Estas terapias, dirigidas a pacientes con cáncer y no preventivas, podrían beneficiar al melanoma y cáncer de páncreas

Alfredo Corell, inmunólogo en el Hospital Virgen del Rocío y catedrático de en la Universidad de Sevilla.


El anuncio de China de la creación de la primera planta de vacunas personalizadas contra el cáncer asistidas por Inteligencia Artificial ha despertado expectación al prometer reducir a apenas un día el diseño de estos tratamientos. Sin embargo, los expertos piden poner el avance en contexto: la verdadera novedad no son las vacunas en sí, sino el uso de la IA para agilizar una parte concreta del proceso. En este contexto, Alfredo Corell, inmunólogo en el Hospital Virgen del Rocío y catedrático de en la Universidad de Sevilla, explica en Redacción Médica que España podría desarrollar una planta similar si contara con la inversión necesaria. 

Este tipo de terapias "no tienen nada que ver con el concepto de vacuna que conocemos", asegura. Y es que no son vacunas preventivas como las utilizadas frente a enfermedades infecciosas ni como la del virus del papiloma humano (VPH), que previene determinados tumores. Se trata de tratamientos personalizados dirigidos a pacientes que ya tienen o han tenido cáncer y cuyo objetivo es entrenar al sistema inmunitario para reconocer y eliminar las células tumorales.

"El diseño no es disruptivo. Lo único realmente disruptivo es la incorporación de la Inteligencia Artificial, porque este tipo de vacunas se lleva investigando desde hace ya unos años", señala.

España: capacidad sin inversión


Por eso, a juicio del experto, en España "tenemos capacidad científica, técnica y clínica para utilizar estos productos en ensayos". "No estamos lejos desde ese punto de vista", sostiene. No obstante, insiste en que el principal condicionante sigue siendo la financiación:  "La diferencia está en el dinero".

"Hay que secuenciar muy rápido el tumor, fabricar el producto bajo normas de máxima calidad y asumir un proceso muy costoso. Si existe la inversión necesaria, España podría hacerlo", asegura.

Aun así, antes de pensar en una implantación generalizada, considera imprescindible que se desarrollen ensayos clínicos que demuestren la eficacia real de estas vacunas: "La IA acelera la búsqueda de la mejor vacuna posible, pero después hay que sintetizarla, administrarla y comprobar que realmente funciona. Ese sigue siendo el paso fundamental".

La IA reduce tiempos, pero no elimina el resto del proceso


Y es que el principal valor añadido de la IA reside en acelerar la selección de la vacuna más adecuada para cada paciente. A diferencia de las vacunas convencionales, que son iguales para millones de personas, estas terapias "se diseñan de forma individualizada". Para ello, primero "se secuencia genéticamente el tumor de cada paciente y, a partir de esa información, la Inteligencia Artificial identifica qué fragmentos del tumor tienen mayor capacidad para estimular la respuesta inmunitaria".

"Lo que hace la IA es acelerar la búsqueda de la mejor vacuna posible para ese paciente concreto. Eso ya se hace hoy con herramientas informáticas, pero lleva tiempo. La IA revoluciona precisamente esa fase de diseño", explica Corell.

Sin embargo, advierte de que reducir el tiempo de diseño no significa que el tratamiento pueda administrarse inmediatamente: "Una vez que la IA identifica la mejor opción, hay que fabricar la vacuna bajo condiciones muy estrictas y comprobar en ensayos clínicos que realmente funciona. Esa parte no desaparece".

Melanoma y cáncer de páncreas son los tumores con mayor potencial


No todos los tumores responden igual a este tipo de inmunoterapia. Según el especialista, las mayores expectativas se centran actualmente en aquellos cánceres donde el sistema inmunitario desempeña un papel especialmente relevante. "Por los datos que conocemos hasta ahora, el melanoma y el cáncer de páncreas son probablemente los tumores que más podrían beneficiarse de esta aproximación", afirma.

El melanoma constituye uno de los cánceres de piel más agresivos, mientras que el cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tumores con peor pronóstico, aunque ya existen ensayos clínicos con vacunas de ARN mensajero dirigidas a este tipo de pacientes.

El cuello de botella ya no es científico


Aunque la IA permita acelerar el desarrollo de estas vacunas, el inmunólogo considera que los principales obstáculos para su llegada a la práctica clínica son otros. "El cuello de botella es regulatorio, logístico, industrial y económico", resume.

Cada vacuna debe fabricarse específicamente para un único paciente, lo que obliga a desarrollar procesos complejos de secuenciación genética, producción bajo normas GMP y controles regulatorios muy exigentes. Además, el coste será elevado. "Es un proceso carísimo", afirma.

En este sentido, compara este modelo con las terapias CAR-T, otra inmunoterapia personalizada que ya se utiliza en algunos cánceres hematológicos y cuya logística exige enviar las muestras del paciente a centros especializados o empresas farmacéuticas para fabricar el tratamiento y posteriormente devolverlo al hospital.
Las informaciones publicadas en Redacción Médica contienen afirmaciones, datos y declaraciones procedentes de instituciones oficiales y profesionales sanitarios. No obstante, ante cualquier duda relacionada con su salud, consulte con su especialista sanitario correspondiente.