25 de septiembre de 2018 | Actualizado: Martes a las 15:35

"Mi padre conoció a mi madre tratándole una tuberculosis"

Antonio Zapatero, presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI)

Antonio Zapatero, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital de Fuenlabrada de Madrid, dirige la sociedad científica de la especialidad durante los próximos dos años.
Javier Barbado
Miguel Fernández de Vega
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Sábado, 08 de abril de 2017, a las 20:00
El presidente de los médicos internistas españoles, Antonio Zapatero, trabaja con su mente a gran velocidad; no tiene hijos y dedica toda su energía a la propia vida, sea en el trabajo o fuera de él con otras ocupaciones como el tenis, los idiomas o los grandes viajes con su pareja. Llama la atención su dedicación al oficio por el número de horas y, ante todo, su compromiso político ceñido a su campo: la Medicina Interna. No es casualidad que le hayan elegido para presidirla, ni que desempeñe el cargo de director médico en el Hospital de Fuenlabrada de Madrid. O incluso que ocupe puestos de responsabilidad en el Comité Antidopaje de la Federación Española de Tenis. Al fin y al cabo, su devoción por los valores de esfuerzo y de nobleza del tenista Rafael Nadal encaja en su perfil de médico comprometido.

Su promoción de Medicina en la Complutense fue la de 1975 a 1981. Plena Transición política, económica y social. ¿Cómo la vive desde la Universidad?

No me metía mucho en política, pero es verdad que la muerte de Franco afecta a la Historia de este país de una manera muy importante y eso, cuando eres joven, no lo percibes en toda su magnitud. Desde luego, sí veía su repercusión en las aulas. A menudo no había clase debido a las protestas, por ejemplo. Pero yo me limité a estudiar y creo que fui un buen alumno.

¿Por qué quiso ser médico?

Porque en mi familia había una tradición notable. Mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo lo fueron. Incluso lo era mi tío quien, junto con mi padre, se dedicó casi en exclusiva al estudio de la tisis. En aquella época, la tuberculosis tenía una elevada prevalencia y le diré que, entre los estudiantes de Medicina de la Complutense de los años 40, un 96 por ciento portaban el bacilo. Y eso que se trataba de un grupo selecto que se podía permitir estudiar.

¿Cómo lo sabe?

Porque mi hermano, que es cirujano torácico, hizo una tesis doctoral al respecto a partir de la información recogida por mi tío, que dirigía el dispensario antituberculoso de Guadarrama y tenía acceso a esos datos. Otro aspecto de mi vida relacionado con la tuberculosis es que mi padre conoció a mi madre porque la padecía y le tocó llevarla como médico.
Tenga en cuenta que la tuberculosis antes no se trataba con antibióticos, salvo la estreptomicina en los años 50, que poco hacía. Hasta los años 70 no hubo antimicrobianos que sirvieran. Por eso lo habitual era recluir en sanatorios a los pacientes.

Antonio Zapatero ha jugado en categorías profesionales de tenis a nivel mundial.

Seguro que ha leído La Montaña Mágica, de Thomas Mann.

¡Ah, La Montaña Mágica! Ahí se narra a la perfección todo lo que le cuento.

¿Es muy aficionado a leer?

Mucho: entre media y una hora todos los días. Puedo contarle que, en 2006, me propuse crear una base de datos en la que recojo el título del libro, cómo llegué hasta él y una calificación de lo que me ha parecido. En 2016, por ejemplo, me leí 43 libros que clasifico en ese listado.
¿Qué autores literarios le atraen?

Me gusta mucho Stefan Zweig, por ejemplo.

¿Y escribir más allá de las publicaciones científicas?

Uno ha de reconocer sus limitaciones, y ésta, lo admito, es una de ellas. Precisamente Zweigh, en su libro Memorias de un Europeo, dice que el autor literario debe plantearse, cuando ha acabado su obra, si podía haber prescindido de al menos 200 páginas. Pues eso mismo me pasa a mí incluso con las publicaciones científicas. No pocas veces pienso: “Tendría que hacer caso al bueno de Zweigh”.


“Hace tiempo que los políticos vieron que la sanidad aporta muchos votos”


La pared de su despacho está repleta de raquetas en desuso…

Sí, no es el primero que se interesa por ello.

¿Juega al tenis?

Desde los siete años. Ahora mismo, lo practico seis días a la semana. De hecho, los fines de semana me pongo a planificar los partidos que tengo acordados para la semana siguiente, y a menudo llamo a cada rival para confirmar la asistencia.

