Pasillo de un Servicio de Urología. Gemini IA.
Los pasillos de la planta de
Urología del
Hospital General Universitario Gregorio Marañón todavía guardan el eco de los aplausos del pasado 16 de enero. Aquella mañana, entre lágrimas, café frío que se quedó esperando y un ramo de flores que temblaba en las manos de Carlos Hernández, se cerró una era.
Treinta y cinco años como jefe de Servicio no se borran con una firma en los papeles de la jubilación; se quedan flotando en el ambiente, impregnados en las paredes de los quirófanos y en la memoria de un equipo que, más que colegas, eran —y son— su "segunda familia", como él mismo reconoció.
Pero la Medicina de un gran hospital público no se detiene, aunque el corazón se encoja. Cuatro meses después de aquella despedida que conmovió al centro sanitario, la burocracia ha tenido que hacer su trabajo.
La Dirección-Gerencia del Gregorio Marañón ha publicado la resolución oficial para cubrir, de forma provisional, esa plaza de Jefe de Servicio que ha quedado huérfana de un gran referente.
Un despacho con historia y un listón invisible
Para los aspirantes, la convocatoria no es un simple trámite administrativo ni un ascenso en la
carrera profesional; es el reto de ocupar un despacho que respira historia. Quien asuma el cargo no solo heredará la
gestión de las listas de espera o la organización de las
guardias de 24 horas —esas que tantas noches alejaron a Hernández de sus propios hijos—, sino también el peso invisible de un legado imponente.
Heredará la responsabilidad de mantener al Marañón en la vanguardia de la
cirugía robótica y de los
trasplantes de riñón, técnicas que Hernández impulsó cuando el hospital aún despertaba a la modernidad. Pero, sobre todo, heredará el factor humano: el compromiso de mirar a los ojos al paciente antes de encender el bisturí y de seguir formando a los jóvenes
MIR con la misma pasión con la que el padre de Carlos, un médico rural, le contagió a él el amor por este oficio.
El Gregorio Marañón busca un nuevo líder, pero en los cafés de primera hora, los adjuntos y enfermeros lo tienen claro: se convoca una plaza, se busca un cirujano, pero el hueco humano que dejó el hombre que se retiró "a lo Toni Kroos", con el orgullo intacto y el cariño de su gente, ese tardará mucho tiempo en ocuparse.
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