Seram propone modernizar TAC, resonancias y angiógrafos en hospitales, así como un registro español de tecnología médica

Radiología pide "renovar el 11% de equipos al año" contra la obsolescencia
Presentación de la nueva Guía para la Gestión y Renovación Tecnológica en Radiología 2026.


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La sanidad española se enfrenta a un riesgo creciente de obsolescencia tecnológica si no se produce un cambio profundo en la forma de gestionar la renovación de equipos. Es el mensaje que ha trasladado la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram) en la presentación de la nueva Guía de Renovación Tecnológica 2026, un documento que, por primera vez, ofrece una radiografía detallada y basada en datos del estado real del equipamiento diagnóstico en España. El trabajo ha introducido un indicador clave: renovar en torno al 11 por ciento de los equipos cada año.

Esta propuesta responde a un contexto de crecimiento sostenido de la demanda. "La actividad en imagen médica ha aumentado cerca de un 5 por ciento anual, lo que ha supuesto un incremento acumulado del 50 por ciento en una década", ha explicado Luis Concepción, vocal de asuntos profesionales de la Seram y autor principal de la guía, que ha indicado que, actualmente, el sistema sanitario cuenta con unos 1.275 TAC, 1.200 resonancias y 320 angiógrafos, aunque la falta de datos centralizados sigue siendo un problema estructural. "En España no existe un registro de tecnología médica", asegura.

Así, Javier López Jerez, subdirector General de Asuntos Generales y Económico-Presupuestarios del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa), también ha subrayado la necesidad de que la renovación contemple todo el ecosistema hospitalario, incluyendo sistemas informáticos y capacidad de procesamiento: "No se puede cambiar un TAC sin pensar en el resto del sistema".

Situación actual y riesgos si no se planifica

La pandemia de Covid-19 obligó a España a enfrentar de manera directa esta obsolescencia acumulada. El Plan invEAT, financiado parcialmente con fondos europeos, permitió renovar buena parte de los equipos más antiguos, pero su efecto fue temporal. Tal y como ha explicado Concepción, "la foto tras invEAT era buena, pero el tiempo pasa muy rápido y enseguida empieza a quedarse obsoleta".

En este contexto, Jerez ha señalado que la entidad ha trabajado para facilitar un proceso de renovación centralizado: "Hemos montado los acuerdos marco pensando en los pacientes, con la libertad del facultativo para elegir qué producto sanitario usar". Estos acuerdos han permitido movilizar en torno a 800 millones de euros en renovaciones, incorporando tecnología en áreas críticas como TAC, resonancias magnéticas y terapias cardiovasculares.

A pesar de estas inversiones, el déficit de compras sigue siendo preocupante. Según Concepción, "para el año 2024 y 2025 se tendrían que haber comprado 80 y 84 equipos de tomografía computerizada, y los datos que recibimos de la industria muestran que solo se han adquirido 18 y 17 respectivamente. Eso nos coloca en retraso". Lo mismo ocurre con la angiografía - de la que se adquirieron 9 equipos el año pasado cuando en realidad se necesitaban 25- y con la resonancia magnética, con 22 equipos comprados en 2025 cuando se requerían 60.

Si se continúa con la renovación histórica, el efecto de planes como invEAT desaparecerá y para 2033 más de la mitad de los equipos podrían estar obsoletos. "Es poco previsible y poco deseable depender de situaciones excepcionales como la post-Covid para recoger fondos que solventen la situación”, ha advertido Concepción. En cambio, con la tasa de renovación sostenible propuesta por la Seram, se cambiaría "el 11 por ciento de los equipos al año, situándose ligeramente por encima del 10 por ciento de equipos de más de diez años".

Impacto clínico y eficiencia


Más allá de los números, la actualización tecnológica tiene consecuencias directas sobre los pacientes. Pablo Crespo de la Cruz, secretario general de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), ha destacado que "tener tecnología no obsoleta e innovadora supone que cualquier ciudadano podrá tener un diagnóstico más preciso, predictivo y un tratamiento más eficaz, conviviendo mejor con la enfermedad".

La innovación también mejora la eficiencia del sistema sanitario: "Los nuevos equipos permiten hacer más pruebas en menos tiempo y generar eficiencias que financien futuras adquisiciones", ha añadido De la Cruz. La combinación de mejor diagnóstico, tratamientos más precisos y equipos más productivos repercute directamente en la sostenibilidad económica del sistema, garantizando que la inversión tecnológica se traduzca en valor clínico y social.

Modelo multidisciplinar a largo plazo


La nueva guía incorpora un enfoque multidisciplinar y comparativo con experiencias internacionales. "Hemos intentado incorporar una visión 360 grados, no solo de profesionales, sino también de gestores, informáticos y contratadores", ha explicado López. El documento a analiza casos de Canadá y Francia, países con sistemas centralizados que permiten planificación y renovación sostenida, incentivando la inversión en equipos de última generación.

Tanto la Seram como Fenin, Ingesa y Fundación Signo coinciden en la necesidad de preservar la equidad. "Tenemos que trabajar colaborativamente para garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a los mejores diagnósticos y tratamientos, preservando la equidad y un sistema sanitario público y privado más eficiente, sostenible y de mayor calidad", ha declarado De la Cruz.

En definitiva, la planificación debe ser sostenida, gradual y coordinada entre administraciones, sociedades científicas, industria y profesionales. "El gran reto es disponer de indicadores que nos permitan ver hacia dónde vamos y actuar a tiempo", ha concluido Concepción, sintetizando la esencia de la nueva guía.

Contexto histórico: de la crisis a la obsolescencia


Aunque el problema de obsolescencia en España tiene raíces históricas profundas. Según ha recordado Ignacio López, patrono de la Fundación Signo, "prácticamente desaparecieron los recursos para invertir en tecnología estructural" tras la quiebra de Lehman Brothers y la consiguiente reducción del gasto público a partir de 2010. Esta falta de inversión hizo que los equipos adquiridos en los años previos envejecieran sin ser sustituidos, colocándose España entre los países europeos con mayores niveles de obsolescencia.

A esto se sumó la creciente demanda asistencial y la llegada de innovaciones tecnológicas que los profesionales no podían utilizar plenamente. "Las tecnologías que se lanzaban no estaban en manos de los profesionales para usar con los pacientes", ha recordado, subrayando que la combinación de envejecimiento de equipos y limitación de recursos generó una situación crítica que afectó tanto a la calidad asistencial como a la eficiencia del sistema.
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