La Revista

Jacinto Bátiz publica un libro titulado 'Cuestiones sobre la Eutanasia. Principios para cuidar la vida del que sufre'

"El médico tiene que aprender a escuchar algo más que la petición de morir"
Jacinto Bátiz.


4 jun. 2021 14:00H
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Jacinto Bátiz, secretario de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial de España, director del Instituto para Cuidar Mejor y director -durante 25 años-, de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurce, ha publicado recientemente un libro titulado  'Cuestiones sobre la Eutanasia. Principios para cuidar la vida del que sufre'. En él recoge su experiencia personal y profesional acompañando a pacientes en situación terminal; y defiende la necesidad de una Ley de Cuidados Paliativos.

Bátiz, contrario a la recién aprobada Ley de Eutanasia, cree que la normativa aprobada "adelanta la muerte". "No creo que con la aprobación de esta ley de eutanasia se da un paso adelante, sino un paso atrás ya que para aliviar el sufrimiento del enfermo con ella ofrece adelantar la muerte para dejar de sufrir", argumenta el médico en respuestas a Redacción Médica.

Acaba de publicar el libro 'Cuestiones sobre la Eutanasia. Principios para cuidar la vida del que sufre'. ¿Qué novedades aporta este libro tras el intenso debate generado tras la aprobación de la Ley de la Eutanasia hace unos meses?

Este libro lo que aporta son algunas de mis reflexiones sobre lo que ofrece está ley de la eutanasia a quien sufre y lo que desde la experiencia de más de 25 años del autor junto a la cabecera de los enfermos y a sus familias les están ofreciendo los cuidados paliativos para aliviar su sufrimiento. Reflexiones sobre diez cuestiones que tienen que ver con estos dos temas. 

Afirma que "para los médicos es un imperativo ético ayudar a los enfermos a que mueran". ¿Cree que se ha dado un paso adelante en ese imperativo ético con la aprobación de la ley?

No lo creo por que con esta ley se provoca la muerte, se adelanta la muerte. El imperativo ético para que los enfermos mueran bien son la buena práctica de los cuidados paliativos evitando abandonar al enfermo a la evolución de la enfermedad junto al sufrimiento que ésta le provoca; controlando con eficacia los síntomas físicos, emocionales, sociales y espirituales que le provocan verdadero sufrimiento; evitando la obstinación terapéutica con tratamientos inútiles ya en esta etapa final de sus enfermedad que incluso le harían sufrir más que la propia enfermedad; y si aún el enfermo continuara sufriendo disminuyendo su consciencia mediante la sedación paliativa. Estos sí son los verdaderos imperativos éticos para que los enfermos mueran bien.

No creo que con la aprobación de esta ley de eutanasia se da un paso adelante, sino un paso atrás ya que para aliviar el sufrimiento del enfermo con ella ofrece adelantar la muerte para dejar de sufrir. Una ciencia médica que necesita de la eutanasia tiene que transformarse tan pronto como sea posible en una medicina que procure cuidados cuando ya no hay curación. 

¿Qué aspectos positivos y negativos resaltaría del redactado de la reciente normativa? 

Alguien que no está de acuerdo con esta ley, como lo soy yo, no es posible que pueda resaltar ningún aspecto positivo. Sin embargo, sí me atrevo a destacar los negativos: asignarnos a los médicos una función como la de administrar la muerte a nuestros enfermos cuando nos la pidan, distinta a la de prevenir las enfermedades, curarlas o paliarlas, misiones que habían motivado nuestra vocación para elegir ser médicos; considerar que la eutanasia es un acto médico más; clasificar a los médicos en dos grupos, objetores y no objetores; burocratizar aún más la atención a los enfermos; transmitir a la sociedad que esta ley es la que va a solucionar el sufrimiento de los enfermos.

Podría considerar cierto aspecto positivo si los ciudadanos hubiéramos tenido libertad para elegir. Pero ahora solo podemos elegir el derecho que nos otorga esta ley, poder solicitar la ayuda a morir. Ciudadanos de ocho comunidades autónomas no tienen aún derecho a solicitar una atención médica al final de la vida con unos cuidados paliativos de calidad porque aún no hay una ley nacional de cuidados paliativos, tan solo son 9 las comunidades autónomas que tienen aprobadas leyes de garantía de los derechos y de la dignidad de las personas en el proceso final de su vida. 


