Hospital Gregorio Marañón.
La arteterapia, el cuidado de la piel, el yoga oncológico y la terapia del sonido son algunas de las actividades que se imparten como parte del programa de cuidado a
pacientes oncológicos en el Hospital Universitario Gregorio Marañón, una iniciativa dedicada a mejorar el bienestar físico y emocional de quienes padecen de
cáncer y que complementan los tratamientos asistenciales que reciben para curar la enfermedad o prolongar su supervivencia. Los encargados de dirigir estas actividades forman parte de una Comisión de Humanización del centro, un grupo dinamizador del pabellón de Oncología en el que
participan enfermeros, médicos y personal de voluntariado.
"Tenemos un formulario para saber en qué consiste la actividad,
cuáles son sus beneficios, a quién va dirigido, cuánto dura y quién es el profesional o voluntario que la va a impartir, sobre todo qué experiencia tiene", explica a
Redacción Médica, María Sánchez Isac, médica de Cuidados Paliativos y copresidenta de la Comisión de Humanización del Gregorio Marañón. Una vez que tienen la propuesta y se
comprueban los beneficios que recibirá el paciente, se hace un "simulacro" para valorar "la pertinencia o no" del mismo.
La Comisión de Humanización en el
Hospital Gregorio Marañón, encargada de todas estas iniciativas, cuenta con una larga trayectoria y es una de las "pioneras" entre los hospitales de la región. En los últimos dos años ese desarrollo se ha ido ampliando al pabellón oncológico que, incluso,
por sus instalaciones, ha permitido "desarrollar actividades más enfocadas en las necesidades" de los pacientes, más allá de las asistenciales, destaca la profesional.
Talleres para brindar soporte
"Es una manera de cuidarles, de que desconecten y de, sobre todo,
que su atención no solo se enfoque en el problema que tienen o en la enfermedad, sino que sirva de un respiro para mejorar su bienestar a todos los niveles: paciente, cuidador y profesional", cuenta Sánchez a este periódico, detallando que estos talleres son también para los
familiares y cuidadores de los pacientes de cáncer.
Para ponerlos en marcha, primero pasan la supervisión de los profesionales asistenciales, que suelen probarlos antes para asegurarse de que es el más adecuado y tiene "un mínimo de calidad". Con la aprobación, se procede a
añadirlo a un programa mensual según la disponibilidad del lugar donde se impartirá como de la persona que dictará el taller. Según ha detallado la especialista en Cuidados Paliativos, se intenta que no sean sesiones "muy largas" para que los pacientes "
no se cansen".
Importancia en la financiación de estas actividades
Si bien estas actividades "no valen para todo el mundo ni todos las quieren", sí es importante que estén a disposición de pacientes y cuidadores. "Es una manera de atención más integral y, por lo tanto, más beneficiosa, que va a aportar
bienestar psicológico y va a ayudar a gestionar mejor las emociones, a disminuir la ansiedad y miedos o permitir periodos de descanso, de distracción y desconexión ante una enfermedad como el cáncer", destaca Sánchez. En ese sentido, señala que aunque "no es un tratamiento en el que hay una investigación científica", sí aporta al paciente y "
le ayuda a estar mejor y afrontar mejor su enfermedad".
Por ello, la importancia de implementar programas de este tipo que
estén financiados y que cubran al personal dentro de una plantilla pública, explica. "Todo esto es posible gracias a que a través de la Comisión de Humanización del hospital y por la dirección, misión, visión y valores del centro,
se favorece que tengamos estas actividades que se van coordinando entre unos y otros, entre los profesionales, pero esto no está cubierto por un sistema público", cuestiona la médico de Cuidados Paliativos.
Ahí es donde está, tal como destaca, la "grandeza" de estas iniciativas y "sobre todo, la importancia de que la institución pública
las favorezca y facilite".
La arteterapia en los pacientes oncológicos
La
arteterapia es una disciplina que usa las artes visuales y creativas para mejorar el bienestar físico, emocional y social. Está reconocida e introducida en el sistema de salud de países como Estados Unidos y Canadá, y en vías de reconocimiento en otros casos. "Es una
disciplina terapéutica muy concreta cuyo principal canal de comunicación es el
arte y la acción", así la define Ana Serrano Navarro, arteterapeuta y docente de la Universidad Complutense de Madrid.
En este taller se destilan las emociones mediante un proceso creador con el acompañamiento de la terapeuta, que tiene el papel de garantizar el "encuadre terapéutico" para servir de "sostén" y escucha para el paciente, haciendo del espacio de creación un lugar seguro, según subraya Ana Serrano, quien también detalla que tras un diagnóstico de cáncer sobrevienen procesos que pueden dejar "parada" a una persona. En esa situación, este tipo de terapias ayudan a "revisar" cuál es la identidad de cada uno, más allá de la enfermedad. "Es un aspecto muy existencial, con grandes preguntas sobre lo que nos sucede. La gente se pone a crear, a colorear, a dibujar, y, en ese proceso de creación, que no está centrado en hacer una producción artística, intervienen factores que ayudan a determinar lo que nos sucede, qué cosas nos bloquean", dice.
Para Ana, es "absolutamente necesario" que se pueda acceder a este tipo de talleres, para que las personas que están viviendo un proceso de cáncer puedan "expresarse con libertad". "La sanidad pública es un sistema absolutamente maravilloso que está haciendo un
trabajo excepcional, pero que, de alguna forma, podemos reconocer que en esta parte de acompañamiento emocional y existencial, aún quedan lugares y disciplinas en las que podemos entrar", zanja.
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