Alimentos de una dieta cetogénica

Alimentos de una dieta cetogénica / Envato

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Mediterránea, keto o baja en grasas: ¿Qué dieta reduce la grasa del hígado y revierte la prediabetes?

Un ensayo clínico publicado en la revista Cell Metabolism logra la misma pérdida de peso en tres grupos y demuestra que la pauta cetogénica elimina un 67% de grasa hepática

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Que la pérdida de peso mejora la salud metabólica de las personas con obesidad es algo innegable. Pero ¿importa cómo se pierde ese peso? ¿Da lo mismo hacerlo con una dieta u otra, o la composición de lo que comemos aporta beneficios extra más allá de los kilos que marca la báscula? Estas son algunas de las grandes preguntas que sobrevuelan la nutrición clínica, y responderlas no es sencillo. Esto se debe a que la mayoría de estudios comparan dietas que producen pérdidas de peso distintas, lo que no permite aclarar las conclusiones.

En este sentido, un ensayo clínico de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos), publicado en la revista Cell Metabolism (Cell Press), ha sorteado ese obstáculo al igualar la pérdida de peso en todos los grupos para poder aislar el efecto de la dieta en sí.

Su conclusión es que, a igualdad de kilos perdidos, una dieta muy baja en carbohidratos y rica en grasas —la cetogénica o "keto"— ofrece mayores beneficios metabólicos, sobre todo para el hígado, que una dieta mediterránea o una baja en grasas, en personas con obesidad metabólicamente no saludable. "Reducir la ingesta de carbohidratos puede tener importantes efectos terapéuticos sobre el metabolismo, más allá de la simple pérdida de peso", resume Samuel Klein, autor principal del estudio.

Tres dietas con la misma pérdida de peso

El trabajo, desarrollado a lo largo de varios años en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, incluyó a 42 participantes con obesidad, prediabetes e hígado graso, un perfil de riesgo metabólico elevado. Se les asignó al azar a una de tres dietas de composición muy distinta: la cetogénica (solo un 4% de las calorías procedían de carbohidratos y un 73% de grasas), la mediterránea (50% de carbohidratos y 35% de grasas) y una baja en grasas de base vegetal (70% de carbohidratos y apenas un 15% de grasas).

La clave del diseño fue que todos recibieron la comida preparada por el equipo investigador y se reunieron semanalmente con un dietista, lo que se tradujo en una adherencia superior al 95%. Además, se ajustó la ingesta calórica de cada persona para que todas perdieran alrededor del 10% de su peso, algo que lograron en cuatro o cinco meses. Al final, la pérdida de peso fue prácticamente idéntica en los tres grupos, lo que permite atribuir las diferencias a la composición de cada dieta y no a haber adelgazado más.

Lo cierto es que las tres dietas produjeron mejoras. Con ellas, todos los participantes redujeron su masa corporal y se volvieron más sensibles a la insulina. Pero la cetogénica destacó en varios indicadores clave. La grasa acumulada en el hígado se redujo un 67% de media en el grupo keto, frente al 45% en los grupos de dieta mediterránea y base vegetal.

Aunque el dato más llamativo del estudio tiene que ver con la prediabetes. Tras la intervención, aproximadamente la mitad de los participantes del grupo cetogénico (50%) ya no cumplían los criterios de prediabetes, frente al 29% del grupo mediterráneo y solo el 7% del que priorizaba alimentos vegetales. La keto también logró las mayores mejoras en la sensibilidad del hígado a la insulina —de dos a tres veces superior a la de las otras dietas— y en marcadores como la hemoglobina glicosilada y los niveles de glucosa e insulina a lo largo del día.

Una anciana comiendo dieta saludable. (Imagen de Envato)

Una anciana comiendo dieta saludable. (Imagen de Envato)

¿Por qué la keto actúa así sobre el hígado?

El mecanismo, explican los autores, tiene que ver con las hormonas que regulan el metabolismo. Al restringir drásticamente los carbohidratos, bajan la glucosa y la insulina en sangre y aumenta el glucagón, una hormona que favorece la quema de grasa en el hígado y frena su producción.

"El grupo que seguía la dieta cetogénica presentaba el mayor aumento de glucagón", una hormona que reduce la grasa hepática, señala el estudio, que observó en ese grupo la mayor caída de insulina, lo que a su vez contribuye a vaciar de grasa el hígado. Por otro lado, uno de los temores habituales con la dieta keto es su alto contenido en grasas saturadas y su posible efecto sobre el colesterol y el riesgo cardiovascular.

No obstante, "el hallazgo más sorprendente fue que los participantes del grupo de la dieta cetogénica no experimentaron un aumento en los niveles de grasa o colesterol en sangre a pesar de consumir la mayor cantidad de grasa", destaca Max Petersen, primer autor del trabajo. De hecho, el colesterol LDL y otros marcadores lipídicos no empeoraron respecto a las otras dietas, e incluso mejoraron algunos indicadores.

¿Qué implica y qué límites tiene?

Los autores enmarcan sus resultados en un momento en el que los fármacos contra la obesidad basados en GLP-1 han revolucionado el tratamiento. "Ahora contamos con una farmacoterapia muy eficaz para lograr una pérdida de peso significativa, pero, además, nuestro estudio demuestra que la composición específica de la dieta puede aportar beneficios adicionales", apunta Petersen. La lectura práctica es que, en personas con este perfil metabólico, no solo importa cuánto peso se pierde, sino cómo.

Conviene, eso sí, interpretar los resultados con precaución. Se trata de un ensayo pequeño con 42 participantes y de corta duración (cuatro o cinco meses), realizado en un perfil muy concreto de pacientes con obesidad, prediabetes o hígado graso, por lo que sus conclusiones no son extrapolables sin más a la población general ni a quien ya tiene diabetes.

Los propios autores advierten, además, de que no pueden determinar si una reducción menos drástica de carbohidratos, sin llegar a la cetosis, tendría los mismos efectos, ni si el beneficio se mantiene a largo plazo, cuando la adherencia a una dieta tan restrictiva suele caer.