Montaje fotográfico: Lucía Sancho.
Hace unos días el
Ministerio de Sanidad hizo públicas cifras de supuestas
listas de espera para consultas y procesos quirúrgicos en la sanidad pública española. Y decimos supuestas porque en la propia sede del Paseo del Prado, a consulta de este diario, dudan de la veracidad de los datos, y remiten a un
nuevo real decreto que se está preparando como hito para un conocimiento real de las demoras que padecen los pacientes.
A estas alturas, cuando se cumplen 40 años de la
Ley General de Sanidad y más de 20 de la norma actual que regula la información de estas demoras, es una tomadura de pelo que no tengamos capacidad de obtener unos datos de los que fiarnos para conocer un
indicador tan relevante del funcionamiento del sistema sanitario y la atención que se presta a quienes lo necesitan.
El problema además es que
nos estamos acostumbrando a hacernos trampas al solitario. En unas ocasiones da la sensación que es para sacar corriendo una nota de prensa destacando lo bien (que se supone) que algunos lo están haciendo; y en otras para dar por sentada e inamovible esa deriva de que las listas de espera son inevitables.
El falso triunfalismo o el resignado derrotismo no pueden seguir instalados en el sistema, ni en la sociedad. Los pacientes tampoco se deben contagiar de ello. Si es una
cuestión de recursos públicos, hay una red complementaria muy potente en nuestro país dispuesta a colaborar. Y si es un problema de gestión, habrá que replantearse algunas cosas del encorsetado sistema público. Pero
no podemos normalizar el hecho de que tienen que existir listas de espera, ni que se contabilicen según el criterio y la imaginación de cada actor.
La esperanza está en esa homogeneización que promete la nueva norma, como un primer paso para al menos tener una foto verdadera de lo que sucede en todo el país. Es una apuesta del Ministerio de Sanidad que deberían incluso 'vigilar' desde
La Moncloa, porque sin un acceso rápido al sistema la
universalidad se queda solo en un brindis al sol o en un eslogan.
La sociedad, los
pacientes y los profesionales deben estar muy pendientes igualmente, y exigir responsabilidades en torno a la rendición real de cuentas; porque si no es así, estamos siendo todos cómplices de que alguien nos esté tomando el pelo en un asunto tan sensible.
Y una vez que tengamos esos datos fiables, el siguiente pasó será actuar en consecuencia.
Sin demagogias, siendo críticos y constructivos, buscando soluciones reales. Porque los problemas de salud de los ciudadanos son una realidad a la que hay que dar respuesta en el ahora. A eso sí que debemos acostumbrarnos.
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