Solo como aficionado, supongo.

No, también he competido. He sido seleccionado cuatro veces con el equipo nacional para jugar el mundial de veteranos por equipos, quedando subcampeón del mundo en 2009 en Turquía. La final la perdimos contra Alemania y yo jugaba de número dos de España.

¿Admira a algún tenista?

A Rafael Nadal, claro. Creo que representa las mejores virtudes de las personas: entrañable, cariñoso… Esa forma de ser y de estar, con serenidad y sin malos gestos.

El presidente de la SEMI entra temprano a trabajar y vuelve a casa hacia las ocho.

¿Lo conoce en persona?

Sí, porque he estado como vocal en la Federación Española y, ahora, soy miembro del Comité Antidopaje. Pienso que el día que se vaya Nadal realmente le echaremos en falta.

¿Qué otra cosa, aparte de leer y del tenis, le apasiona en su tiempo libre?

Aprender idiomas. Practico todos los días el inglés unos 25 minutos mientras me dirijo al trabajo. Y, por las tardes, italiano. Luego viajo y compruebo que soy capaz de comunicarme. Es algo que hago por puro placer.

Cambiemos de tercio. ¿Qué circunstancia de su vida le ha marcado para siempre?

Suceso histórico diría la muerte de Franco, porque generó mucha inquietud al no saberse qué sucedería a continuación. En lo personal, perdí a mi padre cuando me dispuse a empezar la Residencia, con solo 24 años; él tenía más de 70. Somos seis hermanos –yo, el segundo– e hicimos piña para superarlo. Pero, claro, fue un disgusto notable al vivirlo, quizá, demasiado pronto.

¿Se llevaba bien con él?

Sí, manteníamos muy buena relación. Lo recuerdo como una persona cariñosa.

Y le inculcó la vocación de médico…

Sí, nos inició en la Medicina y en la práctica del tenis. En esto he de decir que no era técnicamente muy bueno y en poco tiempo le ganaba. En lo de ser médico, también me influyó mucho mi tío, a quien defino como la versión seria de mi padre. Mientras uno nos animaba a hacer deporte, salir, divertirnos… el otro nos recordada nuestras obligaciones. Así que estaba compensado.

¿Dónde se formó como médico?

La Residencia la hice en el Ramón y Cajal de Madrid y, la verdad, la recuerdo como una de las etapas más felices de mi vida. Éramos muchos y muy jóvenes, y hacíamos mucha vida social. Al mismo tiempo, había mucho respeto y veneración por los jefes de Servicio, por quienes nos enseñaban. Y eso es algo muy bueno que no se debe perder entre la clase médica.

¿Me nombra a sus maestros?


“Uno no sabe nada de Medicina en las primeras guardias y eso el paciente no lo sabe”


El principal, el profesor Serrano Ríos, de Medicina Interna y que después fue catedrático en el Clínico. Pero había muchos otros: San Román, Perales, Fraile… Todos ellos venían de la tradición de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz, sin duda la madre de la especialidad.

¿Hablaba solo de Medicina con ellos?

No. Cuando bajábamos a tomar café, apenas hablábamos de Medicina (a veces, sí). Los médicos no deben ceñirse a la ciencia, también es muy importante el aspecto humano. No nos podemos limitar a sabernos el Harrison. Conversábamos sobre obras de cine, teatro y literatura. Luego, me pasaba por Espasa- Calpe [hoy Casa del Libro] y compraba lo que me habían recomendado. He de decir que acertaban en el consejo la mayor parte de las veces.

¿Recuerda sus primeras guardias?

Recuerdo que uno no sabe nada de Medicina todavía cuando las hace, y eso es algo que el enfermo no sabe. Lo pasaba mal al ser consciente de que, incluso como R-1, con alrededor de cien médicos adjuntos en una guardia cualquiera, yo era el máximo responsable del Ramón y Cajal frente al paciente que acudía al hospital. Pero también todo eso servía para aprender mucho y formarse, claro.

Los globos terráqueos (a la derecha de la imagen) abundan en el despacho de Zapatero "como reflejo fiel de la Historia".

¿En qué hospitales consiguió trabajar?

Tuve una estancia de unos años en el Vélez-Málaga. Fue un contraste con el Ramón y Cajal, claro. Para empezar, no había un intensivista en las guardias. Con todo, aproveché la experiencia para conocer otra forma de hacer Medicina.

¿Y después?

