Enrique Grande, director de Oncología Médica en Quirónsalud y director del Programa One Oncology Madrid.

Enrique Grande, director de Oncología Médica en Quirónsalud y director del Programa One Oncology Madrid. / Imagen Pablo Álvarez

Industria farmaceutica

La nueva estrategia perioperatoria que logra una supervivencia global del 78% a dos años en cáncer de vejiga

El ensayo Volga estudia una pauta que limita la exposición a un fármaco para reducir las secuelas a largo plazo sin comprometer la eficacia del tratamiento

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El tratamiento del cáncer de vejiga músculo-invasivo puede verse favorecido por una nueva estrategia basada en la combinación perioperatoria de durvalumab y enfortumab vedotina estudiada en el ensayo de fase III Volga. De hecho, los resultados muestran una reducción del 49 por ciento en el riesgo de eventos y del 42 por ciento en el riesgo de muerte frente al grupo de comparación.

Presentados en el Congreso Europeo de Oncología Médica (ESMO) y publicados simultáneamente en The New England Journal of Medicine, los resultados corresponden a una pauta que administra tres ciclos de durvalumab y enfortumab vedotina antes de la cistectomía radical, seguidos de durvalumab durante nueve meses en la fase adyuvante.

A los 24 meses, la supervivencia libre de eventos fue del 64 por ciento en el grupo experimental, frente al 45 por ciento en el grupo de comparación. La supervivencia global a ese mismo plazo fue del 78 y del 69 por ciento, respectivamente. La mediana de supervivencia global no se había alcanzado en ninguno de los grupos en el momento del análisis.

Menos exposición al fármaco, menos secuelas a largo plazo

Uno de los aspectos más relevantes es la reducción del número de ciclos de enfortumab vedotina. "Es el fármaco más potente, el que induce las respuestas tumorales, pero es a su vez el responsable de la mayor toxicidad de este régimen", explica Enrique Grande, director de Oncología Médica en Quirónsalud y director del Programa One Oncology Madrid, en Redacción Médica.

En el ensayo, los acontecimientos adversos de grado 3-4 se registraron en el 64 por ciento de los pacientes del grupo experimental, frente al 44 por ciento del grupo de comparación, según los datos recogidos en la nota de prensa.

Entre los efectos adversos se encuentran "la diabetes, la toxicidad cutánea y la neurotoxicidad", que puede manifestarse como "pérdida de sensibilidad en las manos y los pies" y, en los casos más graves, afectar "a la fuerza y la movilidad".

Incluso el especialista subraya que "mucha de la toxicidad que proporciona enfortumab vedotina puede ser irreversible". Por ello, "limitar el número de ciclos está aumentando las posibilidades de los pacientes de tener muchas menos secuelas a largo plazo", afirma.

En definitiva, señala que el esquema ofrece una “eficacia similar” en términos de supervivencia a la observada con otras estrategias perioperatorias, aunque Volga no compara directamente esta pauta con el régimen de enfortumab vedotina y pembrolizumab. Por ello, los resultados no permiten establecer una superioridad entre ambos abordajes.

Identificar qué pacientes necesitan tratamiento adyuvante

Pero, pese a los resultados, el oncólogo considera que todavía quedan preguntas importantes por resolver. Una de ellas es determinar "qué pacientes obtienen un beneficio real" de cada fase del tratamiento y cuáles podrían estar recibiendo una terapia más intensiva de la que necesitan.

"Hay pacientes que a lo mejor solamente con la cirugía ya están curados, o solamente con el tratamiento inicial y la cirugía", apunta. En estos casos, todavía es necesario precisar cuánto contribuye el tratamiento posterior a la intervención y qué pacientes necesitan mantenerlo.

¿Se podrá evitar la cistectomía?

Más allá de ajustar la duración del tratamiento sistémico, Grande plantea una pregunta que considera fundamental para la evolución futura del abordaje de esta enfermedad: si todos los pacientes necesitan someterse a una cistectomía radical. Así, recuerda que se trata de una cirugía muy agresiva y que, incluso cuando se realiza en centros experimentados, conlleva riesgos relevantes. Por eso, considera necesario investigar si existen pacientes en los que pueda evitarse la intervención sin comprometer las posibilidades de curación.

La disponibilidad de la pauta dependerá de la evaluación regulatoria y de las decisiones de financiación. Por eso, el especialista prevé que la documentación se presente ante la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), aunque los plazos dependerán de los procedimientos de cada organismo.

Según la estimación del oncólogo, el tratamiento podría estar disponible primero en Estados Unidos y llegar después a Europa. En España, la incorporación dependerá también de la negociación del precio y el reembolso. Grande sitúa una posible llegada a la práctica clínica "entre finales de 2027 y principios de 2028".