Miguel Añó, el estudiante de Medicina en un triatlon

Miguel Añó, el estudiante de Medicina en un triatlon

Estudiantes

Miguel Añó, el estudiante de Medicina que 'receta' deporte: "Es la pastilla que puedes tomar tanto como quieras"

A punto de terminar la carrera, Miguel Añó cuenta a Redacción Médica el impacto que tiene el deporte en su vida y la posibilidad y beneficios que tiene al convertirse en un tratamiento terapéutico

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Ningún estudiante de Medicina va a curar el cáncer antes de acabar la carrera, y Miguel Añó lo sabe. Por eso, mientras sus compañeros de sexto en la Universidad de Cantabria memorizan protocolos, él se graba saliendo a correr, montando en bici o en el gimnasio. Santanderino, triatleta y a punto de terminar los estudios, este creador de contenido ha reunido a cerca de 40.000 seguidores en su cuenta de Instagram (@inprodoctor) con una idea que repite como un mantra: no hace falta un fármaco nuevo para mejorar la salud de mucha gente, basta con que se mueva. El deporte, sostiene, es "la medicina del futuro".

No es una frase de eslogan, pues Añó la defiende con una analogía que ha convertido en su sello. El deporte es "esa pastilla que podemos tomarnos tantas veces como queramos, con la que es muy difícil conseguir una sobredosis y que rara vez tiene efectos secundarios negativos", explica en su conversación con Redacción Médica. Y se adelanta enseguida a la objeción. "No soy ingenuo. Estudio Medicina y sé que el deporte no sustituye a la operación de una apendicitis ni a la de una fractura de cadera". Sin embargo, el estudiante es consciente de la situación que se vive hoy en día, la cual se corresponde con "la era de las enfermedades crónicas y no transmisibles".

Todo el mundo sabe "lo que es la diabetes y la hipertensión", y en este sentido, el ejercicio funciona como regulador. Reduce factores de riesgo cardiovascular y la probabilidad de desarrollar patologías que después derivan en infartos. Y no solo antes. "Se está viendo que ayuda a personas que no son ni han sido nunca deportistas", apunta; alguien que sufre un infarto o al que le diagnostican un cáncer también se beneficia de moverse después.

El deporte como medicina

El nombre de la cuenta lo dice casi todo. "Viene de doctor in process, médico en proceso", explica. Lo abrió en primero de carrera, cuando comprobó que el ritmo de la universidad le dejaba margen y la motivación venía de lejos. "Siempre me ha gustado muchísimo el gimnasio, y veía a muchos chavales que no tenían a nadie que les explicara cómo hacer ciertas cosas". Él había sido uno de ellos. "De crío me costó mucho aprender precisamente por eso, porque no tenía un referente". La receta, desde el primer día, fue la misma: vídeos cortos, al grano y "para todos los públicos".

No obstante, el papel de divulgador siempre tiene un filo peligroso, ya que te conviertes en una cara pública que puede seguir mucha gente, por ello hay que tener cuidado con lo que se dice. "Decir que lo estamos utilizando tarde es una generalización peligrosa", advierte, y prefiere celebrar que cada vez más profesionales sanitarios empleen el deporte en fases tempranas y como tratamiento. Añó reconoce, además, la parte incómoda de su propio mensaje: que cambiar de hábitos es difícil y que la comodidad manda.

"Pasa de ser una simple recomendación de estilo de vida a ser una herramienta terapéutica"

Para que se entienda mejor, ante un dolor de cabeza, lo ideal sería salir a pasear veinte minutos y recurrir al ibuprofeno solo si no remite, "pero lo lógico es que el paciente prefiera tomarse el ibuprofeno de primeras". La diferencia es que el médico sabe lo perjudicial que puede llegar a ser esa medicación tomada sin control y de forma sostenida. En este sentido, "si se pudiera recetar actividad física desde el minuto uno, sobre todo a la gente con más factores de riesgo, reduciríamos muchísimo la probabilidad de que en el futuro tuviera esos sustos", detalla el estudiante.

