Redacción Médica
17 de julio de 2018 | Actualizado: Martes a las 18:45

Las nuevas directrices de la ESC extenderán el uso de desfibriladores subcutáneos

La crisis ha hecho que su implantación en nuestro país haya sido menor de la esperada

Lunes, 26 de octubre de 2015, a las 15:59
Sandra Melgarejo / Imagen: Miguel Fernández de Vega. Bilbao
La Sociedad Europea de Cardiología (ESC) ha presentado recientemente las nuevas directrices para tratar a pacientes con arritmias ventriculares y para prevenir la muerte súbita cardiaca. La actualización recomienda que se considere la utilización de desfibriladores subcutáneos (S-ICD) como alternativa a los transvenosos en los pacientes en los que esté indicado el desfibrilador automático implantable (DAI) y en los que no se necesite estimulación cardiaca como apoyo para la bradicardia, estimulación antitaquicárdica, ni resincronización cardiaca.

José Luis Zamorano detalla la actualización de las directrices de la ESC sobre arritmias y muerte súbita.

Nicasio Pérez Castellano explica las indicaciones y particularidades del desfibrilador subcutáneo.

 
En el Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) 2015, que se acaba de celebrar en Bilbao, se ha profundizado en estas variaciones. “La novedad es la implantación de desfibriladores subcutáneos, aunque la recomendación todavía es de clase IIa, que quiere decir que la mayoría de los expertos  que han participado en la guía sugieren que este dispositivo es una alternativa en algunos pacientes en base a la evidencia científica disponible”, ha indicado José Luis Zamorano, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y presidente del Comité de Guías Clínicas de la ESC. “Los estudios científicos en los que se basa la recomendación han demostrado solidez en los datos con una potencia estadística suficiente”, ha afirmado.
                                                                           
“El documento recoge que el S-ICD es una buena alternativa para pacientes con indicación de un desfibrilador porque se estima que tienen un riesgo de muerte súbita, pero que no necesitan ciertas funciones que solo tienen los transvenosos, como la estimulación cardiaca para la bradicardia, la estimulación para una terapia de resincronización cardiaca y la estimulación antitaquicárdica”, ha detallado Nicasio Pérez Castellano, cardiólogo de la Unidad de Arritmias del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y presidente electo de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la SEC. Según el especialista, la implantación del desfibrilador subcutáneo es “una técnica sencilla, que tiene su curva de aprendizaje, como todo, pero que, en cualquier caso, es una curva corta”.
 
“En España, el dispositivo está disponible desde 2013, pero ha llegado en una época de restricciones económicas que ha hecho que el uso del S-ICD haya ido creciendo a un ritmo menor de lo esperado. Ahora mismo, solo entre el uno y el dos por ciento de los desfibriladores que se implantan aquí son subcutáneos, mientras que las cifras en Europa son completamente distintas”, ha lamentado Pérez Castellano, quien ha matizado que en España se han implantado algo más de 100, mientras que en toda Europa ya hay cerca de 10.000.
 
En la misma línea, Zamorano ha comentado que “en Europa y en Estados Unidos no es una gran novedad implantar este tipo de dispositivos”, y se ha mostrado “convencido de que en nuestro país acabará haciéndose de una forma muy rutinaria. La guía ya lo recomienda, tenemos estudios y es una alternativa”. También Pérez Castellano sostiene que la actualización de la guía de la ESC favorecerá que se extienda el uso del S-ICD porque “es un aval importante para la práctica clínica habitual”.