La renovación ha descendido entre un 60 y un 75 por ciento en los últimos cinco años



06 nov 2013. 18.30H
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Enrique Pita. Madrid
El incremento de la obsolescencia de la tecnología hospitalaria resta calidad y eficiencia al sistema, según resalta un estudio publicado por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), que además pone de manifiesto que esta realidad “pone en riesgo la seguridad de los pacientes y los profesionales”. Estas conclusiones se refrendan con datos. Así, el estudio asegura que la renovación de la tecnología hospitalaria ha descendido entre un 60 y un 75 por ciento en los últimos cinco años. Pero el problema de la falta de renovación no es solo la suma de años en activo de los equipos, sino que “la ralentización de la renovación tecnológica limita también la adopción de innovaciones que contribuyen a mejoras del proceso asistencial”.

Perfil tecnológico de los equipos instalados en los hospitales españoles. Enero, 2013. Fuente: Fenin.

Según ha explicado a Redacción Médica el presidente del sector de Tecnología y Sistemas de Información Clínica de Fenin, Ignacio López, “el mayor recorte presupuestario en Sanidad ha recaído sobre la parte de inversiones en renovación de la tecnología” porque es el más sencillo de aplicar “y el más fácil de soportar”, ya que hay equipos que pueden demorar su renovación algo de tiempo. Aun así, las consecuencias de sumar años a la actividad de estos equipos es, en esencia, “un deterioro importante de sus capacidades en algunos casos”.

En todo caso, esta obsolescencia no es uniforme en toda la tecnología hospitalaria, aunque sí es significativa en casi todas las ‘familias’. Según se desprende del estudio de Fenin, el 26 por ciento de los sistemas de monitorización llevan en funcionamiento más de una década, y lo mismo ocurre con los equipos de resonancia magnética. Además, el 22 por ciento de los ecógrafos, el 19 por ciento de las salas de intervencionismo y el 17 por ciento de los equipos de tomografía computarizada superan la década de uso. En el lado opuesto, tan solo uno de cada diez equipos de tomografía por emisión de positrones (PET) supera los diez años en funcionamiento, y el 54 por ciento de estos equipos no llega a los cinco años de vida.

Estos datos contrastan de forma significativa con los patrones de edad tecnológica marcados por Cocir (European Coordination Commitee of the Radiological, Electromedical and Healthcare IT Industry) en su publicación ‘Age profile 2009’, en la que se aborda el análisis del estado de obsolescencia de las tecnologías de diagnóstico por imagen en Europa. Así, de acuerdo a lo que se ha llamado ‘reglas de oro de Cocir’, los criterios para la evaluación de equipamiento médico son tres: al menos el 60 por ciento del equipamiento médico tendrá una antigüedad de instalación inferior a cinco años; menos del 30 por ciento tendrá una antigüedad de entre 6 y 10 años y, por último, como máximo el 10 por ciento de la base instalada tendrá una antigüedad superior a diez años. En este sentido, tan solo en el ámbito de la tomografía por emisión de positrones España se acerca a los mínimos marcados por Cocir, y en algunos casos está muy lejos.

Otro de los problemas que acarrea la obsolescencia es el mantenimiento de los equipos, ya de por sí una realidad sensible. En este sentido, la “mayor preocupación” de Fenin es que “a medida que los equipos cumplen años, más requieren un servicio postventa cualificado, y sin embargo, estamos viendo que con la presión financiera y la reducción de costes se está tendiendo a la subcontratación de compañías generalistas para la reparación de equipos sofisticados”. Así, López se pregunta si estas compañías “siguen los protocolos que establecen los fabricantes para la reparación de los equipos”. “En algunos casos nos consta que esto es cuestionable”, ha concluido.

Ignacio López, presidente del sector de Tecnología y Sistemas de Información Clínica de Fenin.

Recomendaciones

Por otra parte, el estudio de Fenin incluye también una serie de recomendaciones o soluciones para abordar este problema. Así, según ha explicado Ignacio López a este periódico, una de las posibilidades es la puesta en marcha de un plan de acción dirigido a actualizar las capacidades del equipamiento ya instalado, “lo que ampliaría su vida útil y aportaría un nivel de funcionalidad mayor”. Abordando esta actualización, que sería posible “con un coste irrelevante o muy bajo en comparación con el coste de compra”, podría conseguirse un rejuvenecimiento de las capacidades de los equipos. El estudio apunta también otras soluciones, como las posibilidades que la tecnología ofrece para transformar algunos procesos asistenciales de modo que se pueda alcanzar una mayor eficiencia en el sistema.

Pero, además, Fenin quiere trasladar a las administraciones que el criterio precio no debe ser el que guíe las adquisiciones. “Hay que centrarse en el valor que la tecnología aporta a todo el proceso y no quedarse en la punta del iceberg, que es el precio”, ha señalado López, que considera que “la variable precio a veces oculta buena parte de las bondades que puede aportar la tecnología”.


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