De consejo de estilo de vida a herramienta terapéutica

Pero estas recomendaciones no son solo invenciones, sino que se encuentran respaldadas por la ciencia. "Lo que más me llamó la atención fue empezar a ver que realmente existía evidencia detrás, que es un tratamiento válido", cuenta. Más allá de bajar el riesgo cardiovascular, algo ya conocido, le impactó comprobar que en ciertos tipos de cáncer y en enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión los marcadores mejoran cuando el ejercicio se implementa como terapia.

"Es muy fuerte: pasa de ser una simple recomendación de estilo de vida a ser una herramienta terapéutica". Esa evidencia es la que permite recomendarlo "con tranquilidad, sabiendo que merece la pena". Lo cierto es que se puede empezar a hacer deporte según el ritmo de la persona, pues "no hace falta pasar de 0 a 100, hay infinitos puntos intermedios", subraya Añó.

Miguel Añó, estudiante de Medicina

Miguel Añó, estudiante de Medicina

Tanto es así que "no somos conscientes de lo que podría lograr la prescripción de actividad física individualizada". Todo ello a través de profesionales sanitarios bien formados en actividad física y "profesionales de la actividad física formados para trabajar en el ámbito sanitario, creo que podría ser algo increíble, sin límites", destaca el creador de contenido.

Por otro lado, el deporte se ha convertido en uno de los pilares sobre los que se sustenta la longevidad. "Aquí ya no es un 'creo', sino un 'sé". Lo que se busca al envejecer no es sumar años en una silla de ruedas, sino conservar la funcionalidad. El deporte construye una "reserva funcional" que amortigua el deterioro. "Hoy se sabe que el músculo es el órgano de la longevidad", y el VO2 máx se ha convertido en "una de las medidas más exactas de la capacidad cardiorrespiratoria", incluyéndose cada vez más en los estudios enfocados a la longevidad y a la funcionalidad.

Igualmente, la pauta para vivir más años "siempre va a ser incluir algo de trabajo de fuerza o anaeróbico y algo de trabajo aeróbico, en la medida en que cada uno pueda y crea conveniente. La pauta individualizada existe y muchas veces es perfecta, pero no siempre será la que hagamos", destaca Añó.

Triatleta antes que divulgador

Él predica con el ejemplo, y de forma nada moderada. Compite en triatlón de larga distancia y pruebas de ultradistancia, y ahora mismo prepara un Ironman. Esa vida deportiva es, precisamente, uno de los pilares sobre los que crea contenido. "Antes que divulgador soy deportista, y también estudiante de Medicina, y eso es lo importante", afirma. No obstante, es consciente del papel que tiene, ya que "mucha gente falla al divulgar cuando primero decide que quiere divulgar y después decide sobre qué".

Su método es el inverso y por eso, dice, le cuesta poco tiempo. "Rara vez verás en mi cuenta algo que me haya exigido investigación; si algo requiere mirar muchos libros, probablemente haya alguien que lo explique mejor que yo", explica. Añó tiene claro que esto no es un pasatiempo. "Quiero seguir construyendo esta comunidad interesada en el deporte, en la salud y en mejorar a diario, para que en el futuro, cuando ya sea médico y tenga algo importante que transmitir, sepa que va a llegar a buen puerto", detalla el deportista.

De hecho, su horizonte profesional es el mundo deportivo, aunque se apresura a ensanchar la etiqueta. "Creo que merecen el mismo tratamiento un deportista de élite y mi abuela cuando se rompe la cadera al caerse: ambos quieren recuperarse cuanto antes y ser lo más funcionales posible". Para lograrlo, reclama médicos formados hacia lo deportivo y profesionales del deporte —fisioterapeutas, preparadores— integrados en el tratamiento.

Además, baraja caminos distintos, desde la cirugía hasta la nutrición, aunque admite que una especialidad como Traumatología quizá sea "la vía más directa". Sea cual sea, el mensaje que quiere seguir repartiendo ya lo tiene grabado: que moverse, aunque sea un poco, casi siempre merece la pena.