Elena Casaus, secretaria general de Aeseg

Elena Casaus, secretaria general de Aeseg

Industria farmaceutica

La furosemida cae a 36 céntimos y amenaza con dejar el suministro con pocos proveedores

Aeseg alerta de que la reducción de presentaciones de medicamentos esenciales aumenta la vulnerabilidad del suministro y reclama incorporar criterios de resiliencia a las compras públicas

Y además: El genérico pide un precio mínimo de 2 euros: "La competencia puede ser destructiva"

Publicada

La furosemida ha reducido su precio un 75 por ciento desde 2021, hasta situar el envase mensual en 36 céntimos. Al mismo tiempo, las presentaciones comercializadas de este fármaco utilizado en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, los edemas y la hipertensión arterial, han pasado de 19 a 11 y dos operadores concentran cerca del 68 por ciento de las unidades.

Son datos que la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (Aeseg) utiliza para advertir de una vulnerabilidad que afecta al suministro de medicamentos esenciales como es la pérdida progresiva de proveedores en mercados con márgenes cada vez más estrechos.

Elena Casaus, secretaria general de Aeseg, señala en declaraciones a Redacción Médica, que el riesgo no depende únicamente de que un medicamento tenga un precio bajo, sino también de la concentración de la oferta y de las alternativas disponibles si falla uno de los fabricantes. La asociación cita otro ejemplo, la metformina de 850 miligramos, utilizada en diabetes tipo 2 “entre 2024 y 2026, las presentaciones comercializadas se han reducido un 33 por ciento, mientras que las autorizaciones anuladas han pasado de ocho a 15”.

Para la patronal, estos casos ilustran la combinación de factores que amenaza el abastecimiento, “la dependencia de terceros países para determinados principios activos y fases de fabricación, la concentración de la producción en pocos proveedores y la salida de operadores de medicamentos maduros de bajo precio”.

“La seguridad de suministro no debe medirse solo por el número de autorizaciones existentes, sino por cuántos operadores suministran realmente, cómo se concentra el mercado y qué capacidad alternativa existe si falla uno de los principales proveedores”, defiende Casaus.

La resiliencia entra en la contratación pública

Aeseg considera que la respuesta debe ir más allá de actuar cuando ya se ha producido una falta de medicamento. La asociación destaca el Plan de Garantías de Abastecimiento 2025-2030 de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y el acuerdo provisional de la Critical Medicines Act como pasos hacia un modelo que integre la política industrial, la diversificación de proveedores y la capacidad productiva en la prevención de desabastecimientos.

En este contexto, reclama que las compras públicas de medicamentos críticos valoren criterios como la fiabilidad del suministro, los planes de contingencia, la existencia de varios fabricantes y la diversificación de las fuentes de producción. También defiende favorecer la adjudicación a varios proveedores, con un reparto efectivo del volumen de compra que permita mantenerlos activos y evitar que toda la disponibilidad dependa de un único operador. “Cuanto mayor sea la criticidad del medicamento y el riesgo de desabastecimiento, menor debería ser el peso del precio y mayor el de la seguridad de suministro”, resume la secretaria general de Aeseg.

Coordinar las políticas de precio e industria

La asociación advierte de que las medidas para recuperar capacidad de fabricación europea perderían eficacia si, al mismo tiempo, los mecanismos nacionales de precios siguen erosionando la viabilidad de medicamentos esenciales. Por ello, reclama salvaguardas específicas para fármacos críticos y mercados vulnerables, así como mecanismos extraordinarios de revisión cuando las condiciones económicas amenacen la continuidad del suministro.

Aeseg propone, además, que la Administración pueda rechazar reducciones de precio anormalmente bajas cuando comprometan la competencia o la disponibilidad del medicamento. La patronal sostiene que "no se trata de aumentar de forma indiscriminada el gasto farmacéutico, sino de evitar que los ahorros marginales obtenidos con nuevas rebajas terminen provocando la salida de fabricantes y una mayor dependencia de los proveedores restantes".

“El medicamento más barato deja de ser el más eficiente si, cuando el paciente lo necesita, no está disponible”, concluye Casaus, que insta al futuro Gobierno a situar la seguridad del suministro entre las prioridades de las políticas sanitaria, industrial y económica.