28 de abril de 2017 | Actualizado: Viernes a las 12:00
Lo que tiene estar casado con un sanitario si tú también lo eres

Que lo que la Neumología ha unido no lo separe el hombre

Sagrario Mayoralas y Salvador Díaz cuentan cómo surgió una relación "más que profesional"
Salvador Díaz Lobato y Sagrario Mayoralas Alises, compañeros en casa y en el trabajo.
Nuria Fernández Gámez
Cristina Cebrián y Joana Huertas
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Sábado, 11 de febrero de 2017, a las 20:00
Si ya lo cantaban ‘The Beatles’: All you need is love.  Esa sintonía que desde el 1967 no ha dejado de ser melodía para películas norteamericanas de amor suena estos días en muchas cabezas que celebrarán San Valentín el próximo 14 de febrero. Jóvenes que acaban de empezar su noviazgo; matrimonios que lleven a sus espaldas 25 años; parejas que harán llamada vía skype porque el otro esté trabajando fuera; y otros que utilizarán la excusa para salir un martes a cenar. Es lo que tiene este día que motiva a seguir las 'reglas del juego' de Cupido.

Médicos. Neumólogos. Amantes de la Medicina. Enamorados del trabajo que hacen a diario. Volcados en el paciente. Pero también marido y mujer. Sagrario Mayoralas Alises y Salvador Díaz Lobato cuentan su historia de amor a LA REVISTA de Redacción Médica. De cómo un Servicio de Neumología del Hospital La Paz de Madrid surgió una relación “más que profesional”; de cómo se puede ser pareja y trabajar en el mismo centro; y de cómo la profesionalidad y la admiración por el otro sirven para construirte personal y profesionalmente.

Todo comenzó cuando Mayoralas, siendo aún estudiante de tercero de Medicina, hizo una rotación de verano en el Hospital La Paz de Madrid y allí conoció a Díaz Lobato. Fue el primer contacto, pero tardaron varios años en volver a coincidir. En un principio estaba decidida a hacer Traumatología, pero finalmente se decantó por Neumología en La Paz donde, según cuenta, “él fue mi profesor, nos daba las clases prácticas, rotaba con él”. Ya terminando su residencia el paso definitivo lo dio él y comenzaron su carrera en común, que a día de hoy aún dura.  

Salvador Díaz Lobato y Sagrario Mayoralas durante la entrevista.

Salvador Díaz Lobato y Sagrario Mayoralas durante la entrevista. 

Tras años formativos y de aprendizaje (en los que ella, por ejemplo, estuvo en el Hospital de Móstoles) volvieron a trabajar juntos. Codo con codo. Algo que les ha supuesto un ‘extra’ en su relación pese a que las recomendaciones del entorno fuesen totalmente contrarias. Durante muchos años en el Hospital Ramón y Cajal (Salvador continúa y Sagrario ahora es directora médico en Oximexa y Praxair España y Portugal), pero también en consulta privada. “Tenemos una forma muy parecida de trabajar. La manera que tenía de ser era mi ideal de médico”, explica Mayoralas, quien reconoce que lo que le impresionó de Díaz fue “que era un facultativo diferente al que le importaba el paciente”.

A la hora de hablar de ventajas y desventajas de trabajar con tu mujer, Díaz Lobato enumera que, en su caso, son muchos los puntos a favor de estar en el mismo centro: el ahorro en gasolina, la coordinación de horarios, llevar la misma filosofía del trabajo, etc. “Cuadrar las vacaciones sí que suponía un problema porque se debilitaba el servicio al faltar dos personas”, añade con tono bromista. Por su parte, Mayoralas señala que para ellos nunca ha sido un inconveniente porque “cada uno sigue su criterio clínico” y que más bien ha sido la gente quien no ha encajado que fuesen pareja por no saber separar la parte profesional de la personal. 

LOS PACIENTES AGRADECEN TRATAR CON EL MARIDO/MUJER DE...

Ser marido y mujer también les ha traído un suplemento más, sobre todo con los pacientes. Mayoralas cuenta que enfrentarse a una cara distinta a veces es complicado para los enfermos, pero que al tratar con la pareja ellos asocian la idea de “bueno, como ya le conté a su marido…” y entonces tienen sensación de continuidad. Asimismo, detallan que llevar a veces a los mismos enfermos ha sido muy divertido y que la lista de anécdotas al respecto es extensa ya.

Por otro lado, estar casado con un profesional sanitario y de tu misma especialidad les ha servido, en muchos casos, para consultar el uno con el otro un diagnóstico e incluso como menciona Díaz, para “optimizar trabajo” porque mientras uno lee un nuevo artículo o texto el otro está estudiando otros diferentes para más tarde ponerlos en común. 
EN CASA NO SOLO SE HABLA DE MEDICINA
Este matrimonio de aventureros, que aman viajar a destinos lejanos y de gran recorrido como Perú, México, Argentina o China, da la espalda al estereotipo de que por trabajar en el mismo hospital las conversaciones en casa sean monotemáticas. ¡No rotundo! Coinciden en que ninguno de estos temas acapara los ratos de 'charla' en el hogar. "La vida es muy grande más allá del entorno laboral", ríe Díaz. En su tiempo libre son una familia más a la que les gusta también esquiar, ir al cine de vez en cuando y acompañar a los hijos (Díaz Lobato tiene otro hijo de un matrimonio anterior) al fútbol los fines de semana. 

SABER LLEVAR LAS GUARDIAS Y SER 'PAPÁ Y MAMÁ'

¿Y cómo se lleva el tema de las guardias? La respuesta les surge a ambos sin agobio alguno. “Las guardias son duras por la desestructuración familiar que generan pero el hecho de estar los dos en el mismo sector lo que aporta es el plus de que el otro entiende lo que estás pasando”, explica Mayoralas.

Sagrario y Salvador tienen en común un hijo de 11 años. “Él dice que quiere ser médico pero que no le gustan las guardias y ni que se muera la gente, así que ahora dice que prefiere ser dermatólogo”, bromea Díaz. Un pequeño que, también de forma indirecta, ha vivido parte de su vida en el hospital (a veces incluso en congresos) aunque no le gustase que su madre pasase las noches fuera por tener que hacer guardia. “Siempre le he dicho que esta es mi profesión, esto es así, forma parte de nuestra familia y lo ha ido llevando”, aclara Mayoralas.

Reglas del juego entre sanitarios que han funcionado. En definitiva, una historia de amor en equilibrio: ella impulsiva y él más tranquilo; él puntual y ella que llega cinco minutos antes de coger un avión; él de música de Santana y ella que devora libros; ella de Ciudad Real y él de Málaga. Puntos opuestos en la forma de afrontar las diferentes situaciones pero que si en algo coinciden es en que no imaginan que su compañero de viaje no lleve bata blanca.“No sabría vivir con una persona no sanitaria”, concluye Díaz.