No permite un manejo y gestión de medicamentos peligrosos con todas las garantías



28 may. 2015 12:07H
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Ismael Sánchez. Madrid
Pese a su atraso endémico en un sinfín de materias, España sí acertó a coger el tren de la naciente legislación europea en salud laboral, y de esta inquietud data la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, aprobada hace veinte años. Sin embargo, ni su ejecución ni su desarrollo normativo han cumplido las expectativas de lo que entonces tenía toda la pinta de ser un instrumento jurídico avanzado y capaz de situarnos a la vanguardia de la UE. El resultado de esta aplicación deficiente es una cultura preventiva mejorable, que no permite, por ejemplo, un manejo y gestión de medicamentos peligrosos con todas las garantías.

Pilar Navarro.

La sindicalista Pilar Navarro, que se las sabe casi todas, tiene razón cuando asegura que los profesionales no tienen tiempo para pensar en la seguridad, ni en los riesgos ni en el peligro que a veces conlleva su trabajo. Es la Administración, desde las más altas instancias a las propias gerencias de los centros sanitarios, las que deberían articular los procedimientos y las dinámicas que permitieran un manejo óptimo de los medicamentos peligrosos. No sólo pensando en sus trabajadores, sino también en los propios pacientes.

Con todo, España sí está a la altura de los países de su entorno en niveles de calidad y exigencia en la preparación de quimioterápicos. Y esto es en gran parte gracias a la acción continuada de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, convencida desde hace tiempo de la importancia de los medicamentos peligrosos y de que, por tanto, es necesaria una conveniente actualización de la lista de este tipo de fármacos.

El tema no sólo preocupa a los profesionales sino también a los pacientes, que están cada vez más concernidos sobre la toxicidad a la que pueden estar expuestos. Así, necesitan información sobre evolución de su tratamiento, si representa riesgos para otros aspectos de su salud, más allá del que les obliga a medicarse, y de cómo afecta a su propio entorno familiar, de cuidadores, etc.

La tecnología, tan avanzada y brillante en su aplicación a determinados ámbitos, no parece estar siendo convenientemente aprovechada en salud laboral. Así, los sindicatos mantienen dudas sobre algunos materiales que se utilizan habitualmente y con absoluta despreocupación en los hospitales del Sistema Nacional de Salud. Jeringas, agujas, campanas de flujo laminar son solo algunos ejemplos de productos cuyo impacto sobre la salud de los que los usan no está del todo determinado ni, sobre todo, acotado.

Hay mucho que mejorar, y no solamente en el ámbito normativo, sino empezando por el cumplimiento efectivo de los contenidos de la propia ley. Por ejemplo, en formación, procurando que el profesional que vaya a manejar un medicamento peligroso tenga la debida capacitación técnica. También en la vigilancia de la salud, que no puede reducirse únicamente a un mero reconocimiento médico. Y quizá en elevar el rango de muchos y valiosos documentos elaborados por administraciones, sociedades científicas y sindicatos cuyo principal lastre es que no son de obligado cumplimiento. 

Formación, información, trabajo multidisciplinar, implicación de Administración, profesionales y pacientes llevarían a buen seguro a una mejor gestión de los medicamentos peligrosos, que redundaría en seguir perfilando una cultura preventiva en los centros sanitarios que todavía es, lamentablemente, demasiado difusa.
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