El programa formativo hecho por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) ha servido de modelo para el Consejo Nacional de Especialidades



28 ene 2016. 18.09H
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José A. Puglisi. Madrid
Cada vez está más delimitado el perfil del profesional sanitario troncal. Este viernes, la Comisión Permanente del Consejo Nacional de Especialidades de Ciencias de la Salud se reunirá con el Ministerio de Sanidad para presentar el borrador de las competencias genéricas que deberán adquirir todos los sanitarios que sean formados por medio de la troncalidad. Como ha logrado conocer Redacción Médica, se tratan de 12 competencias básicas que están inspiradas en las delimitadas en el programa formativo de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Pilar Garrido, presidenta del Consejo Nacional de Especialidades de Ciencias de la Salud.

La Comisión Permanente, liderada por la expresidenta de la SEOM, Pilar Garrido, cree que los futuros especialistas deberán contar con una base que se levante sobre “valores y actitudes profesionales; comunicación clínica; habilidades clínicas generales; manejo de fármacos; y determinantes de salud y enfermedades y promoción de la salud”. Sin embargo, no son las únicas destrezas imprescindibles para satisfacer las necesidades del sector sanitario, por lo que también se plantea el “manejo de la información clínica; investigación; formación y docencia; trabajo en equipo; gestión clínica y de la calidad; protección; e idiomas”.

La Comisión Permanente del Consejo Nacional de Especialidades considera que estas competencias deberán ser evaluadas, ya sea desde una perspectiva cognitiva así como conductual, por lo que se prevé que se implementen un conjunto de instrumentos que midan la absorción de estas competencias por parte de los profesionales sanitarios. En este sentido, se espera que se siga con la línea propuesta por la SEOM, contemplando cinco métodos de evaluación: exámenes escritos; observación; auditoría de los registros clínicos; libro del residente y portafolio; y feedback 360 grados.

En este sentido, los libros del residente ayudan a medir competencias como los valores y actitudes profesionales; así como con los determinantes de salud y enfermedades; investigación; y docencia. Mientras que el feedback 360 grados ayudaría con, por ejemplo, el manejo de la información clínica. El objetivo es garantizar, en la medida de lo posible, que todos los profesionales adquieran estos conocimientos, indiferentemente del tronco que cursen o la especialidad.

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