El sistema sanitario no suele adquirir este producto, optando generalmente por sillones reclinables

Un sofá cama para el acompañante de hospital: esto cuesta quitar el sillón
Imagen de una habitación de hospital. (Fotografía de Europa Press).


Mejorar el descanso del acompañante hospitalario tiene un precio medible. En el caso del suministro de nuevos sillones para el Hospital Universitario de Ceuta, que se acaba de aprobar y, por tanto, sirve de magnífico ejemplo para estos cálculos, sustituir los sillones individuales reclinables por sofás cama adaptados al entorno sanitario habría elevado el coste de esa partida en torno a un 28 por ciento, según una estimación realizada a partir del contrato firmado y de precios conocidos por Redacción Médica en el sector.

El cálculo parte del contrato formalizado por el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria para el suministro de sillones individuales reclinables de paciente o acompañante en el Hospital Universitario de Ceuta. El documento contempla finalmente 234 unidades: 128 sillones individuales y 106 sillones individuales con portasueros. En este caso, aplicando la estimación del sofá cama se aplica solo a los primeros, al tratarse de los asientos que encajan de forma más directa con el uso del acompañante, se puede estimar el sobrecoste indicado.

El contrato fija para esos 128 sillones individuales un precio unitario de 703,50 euros, con un importe total de 90.048 euros. A esta partida se suma otro bloque distinto: 106 sillones individuales con portasueros, más vinculados al uso del paciente, con un precio unitario de 743,70 euros y un importe de 78.832,20 euros. El importe máximo global del contrato asciende a 168.880,20 euros con IPSI incluido.

El contrato no contempla la alternativa del sofá cama ni identifica un modelo concreto de este tipo de mobiliario. Sin embargo, según ha podido conocer Redacción Médica de fuentes del sector empresarial dedicado al suministro de mobiliario hospitalario al Sistema Nacional de Salud, un sofá cama adaptado al entorno sanitario supondría unos 200 euros más por unidad respecto al sillón individual reclinable.

Aplicado solo a los 128 sillones individuales sin portasueros, el sobrecoste sería de 25.600 euros. Con esa estimación, la partida específica destinada a estos sillones pasaría de 90.048 euros a 115.648 euros. Es decir, sustituir los sillones reclinables por sofás cama hospitalarios encarecería esta parte concreta del contrato en torno a un 28,4 por ciento.

El matiz es importante porque el contrato de Ceuta no compra únicamente sillones para acompañantes. También incluye 106 unidades con portasueros y la retirada de 190 sillones ya existentes en el Hospital Universitario de Ceuta. Por eso, el cálculo no se realiza sobre el conjunto del contrato, sino solo sobre los sillones individuales sin portasueros, que son los que pueden identificarse con mayor claridad como mobiliario de acompañante.

La comodidad sí se valora en las compras sanitarias


La comodidad, en todo caso, sí formaba parte expresa de la valoración del concurso. El expediente reservaba 21 puntos sobre 100 a este criterio, repartidos entre tres situaciones: la comodidad del sillón en posición neutra, en plena extensión para el descanso nocturno y en posiciones intermedias. Cada apartado podía recibir hasta siete puntos. En términos prácticos, el pliego reconocía que estos sillones no son solo mobiliario auxiliar, sino también un espacio de estancia prolongada.

Además de la comodidad, la licitación valoraba la facilidad de movimiento y traslado del sillón, tanto vacío como con una persona encima; la facilidad para transferir al paciente del sillón a la cama y viceversa; la compatibilidad con tareas de enfermería, como coger vías, tomar constantes o extraer sangre; y la robustez de los mecanismos y partes móviles. Pero la comodidad era el criterio técnico con más peso dentro de los juicios de valor: 21 de los 37 puntos técnicos.

La cifra da dimensión económica a una escena habitual en las habitaciones hospitalarias: la del familiar que pasa la noche junto al paciente en un sillón reclinable. Familiares o amigos del paciente que acumulan horas de espera y descanso interrumpido entre luces, ruidos, rondas clínicas y monitores. El sillón del acompañante, ese duro amigo que no desaparece, también tiene precio. Y, en este caso, convertirlo en sofá cama habría supuesto alrededor de un 28 por ciento más sobre la partida destinada a los sillones individuales.
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