Hans Henri P. Kluge, actual Director Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa.
El
reto demográfico, la escasez de recursos y la transformación tecnológica marcarán el futuro de los sistemas sanitarios. La forma de entender la salud ha cambiado mucho en los últimos años. En consecuencia, los desafíos que marcarán la agenda a partir de ahora poco tienen que ver con los de hace unas décadas. El modelo sanitario, tal y como se ha entendido hasta ahora, comienza a mostrar signos de agotamiento. Con el objetivo de responder a esta nueva realidad, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha empezado a definir su hoja de ruta a través del
Segundo Programa Europeo de Trabajo 2026-2030: Acción conjunta para una mejor salud, un marco estratégico que busca “promover la salud de la población, de modo que todas las personas, independientemente de sus circunstancias, puedan llevar una vida sana y plena”.
Así, se propone
abordar los principales desafíos de salud pública, reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos, impulsar la alfabetización sanitaria y la gobernanza participativa, y adaptar los recursos y el apoyo a las necesidades específicas de cada Estado. Con todo, el gasto estimado para materializar esta hoja de ruta será de 772,3 millones de dólares (unos 675,8 millones de euros) entre 2026 y 2030, con el compromiso de
optimizar al máximo los recursos disponibles y el foco puesto en evitar el regreso de enfermedades ya olvidadas.
¿Cuáles son las prioridades de la Organización Mundial de la Salud?
Son cinco las grandes prioridades que determinarán la agenda sanitaria europea durante los próximos años. La primera pasa por
reforzar la seguridad sanitaria. Tras duplicarse las emergencias de salud notificadas en la última década, el organismo apuesta por mejorar la preparación y la respuesta ante futuras crisis, consolidar el enfoque
One Health y evitar el
resurgimiento de enfermedades prácticamente erradicadas, como la polio o el sarampión.
La segunda prioridad se centra en las
enfermedades no transmisibles (ENT) y la salud mental. Estas patologías provocan el 80 por ciento de las muertes evitables en la región, por lo que la OMS reclama reforzar las políticas de prevención y situar la salud mental en el centro de las
estrategias sanitarias, ya que afecta a al menos 110 millones de personas.
El envejecimiento de la población es el tercer gran desafío. Europa es la región más envejecida del mundo y, según las previsiones, una de cada tres personas tendrá más de 60 años en 2050. Ante esta realidad, la organización plantea impulsar políticas que promuevan un
envejecimiento saludable y garanticen la atención a lo largo de toda la vida.
La crisis climática ocupa el cuarto lugar entre las prioridades. La OMS demanda sistemas sanitarios más resilientes, capaces de adaptarse a los efectos del cambio climático y de
reducir su impacto ambiental. Por último, el organismo pone el foco en la transformación de los sistemas de salud para hacer frente a la escasez de profesionales. Para ello, apuesta por aprovechar el potencial de los datos, las tecnologías digitales y la
inteligencia artificial con el objetivo de mejorar la asistencia sanitaria y aumentar la eficiencia de los sistemas.
¿Cuál es la estrategia de la OMS para lograr el cambio del SNS?
Más allá de estas prioridades, la OMS identifica varios ejes transversales para hacer posible la transformación de los sistemas sanitarios. Entre ellos, destaca la lucha contra la violencia contra las mujeres y las niñas; el refuerzo de la
Atención Primaria y el impulso de la salud digital y la
inteligencia artificial, cuyo desarrollo deberá ir acompañado de marcos regulatorios sólidos y de una mayor confianza de la ciudadanía.
Con todo, la organización advierte de que mantener el modelo actual ya no es una opción y defiende la transición hacia una atención más integrada, comunitaria y centrada en la persona.
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