¿Se tiene en suficiente consideración a los profesionales sanitarios en la ley?  

No se ha tenido antes de elaborarla, no se nos ha consultado, ni siquiera se nos ha escuchado a quienes estamos día a día con quien sufre. Una vez que se ha aprobado, ahora sí se consulta, se nos piden consejos, para hacer los manuales de buenas prácticas de esta ley. Hubiera sido muy oportuno que hubieran consultado antes. Esta actitud urgente para tener aprobada cuanto antes esta ley, tan solo ha demostrado un interés político más que un interés real por aliviar el sufrimiento de las personas que sufren. Si hubieran tenido una coherencia política lo habrían demostrado aprobando antes una ley sobre Cuidados Paliativos. 

Ha sido director durante 25 años de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurce, ¿Cuál ha sido su experiencia en el acompañamiento de estos pacientes en situación terminal?, ¿cuál es el caso que más le ha marcado? 

La experiencia la he tratado de transmitir a través de mis reflexiones en las dintintas páginas del libro “Cuestiones sobre la eutanasia. Principios para cuidar la vida de quien sufre”. Escuchando al enfermo se aprende mucho y, sobre todo, a conocer cómo quiere que le cuidemos en su etapa final para aliviar su sufrimiento. La escucha es una de las mejores herramientas para cuidar mejor. En relación con el tema de la eutanasia me atrevo a decir que los médicos tenemos que aprender a escuchar algo más que una petición de morir. Hemos de conocer por qué, en ocasiones, desea que le ayudemos a adelantar su muerte. Cuando conocemos su verdadera petición que es la de no sufrir y nos ponemos a ello con todas las herramientas de las que disponemos en cuidados paliativos para aliviar su sufrimiento suelen olvidarse de su primera petición. 

Uno de los casos que más me han marcado lo describo en el libro en el que el enfermo se siente una carga para la familia y desea acabar cuanto antes y nos pide ayuda para ello. No es el sufrimiento el que le lleva a pedir que le adelantemos su muerte, sino su culpabilidad por su sensación de carga para los suyos. Comprobar que el enfermo desea morir cuanto antes porque se siente una carga para los demás esto me sigue impactando. 


Hace mención a la necesidad de que España cuente con una Ley de Paliativos, ¿por qué no existe todavía?, ¿cuáles deberían ser sus líneas básicas?

Creo que es por falta de coherencia política. Han preferido antes una ley de eutanasia que una ley de paliativos. Un gobierno que antes de desarrollar programas de Cuidados Paliativos acometa una legislación permisiva sobre la eutanasia comete algo que puede ir desde una frivolidad hasta una irresponsabilidad.

Una ley nacional de cuidados paliativos deberá garantizar la dignidad de la persona en el proceso de morir, respetar su autonomía, la intimidad, la igualdad sin discriminar a la hora de recibir los cuidados en el ámbito social o sanitario, garantizar el rechazo al tratamiento siempre que haya sido debidamente informado, garantizar a recibir unos cuidados integrales para que el enfermo pueda afrontar sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales, garantizar una continuidad de los cuidados, garantizar los cuidados en los distintos niveles asistenciales, garantizar que serán atendidos por profesionales con una formación adecuada en cuidados paliativos. Una ley que deberá estar respaldada por una estrategia nacional de cuidados paliativos y por una dotación
presupuestaria adecuada.

¿Por qué recomendaría la lectura de su libro a sus compañeros médicos?  


Porque lo he escrito desde la experiencia de muchos años junto a quienes sufren y desde el compromiso de continuar trabajando para conseguir unos cuidados paliativos universales. Muchos se encontrarán identificados con muchas de las ideas que comparto; otros pueden ser que discrepen; pero estoy seguro, quetantos unos como otros estarán de acuerdo conmigo en lo importante que es cuidar la vida de quien sufre. De esto es lo que fundamentalmente trata este libro y que he querido compartir con quien haya elegido leerlo.
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