"¿Cuánto va a durar la cirugía?"
Es, probablemente, la pregunta que más repiten los pacientes en cualquier consulta.
El tiempo quirúrgico interesa a todos: gestores, cirujanos, anestesistas, enfermería y pacientes. Se utiliza como medida de eficiencia, como referencia para comparar resultados y, en muchas ocasiones, como un indicador indirecto de calidad. En la práctica diaria, operar rápido suele asociarse a operar mejor. Sin embargo, los datos no avalan esa asociación tan directa.
En un análisis de más de 450 pacientes sometidos a cirugía torácica robótica, observamos que los procedimientos más largos se asociaban inicialmente a más complicaciones, especialmente fuga aérea. Pero al ajustar por variables clínicas y quirúrgicas, el tiempo dejaba de comportarse como un factor independiente. En realidad, lo que estaba midiendo era la complejidad del caso.
El matiz importa, porque cambia cómo interpretamos la eficiencia. Operar rápido es deseable, pero no puede ser el único criterio de calidad. Hay cirugías que, por su propia naturaleza, requieren más tiempo, y en ellas forzar la velocidad puede ser contraproducente. Dicho esto, ignorar el impacto del tiempo tampoco es realista. Más duración implica más exposición anestésica, mayor desgaste del equipo y una repercusión directa en la organización del quirófano. No trabajamos con un único paciente, sino dentro de un sistema donde la eficiencia también es una responsabilidad.
Desde mi experiencia (intento operar lo más rápido que el caso permite), la clave no está en elegir entre rapidez o lentitud, sino en saber cuándo cada una es necesaria. Un cirujano eficiente no es simplemente el que va rápido, sino el que entiende en qué momentos puede avanzar con fluidez y en cuáles debe detenerse.
Además, hay un elemento menos visible pero determinante: el equipo. El rendimiento de un quirófano depende también de la coordinación y del estado del personal. Equipos sometidos de forma constante a tiempos prolongados o imprevisibles no responden igual ante situaciones complejas. En ese sentido, el tiempo quirúrgico tiene una dimensión organizativa que raramente aparece en los análisis de rendimiento.
Que el tiempo importa, nadie lo discute. La cuestión es si lo estamos interpretando bien.
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