Presentación del informe 'España a la vanguardia: retos y desafíos para mantener el liderazgo en ensayos clínicos'
El tablero geopolítico sitúa a Europa en una posición decisiva: la inversión en
ensayos clínicos encadena una tendencia a la baja en el continente, en contra de lo que ocurre en potencias como Estados Unidos y China. El informe
España a la vanguardia: retos y desafíos para mantener el liderazgo en ensayos clínicos, elaborado por
Bristol Myers Squibb (BMS) y presentado este martes en el
Congreso de los Diputados, advierte de que, si persisten las actuales barreras administrativas y los niveles de
inversión empresarial en I+D no aumentan, las consecuencias podrían ser muy graves.
Según las proyecciones de este trabajo, España podría dejar de atraer hasta
2.743 nuevos empleos de alta cualificación de aquí a 2040, con un impacto social negativo estimado en
1.262 millones de euros en salarios y cotizaciones no generadas. Pero esto no es todo. De mantenerse esta tendencia, la pérdida de riqueza potencial ascendería a
3.767 millones de euros en 2050. Durante la presentación,
Mónica Ausejo Segura, directora de Market Access & Government Affairs de BMS Iberia, ha subrayado la necesidad de “impulsar iniciativas en materia regulatoria” y ha defendido que el acceso a medicamentos innovadores es clave para reducir las
desigualdades en salud.
Ausejo ha insistido en que Europa afronta un “
momento regulatorio decisivo en materia de medicamentos”. En este contexto, se pone en marcha una nueva etapa para aprovechar una
oportunidad estratégica en la que España puede situarse a la vanguardia.
Un instante en la presentación del informe.
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La inversión clínica necesita un triple objetivo
La
Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (Aseica) y la
Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) también han participado en la elaboración del informe. Sus representantes han puesto el foco en la necesidad de incorporar nuevos tratamientos y garantizar un acceso equitativo.
“Nos encontramos ante una situación de falta de recursos y de inequidad”, ha señalado
Manuel Arellano, vicepresidente de la POP. Las barreras burocráticas dificultan este acceso: España tarda una media de 616 días en poner a disposición de los pacientes los medicamentos tras su aprobación por la
Agencia Europea de Medicamentos (EMA).
Por su parte,
Rafael López ha defendido la necesidad de reforzar la investigación y el desarrollo de nuevos fármacos a través de ensayos clínicos, con una estrategia basada en una triple acción: mejorar el
tratamiento impulsando la participación en ensayos; avanzar en el
diagnóstico, con herramientas más precisas y personalizadas; y fortalecer la
prevención, un ámbito que, según ha destacado, ofrece “un terreno infinito” para la
investigación.
Situación y desafíos de la investigación clínica en la UE.
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Retos en la investigación clínica de España
Juan Estévez Álamo, jefe de la División de Ensayos Clínicos de la
Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), ha defendido el papel del regulador en la aprobación de los ensayos clínicos y su función como garante de calidad, transparencia y seguridad. En referencia al reglamento europeo, ha defendido que su objetivo es ganar eficiencia como sistema común. Sin embargo, ha admitido que
“se necesitan cambios”.
Ha asegurado que España supera todos los estándares europeos y ha logrado mantenerse como líder en
ensayos clínicos pese a la tendencia descendente en el resto del continente. “Es una gran noticia, pero no podemos caer en la ingenuidad de pensar que seremos líderes para siempre”, ha celebrado. Ha reconocido que los nuevos tiempos de autorización han supuesto una presión añadida; por ello, las
reformas legislativas están centradas en flexibilizar procedimientos, reforzar la confianza entre países y reducir plazos. También ha puesto el foco en los modelos descentralizados: “Nadie puede quedarse atrás; el talento humano no se puede perder”, ha defendido.
En la misma línea,
Carlos Parry, líder de Healthcare Europa en LLYC, ha asegurado que el liderazgo es “un ecosistema complejo” que debe cuidarse. Así, de no haber cambios en este sentido, se estarían poniendo en riesgo 32.000 empleos y se provocarían pérdidas de hasta 3.767 millones de euros hasta 2050.
Por su parte,
Ander Gil, senior de Asuntos Públicos en LLYC, ha defendido que, en un contexto geopolítico incierto, la industria farmacéutica es un pilar estratégico para la economía española y una oportunidad única de liderazgo “si se garantiza seguridad jurídica, agilidad y mayor participación de los pacientes”.
Raquel Yotti, comisionada para el Perte de Salud de Vanguardia, también ha estado presente en estas jornadas. “Es muy importante que este debate sea plural necesitamos una visión inegrada para poder avanzar", ha defendido. Por su parte, ha asegurado que los riesgos no son nuevos y que España ha sabido adelantarse a ellos. La planificación, la inversión y la estrategia de la industria farmaceútica han sido clave para ello. "Nunca se había invertido tanto en I+D en España, pero sabemos que la amenaza es real y no podemos caer en la autocomplaciencia.
Tenemos que seguir trabajando", ha sentenciado.
La inversión clínica necesita un triple objetivo
La
Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (Aseica) y la
Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) también han participado en la elaboración del informe. Sus representantes han puesto el foco en la necesidad de incorporar nuevos tratamientos y garantizar un acceso equitativo.
“Nos encontramos ante una situación de falta de recursos y de inequidad”, ha señalado
Manuel Arellano, vicepresidente de la POP. Las barreras burocráticas dificultan este acceso: España tarda una media de 616 días en poner a disposición de los pacientes los medicamentos tras su aprobación por la
Agencia Europea de Medicamentos (EMA).
Por su parte,
Rafael López ha defendido la necesidad de reforzar la investigación y el desarrollo de nuevos fármacos a través de ensayos clínicos, con una estrategia basada en una triple acción: mejorar el
tratamiento impulsando la participación en ensayos; avanzar en el
diagnóstico, con herramientas más precisas y personalizadas; y fortalecer la
prevención, un ámbito que, según ha destacado, ofrece “un terreno infinito” para la
investigación.
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