Conseguí contrato en el Hospital de Móstoles, donde estuve 15 años, entre 1986 y 2001. Formábamos un grupo de internistas  muy joven y preparado, de los mejores de Madrid; trabajábamos mucho y lo recuerdo como una época dorada, la verdad. Más tarde conseguí la Jefatura de Medicina del Hospital Fundación Alcorcón, que desempeñé durante tres años. En 2004, me marché al área médica del Hospital de Fuenlabrada, donde fui nombrado subdirector y director médico.

¿Es incompatible la vocación de ver enfermos con la gestión? 

No lo es. Incluso creo que es bueno. En mi época de médico adjunto joven era un médico un poco pesado en el sentido de que era reivindicativo de muchas cosas. Uno pensaba que le hacían falta elementos para trabajar de los que carecía, pero cuando, desde la Dirección Médica, ves la realidad presupuestaria, te das cuenta de que las cosas no son como tú quieres que sean sino como tienen que ser. Ése es un aspecto importante a la hora de decidir qué es más coste-eficiente para el paciente.

EN CORTO
Libro favorito
Memorias de un europeo, de Stefan Zweig.

Película
Los puentes de Madison, de Clint Eastwood.

Canción
Thunder Road, de Bruce Springsteen.

Una ciudad donde vivir
Madrid.

Una ciudad para viajar
París, Roma o Londres.

Un objeto imprescindible
La raqueta.

Un personaje de su vida
Mi madre.

Un protagonista histórico
William Osler, el 'padre' de la Medicina Interna.

Un equipo de fútbol
El Real Madrid. 

Un lema vital
Que te guste lo que haces.

Algo que le haga feliz
Vivir.
Como subdirector médico del Hospital de Fuenlabrada, ¿con qué le toca lidiar?

Tengo la suerte de tener mucha complicidad con el gerente, Carlos Mur. Además, aquí los jefes de Servicio son gente muy responsable de su parcela. Así que el director médico en este centro, ahora mismo, es un primus inter pares porque cada jefe de Servicio viene con el problema pero, al mismo tiempo, te está aportando la solución. En este hospital, la gente está mentalizada para tomar sus propias decisiones de gestión. En ese sentido, no es un centro tradicional y, seguramente, aquí es más fácil ser director médico que en otros hospitales.

¿Qué más lo distingue de los tradicionales? 

La dotación informática, pues tenemos historia clínica electrónica. Todo está informatizado, hasta el tratamiento. Eso condiciona la forma de trabajar y es un gran avance. En el Ramón y Cajal recuerdo –y también sucede en otros grandes hospitales de la Comunidad de Madrid– que te traían un sobre enorme, casi a punto de romperse, con miles de anotaciones a mano, muchas veces incomprensibles. Aquí la historia de cada paciente está perfectamente recogida en formato digital. En eso no tiene nada que ver uno con otro.

Más allá de la gestión, ¿qué tipo de publicaciones científicas hace?

Me interesa mucho la seguridad del paciente. Durante cuatro años, coordiné el Grupo de Gestión Clínica de la SEMI, que ahora lleva Raquel Barba. Trabajamos con el Ministerio de Sanidad, que nos cede el conjunto mínimo de bases de datos (CMBD). Sabemos, por ejemplo, que el ingreso los fines de semana sube el riesgo de mortalidad un 11 por ciento respecto a hacerlo un día laboral; o que la caída durante la estancia hospitalaria con fractura de cadera multiplica por tres las muertes… Nos hemos preocupado mucho de eso procurando mentalizar al resto de especialidades médicas, y teniéndolo muy presente en nuestro propio Servicio.

Ha quedado clara su capacidad de trabajar y de disfrutar del tiempo libre. ¿Y la familia?

Tengo pareja y también le dedico tiempo. A diario, cuando llego a casa tarde, a eso de las ocho entre unas cosas y otras, estás reventado. Pero vamos mucho al cine, al teatro… y nos gusta especialmente viajar. Ella es muy aficionada a explorar países de Asia, por ejemplo. En verano dedicamos entre dos y tres semanas a un gran viaje de ese tipo; como el horario está cambiado, no tienes que preocuparte por el correo electrónico.

Del ámbito de la sanidad, por último, y aprovechando su devoción por Rafael Nadal, ¿a quién le haría un banana shot en la sanidad española?

En la sanidad podría meter unos cuantos, iba a tener trabajo Rafa… Los políticos hace ya muchos años que se dieron cuenta de que la sanidad es una fuente importante de votos. Echo en falta, en este ámbito, alguien con cabeza que nos diga exactamente adónde vamos a ir y cómo, que nos coordine desde el punto de vista estratégico.