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Los trucos (no siempre legales) de los MIR para sacar un 'sobresueldo'

Los trucos (no siempre legales) de los MIR para sacar un 'sobresueldo'
José A. Puglisi
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Sábado, 25 de marzo de 2017, a las 20:00
Un MIR acaba de terminar su guardia en un hospital privado. Nada fuera de lo común si no fuera porque, en unas horas, comienza su jornada en el sector público. En los últimos días ha realizado una suplencia que incumple con el contrato firmado al ingresar al modelo de formación sanitaria especializada. La práctica, aunque ilegal, es común entre los futuros especialistas que buscan fórmulas que les permitan incrementar sus ingresos, al mismo tiempo que les permite adquirir más destrezas y competencias dentro de su disciplina.

Las horas dedicadas a la guardia en el sector privado representan un incumplimiento de las cláusulas de su contrato MIR, donde se resumen lo establecido dispuesto en el artículo 20.3 de la Ley 44/2003, de 21 de noviembre de ordenación de las profesiones sanitarias: “Los residentes realizarán el programa formativo de la especialidad con dedicación a tiempo completo. La formación mediante residencia será incompatible con cualquier otra actividad profesional”. No obstante, a través de un sistema de suplencias por horas, que pasa por alto el darse de alta en la Seguridad Social, el residente gana un dinero extra para costear sus gastos.

Una residente durante su jornada.

Desde el Ministerio de Sanidad recuerdan que “la actividad del residente en formación sanitaria especializada, no solo se regula en la Ley Orgánica de Ordenación Profesional Sanitaria, artículo 20, sino también desarrollada en el Real Decreto 1146/2006, que regula la relación laboral especial de formación por el sistema de residencia, por lo que se establece que la actividad formativa del mismo ha de hacerse a tiempo completo y en exclusiva”. En resumen, la administración pública puntualiza a los MIR que “no pueden realizar ningún tipo de actividad laboral ajena a la residencia”.

El contrato firmado por los residentes, por ende, resulta incompatible con la realización de otras actividades profesionales, tanto en el ámbito público como privado. A lo que se suman otras fronteras desde el punto de vista formativo. En concreto, se limita toda actividad académica que coincida con la jornada de trabajo, lo que deja al MIR en un escenario de exclusividad con el Sistema Nacional de Salud (SNS).

PENALIZACIÓN ‘MUY GRAVE’

La normativa es estricta en el caso de los residentes que incumplen con las limitaciones de las incompatibilidades en el modelo de formación especializado. El artículo 72.2. de la Ley 55/2003, de 16 de diciembre, establece con total claridad que “son faltas muy graves: el incumplimiento de las normas sobre incompatibilidades, cuando suponga el mantenimiento de una situación de incompatibilidad”. En este sentido, el MIR podrá estar sometido a un conjunto de sanciones que afectarán su proceso de especialización.


Los MIR pueden recibir entre 50 y 100 euros por cada clase impartida. Al mes, los ingresos 'extras' del residente superan los 500 euros


Al ser considerada una falta “muy grave”, el procedimiento establece la sanción del despido disciplinario, así como ha quedado establecido en la legislación ordinaria en materia laboral. Una medida que conlleva a la pérdida de la condición de médico residente, en línea con lo establecido en el artículo 14.3 del Real Decreto 1146/2006, de 6 de octubre, por el que se regula la relación laboral especial de residencia para la formación de especialistas en Ciencias de la Salud.

Sin embargo, existen algunos caminos aplicados por los residentes que, aunque también incumplen con la normativa, les están permitiendo percibir unos ingresos extras durante su proceso de formación en el Sistema Nacional de Salud (SNS). En concreto, se trata de la docencia en instituciones privadas, un aspecto que desde Sanidad advierten que está vetado por la normativa de la relación laboral del MIR. 

LA VOCACIÓN DOCENTE

La vocación docente de los residentes está bien pagada. Los MIR dan “clases, foros o conferencias que, al no tener una relación contractual, no entran en conflicto de interés con la normativa de la formación especializada y permite ganar un extra mensual”, ha asegurado un residente de Cardiología que prefiere mantener el anonimato a LA REVISTA de Redacción Médica. Un abanico al que suma la escritura de libros o el impartir algún tipo de enseñanza (médica o no) de forma puntual a un grupo o persona individual.

