Pello Latasa, vicepresidente de SEE. Imagen de la Sociedad Española de Epidemiología
Epidemiología reclama equipos fijos de Salud Pública para combatir crisis como la de Ceuta
La SEE advierte que el riesgo epidemiológico está en el hacinamiento y reclama una respuesta sanitaria integral a los colectivos más vulnerables
"Es necesario consolidar una atención epidemiológica para atender a los menores que puedan sufrir interrupciones en sus calendarios de vacunación y a las mujeres embarazadas, ya que el proceso migratorio puede provocar interrupciones en su seguimiento prenatal". Con estas palabras, la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) analiza la crisis humanitaria y sanitaria que está sufriendo Ceuta en las últimas semanas, recordando, además, que no se reclama un refuerzo puntual de epidemiólogos por la crisis de Ceuta, sino "una estructura de Salud Pública capaz de aumentar sus efectivos ante futuras emergencias, desde crisis migratorias hasta olas de calor o incendios".
Aunque todas las situaciones de crisis pueden derivar en un problema de salud pública, Pello Latasa, vicepresidente de SEE, afirma en Redacción Médica que "el mayor riesgo para la población se debe a los determinantes de salud, principalmente sociales y ambientales, como el hacinamiento, la falta de saneamiento o de agua potable".
Estas situaciones, según el facultativo, "no suelen suponer un riesgo para la población general, sino para las personas que están en esas situaciones. Aquí es donde está el punto clave a nivel epidemiológico".
La ministra de Sanidad, Mónica García, advirtió el pasado domingo que se habían detectado casos de tuberculosis en Ceuta. Este escenario generó cierta polémica, ya que algunas personas señalaron a los inmigrantes todavía en el terreno como portadores de este tipo de enfermedades. Ante esta realidad, el especialista afirma que "utilizar las enfermedades transmisibles para generar situaciones de alarma social no es conveniente. Y, además de ser equivocado, es peligroso". Así, cuando a una persona se la discrimina y se la estigmatiza, "se desincentiva que esa persona busque ayuda y atención sanitaria cuando lo necesita".
Este panorama acaba provocando que "se retrase el diagnóstico y se dificulte la aplicación de medidas preventivas, además de perjudicar la salud de toda la población. Entonces, lo primero es evitar esa relación, porque no es correcta".
Salud mental: la otra emergencia sanitaria
La respuesta a una crisis humanitaria de estas características, sin embargo, no pasa únicamente por vigilar la aparición de enfermedades transmisibles. Latasa pone también el foco en la necesidad de atender las consecuencias psicológicas de los procesos migratorios. "Hay un tema que a veces se olvida y que también es relevante que es la salud mental, el impacto psicosocial y el estrés postraumático", señala.
En este sentido, el vicepresidente de la SEE recuerda que las personas que atraviesan estas trayectorias migratorias "han vivido y están viviendo condiciones muy duras", una realidad que afecta "no solamente a la salud física sino también a la salud mental". Por ello, considera que la atención sanitaria debe incorporar también esta dimensión y garantizar que las personas en situación de vulnerabilidad puedan acceder a los recursos que necesiten.
Entre los colectivos que requieren una atención específica se encuentran los menores y las mujeres embarazadas. "La mayoría de las personas que sobreviven las trayectorias migratorias son jóvenes y principalmente están sanas", explica Latasa, aunque advierte que determinados grupos pueden presentar necesidades concretas. En el caso de los menores, pueden haberse producido interrupciones en sus calendarios de vacunación, mientras que las mujeres embarazadas pueden haber visto alterado su seguimiento prenatal.
Una Salud Pública preparada para la crisis
Junto a la atención individual, la SEE considera fundamental que exista una estructura de Salud Pública estable, capaz de responder a situaciones de emergencia sin depender exclusivamente de refuerzos extraordinarios. Latasa señala que "más que hablar de cifras o refuerzos, lo más importante es tener una Salud Pública con estructuras sólidas".
Esto implica, según el epidemiólogo, que "las plazas existentes estén cubiertas, que estén bien dotadas, que los profesionales de epidemiología tengan condiciones laborales dignas" y que dispongan de herramientas de flexibilidad para poder contar con más personal cuando se produzca una situación de contingencia.
La reclamación, por tanto, no se limita a la crisis que atraviesa actualmente Ceuta. El objetivo es disponer de equipos fijos de Salud Pública que puedan reforzarse cuando sea necesario ante diferentes tipos de emergencias. "Cada día estamos viendo crisis de distintas casuísticas y que además son más frecuentes", apunta Latasa, en referencia a "incendios, olas de calor, crisis humanitarias, crisis migratorias, crisis de todo tipo".
Para el vicepresidente de la SEE, este refuerzo debe ser estructural y afectar al conjunto del sistema de Salud Pública. También reclama una coordinación efectiva entre las distintas instituciones para que las decisiones que se adopten durante las emergencias "atiendan principalmente a criterios técnicos".
Hacinamiento y falta de servicios básicos, el verdadero riesgo epidemiológico
En el caso de Ceuta, el principal riesgo epidemiológico se encuentra en las condiciones de hacinamiento y en la falta de servicios básicos. El contacto estrecho y prolongado facilita la transmisión de determinadas infecciones, especialmente cuando no existen circunstancias adecuadas de higiene y saneamiento.
"Cuando no hay servicios básicos, cuando no hay agua potable, baños, duchas, ropa limpia o faltan alimentos o conservación de alimentos de manera segura, pues básicamente se facilita la propagación de infecciones", explica.
Si estas condiciones se prolongan en el tiempo, podrían aumentar las infecciones digestivas, las infecciones respiratorias o las afectaciones cutáneas entre las personas alojadas y quienes mantienen un contacto más estrecho con ellas.
Por ello, Latasa sitúa en la mejora de las condiciones de habitabilidad la principal herramienta para reducir estos riesgos. "Garantizar las condiciones de habitabilidad y los servicios básicos sería como la medida más eficaz para combatir la aparición de enfermedades", concluye.
La SEE defiende así una respuesta basada en el acceso a los servicios básicos y al sistema sanitario, pero también en una Salud Pública con capacidad suficiente para anticiparse y responder a futuras emergencias. Un modelo que permita reforzar los equipos cuando sea necesario y que, al mismo tiempo, garantice una atención integral a las personas afectadas, incluida la salud mental y la atención específica de menores y mujeres embarazadas.