Mantiene un fuego cruzado constante con sus críticos y especialmente con Ana Sánchez Atrio.

¿Quién es Asunción Rosado, la ‘lideresa’ de Chillón?


15 feb. 2016 13:10H
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POR REDACCIÓN
Desde que en 2012 Miguel Ángel Sánchez Chillón se quitase el traje de vocal de Atención Primaria del Colegio de Médicos y tratase de deshacerse de su pasado a las órdenes de Juliana Fariña, una sombra ha acompañado a este médico de familia en la carrera por ser presidente de la corporación madrileña: Asunción Rosado. Pero, ¿quién es esta mujer inseparable de Sánchez Chillón, de la que ya se comenta que es la auténtica ‘lideresa’ de la candidatura?
Es, como Chillón, médico de familia, en este caso de un centro de salud de Villaverde. Sus pacientes no parecen muy contentos con ella, según se puede comprobar en internet en los portales que hay de valoración sobre los facultativos. “De cariñosa y amable tiene poco”, “parece que le aburre estar en su trabajo, trata con soberbia a sus pacientes”, “no sabe escuchar lo que te pasa”, “parece aburrida y distante. No sabía que medicamento recetarme y tuvo que consultar en un libro de Medicina”, la dibujan algunos que han pasado por su consulta. “Me parece una doctora muy competente y con muy buen ojo clínico”, dice otro, anónimo, que ofrece una perspectiva más positiva de esta gallega que en su perfil de Twitter reniega de la capital de España: “trabajando en Madrid, aunque preferiría estar en Galicia”.

‘Tuitera’ empedernida, su perfil refleja a una mujer complaciente con quien le da la razón y faltona con sus críticos. Insultos como “tonto” o “gilipollas” son algunas de las respuestas a estos últimos. También los médicos de hospital son protagonistas de vez en cuando en su ‘timeline’, con reproches hacia ellos (“A la urgencia hospitalaria le corresponde tomar decisiones y no practicar medicina defensiva”). Incluso fue protagonista de una polémica con el Hospital 12 de Octubre por una e-mail que mandó a la subdirectora de Continuidad Asistencial quejándose de un compañero urgenciólogo por un paciente derivado, y que habría enviado con copia a un buen número de médicos de familia para apuntarse el tanto.
Pero su némesis es la reumatóloga Ana Sánchez Atrio, vicepresidenta del Icomem durante los cuatro últimos años y candidata a la presidencia en las elecciones del 18 de febrero. Rosado se faja casi diariamente con ella a través de las red social de los 140 caracteres con menciones directas a su perfil. La llega a acusar incluso de que en una asamblea llamara “reiteradamente ‘señor Oso” al vocal de Jubilados de la candidatura que encabeza Sánchez Chillón, y que se llama Ángel de nombre… y Oso de apellido. Con Sánchez Atrio protagonizó otro de sus contrasentidos ‘históricos’. Después de criticar duramente la figura del Defensor del Médico del Icomem, insistiendo machaconamente en que no servía para nada, soltó en Twitter que Atrio había intentado grabar una consulta hecha por la propia Rosado al… Defensor del Médico del Icomem.
Un estilo que ha contagiado a Chillón
Sánchez Chillón, con Asunción Rosado a su lado, ha sufrido una transformación evidente. Ha pasado de ser un tímido vocal de Atención Primaria, educado, pero que rehuía las llamadas de los periodistas que se interesaban por la situación del Icomem en los tiempos tenebrosos de Juliana Fariña, a contagiarse del estilo polémico y de tono agresivo de Rosado. En el entorno colegial se comenta incluso de que no es Sánchez Chillón, sino ella quien lidera desde 2012 la candidatura que entonces perdió contra la psiquiatra militar Sonia López Arribas. Fue Rosado quien aquel 24 de mayo no pudo contener por la rabia las lágrimas de la derrota, pero Sánchez Chillón la consoló con un ramo de flores que trajo posterior polémica porque algún medio insinuó que podría haber sido pagado con el dinero del propio colegio. De aquella candidatura de 2012, que estaba tan unida y que era una piña de amigos (según dijeron en la presentación), repiten ellos dos y otros tres más. Los ocho restantes son caras nuevas.
En cualquier caso, Rosado no ha variado ni un ápice su forma de ser en estos cuatro años de vida pública. Tal vez su pasión por el ‘running’ le hace pensar que tarde o temprano alcanzará la meta de poder ser presidenta (o quizá con ‘lideresa’ se conforme) para saldar las cuentas pendientes que tiene abiertas con Atrio, sus críticos y demás ‘trolls’ con los que alimenta el fuego de su perfil de Twitter.

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