¿Cuánto gana un MIR?
No todos los MIR perciben el mismo salario. Los últimos datos de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) revelan que el archipiélago es la región con la paga más alta, lo que permite a un R1 recibir 13.548 euros netos al año (sin guardias), cantidad que asciende hasta los 17.427 para los más veteranos. Las condiciones laborales más favorables también están presentes en País Vasco, donde los residentes suman un total de 13.548 euros durante su primer año, cifra que sube a los 17.167 euros para un R5.

Los cuatro salarios más bajos se repiten en Madrid, Castilla-La Mancha, Asturias, y La Rioja, donde los MIR  tendrán una paga (sin guardias) de 11.909 euros, mientras que los R2 llegarán a los 12.706 euros, seguidos de los R3 con 13.703 euros, así como los R4 y R5, quienes tendrán una remuneración respectiva de 14.698 y 15.694 euros. En la parte baja de la tabla se suman Extremadura (12.098 para un R1), además de Andalucía, Cataluña, Cantabria, Castilla y León y Extremadura (12.159 euros para un R1).

Aunque la práctica parece rozar los cobros en negro, apunta que todo está dentro del marco legal. “Las empresas que te contratan para impartir una clase entregan una factura al momento de cobrar, donde queda reflejada la retención impositiva que toca. A esto se suma que cada uno de los residentes deberá informarlo en la declaración de la renta, lo que garantiza que todo el proceso está dentro de la legalidad y no afectará la permanencia en la especialidad”,  puntualiza.

Para el futuro cardiólogo, el cumplimiento de la declaración a renta es fundamental. “A una amiga casi se le complica la residencia por olvidar declarar las clases impartidas, cuando el centro donde las había realizado sí lo había notificado ante Hacienda. Ambas versiones no coincidieron y se originó un pequeño problema”, ha recordado.

Aún con las retenciones impositivas, los MIR pueden percibir entre 50 y 100 euros por hora como profesores en una academia, bajo el modelo de colaboración. Una tasa que, al mes, se transforma en unos ingresos extra que suelen superar los 500 euros. Una cifra que las instituciones privadas están dispuestas a pagar a sabiendas de lo establecido en el contrato de los residentes, y argumentando que “hay una situación alegal” en relación a las colaboraciones docentes de los futuros especializas.

A pesar de que residentes y academias buscan la fórmula para aprovechar los vacíos legales, no todos están dispuestos a dejar una tajada a Hacienda, por lo que optan por ingresos en negro. 

JUGANDO CON FUEGO

Las faltas “muy graves” prescriben
La Ley 55/2003, de 16 de diciembre, precisa que las faltas muy graves prescribirán a los cuatro años. La normativa establece que el plazo de prescripción comenzará a contarse desde que la falta se hubiera cometido y se interrumpirá desde la notificación del acuerdo de iniciación del procedimiento disciplinario, volviendo a correr de nuevo si éste estuviera paralizado más de tres meses por causa no imputable al interesado. En el mismo sentido, apuntan que las faltas “graves” prescribirán a los dos años, mientras que las “leves” a los seis meses. 
Una residente del PIR indica a este medio que “la clave está en no darte de alta en la Seguridad Social en los otros empleos ajenos a la formación especializada. No hay otra forma que permita ganar un extra de forma segura”. De ahí que apunte que “muchos son profesores en academias o dan cursos dentro de las facultades, pero evitan darse de alta y perciben sus ingresos en conceptos de Congresos o de colaboraciones”. Incluso, ve una ventana para lograr cubrir guardias en el ámbito privado sin levantar sospechas.

“En muchos casos es factible que, en el sector privado, el residente se dé de alta en la seguridad social. Aunque es arriesgado, al no existir un cruce de datos resulta difícil que sea descubierto y sancionado por parte del Ministerio de Sanidad”, precisa. No obstante, advierte que se trata de una práctica prohibida que es preferible evitar durante el proceso de formación especializada. 

La participación de los residentes en otras áreas genera polémica dentro de las unidades docentes. Si bien una parte encuentra positivo que sus residentes participen en las clases de las academias y mantengan vigentes sus conocimientos teóricos, otros tutores MIR son más partidarios de que toda su concentración esté en el servicio y en adquirir las competencias que luego requerirán durante su trayectoria profesional. Una dualidad que se replica entre los propios residentes, quienes se dividen entre los que optan por hallar la fórmula para ganar un ‘dinerito’ extra y los que se centran solamente en el proceso de su especialización.