores. Precisamente ese grupo de edad que socialmente está más comprometido con el medio ambiente y otras cuestiones sociales...

Retomo mi reflexión inicial:

Si la toma de conciencia de una problemática hace referencia a la capacidad de determinados individuos, grupos u organizaciones sociales de percibir aquellas realidades que requieren atención, de reflexionar sobre ellas y en algunos casos, de actuar para la transformación de las mismas, ¿no deberíamos sensibilizar a nuestra juventud no solo en cuestiones ecológicos, sino también en una mayor implicación con nuestros pacientes y su entorno?

¿Cuántos saben, p.ej., que el paciente respiratorio tiene carencias físicas, que por incomprensión social e institucional desembocan también en repercusiones importantes sobre el estado mental, al deteriorarse la autoestima, al verse incapaz de luchar contra las instituciones y al mismo tiempo percibir el desconocimiento de su entorno social frente a la enfermedad?

¿Quién es consciente que la, imposibilidad de realizar una vida social normal suele desembocar en una profunda depresión?

El hecho que gran parte de los pacientes y sus familias conviven con el desconocimiento e incertidumbre de la enfermedad, estigma y aislamiento debería ser suficiente motivo para despertar mayor conciencia social en nuestra sociedad hacia el entorno sanitario.

Si queremos avanzar de verdad hoy en día necesitamos tomar más y mejor entendimiento de la realidad y tener un sentido crítico de ella. La toma de conciencia no es una capacidad que se adquiere desde el nacimiento, sino que es una habilidad que se va desarrollando en la medida que se interactúa en los ámbitos internos y externos.

En este sentido las Asociaciones de Pacientes y Familiares constituyen la voz de las personas enfermas y de su entorno ante el sistema sanitario… y ante la sociedad. Son importantes fuentes de información y un espacio de expresión, diálogo, formación y debate para los pacientes y la sociedad. Hacen hincapié en la importancia de proporcionar más información sobre la enfermedad, pero también de promover programas de educación para la salud en todos los ámbitos, de manera que se favorezca un mayor acercamiento a estos colectivos para así satisfacer sus necesidades en el mayor grado posible. Las asociaciones escuchan desde la empatía, acompañan desde la experiencia compartida, asesoran en el autocuidado y suponen un importante apoyo en el ámbito psicológico y ocupacional.

Necesitan de personas jóvenes con esta conciencia social que mencioné anteriormente que ayuden a implementar una actitud preventiva (hábitos saludables) como una constante preocupación por hacer frente a posibles enfermedades y, a ser posible, antes de su manifestación clínica.

Necesitan de personas jóvenes y comprometidas que ayudan a transferir y difundir la conciencia y actitud preventiva, a la sociedad y, a ser posible, crear una actitud sanitaria que presta apoyo emocional, apoyo tangible y apoyo informacional.

Estoy convencida que la participación activa de los jóvenes, sinónimo de cambio social, puede conseguir que la sociedad asuma un nuevo rol de verdaderos protagonistas del sistema sanitario.

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