Los especialistas analizan las medidas que el SNS debe tomar para integrar este cribado dentro de los Servicios

"España no está preparada para ampliar la edad en cribados de mama"
Marina Álvarez Benito, radióloga especialista en mamá de la Seram; e Isabel Echavarría, oncóloga y secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM),


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El Sistema Nacional de Salud (SNS) ampliará el cribado de cáncer de mama y extenderá el rango de edad actual, situado entre los 50 y los 69 años, hasta los 45 y los 74. Desde la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram) valoran positivamente esta ampliación, ya que “existe evidencia de que esos grupos de edad se benefician de participar en el programa”. Aunque consideran que se trata de una medida preventiva coste-efectiva para el sistema, temen que no esté preparado para asumir dicho cambio y la falta de recursos pueda lastrar su implantación. 

Marina Álvarez Benito, radióloga especialista en mama de la Seram sostiene que esta ampliación era necesaria porque, hasta ahora, “el cribado no cubría los grupos de edad que se han integrado, por lo que esas mujeres intentaban entrar en el circuito diagnóstico para realizarse una mamografía”.

Isabel Echavarría, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) coincide en el equilibrio entre inversión y coste que destila esta suma de pacientes, "incluso por encima de la estrategia actual", señalando como referencia el informe de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del Sistema Nacional de Salud (RedETS). La también oncóloga médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, se refiere también a la evidencia científica disponible, la cual, sugiere que "el cribado en mujeres de 39-49 años podría reducir la mortalidad por cáncer de mama", aunque sin alcanzar "significación estadística" en parte porque muchos de los estudios realizados "empleaban técnicas mamográficas hoy obsoletas".


Falta de recursos 


No obstante, desde el punto de vista logístico, el colectivo de radiólogos advierte de que el SNS no está preparado para este cambio, ya que no se cuenta aún con las herramientas y profesionales para el rango que se abarca actualmente en cada comunidad”. Ante esta situación, Seram considera imprescindible “realizar una planificación de recursos y de medidas organizativas necesarias para dar respuesta a esta ampliación, y que se cuente para ello con los profesionales implicados”. 

Uno de los principales problemas que denuncia la Seram es la falta de especialistas. Según advierte la radióloga, esta medida “obliga a aumentar los recursos en los Servicios de Radiología, porque aumentará no solo el número de mamografías de cribado a interpretar, sino también el número de mujeres que, después de la mamografía de cribado, necesitan pruebas complementarias en la unidad de referencia, así como el número de biopsias”. Pese a estas necesidades, la facultativa está convencida que el sistema es coste-efectiva si se implanta gradualmente".

Medidas para integrar este cribado en el SNS


Entre las medidas prioritarias para garantizar que esta ampliación pueda desarrollarse con calidad, rapidez diagnóstica y equidad entre comunidades autónomas, Álvarez destaca que “las comunidades autónomas pueden compartir experiencias y medidas organizativas, dado que existe una red de cribados en la que participan todas las comunidades, y las sociedades científicas son una buena vía para transmitir la visión de los profesionales a nivel nacional”.

La especialista explica que la incorporación de estos nuevos grupos de edad permitirá “un diagnóstico de tumores en estadios iniciales, dado que estos tumores se acompañan de mejor pronóstico y supervivencia que tumores más avanzados”. Además, recuerda que los tumores detectados de forma precoz “se abordan con tratamientos menos agresivos, potenciando la cirugía y el manejo conservador de la axila, y eso tiene mucho impacto en la calidad de vida de las mujeres”.

La especialista también considera fundamental que la implantación de esta ampliación se lleve a cabo de forma progresiva, de manera que permita disponer de “tecnología que facilite el diagnóstico, especialmente en mujeres más jóvenes y, por tanto, con mayor porcentaje de mamas densas. También será de ayuda contar con tomosíntesis o sistemas de inteligencia artificial”. Por último, la radióloga de la Seram subraya la importancia de disponer de herramientas de soporte adecuadas, como “RIS o PACS y sistemas de lectura de mamografía de cribado”.


Tratamientos menos agresivos 


Inicialmente esta estrategia puede producir, según Echavarría un "aumento de diagnósticos de tumores y lesiones premalignas, con una posterior estabilización", pero que la detección en estadios más precoces permitirá "tratamientos menos agresivos, tanto quirúrgicos como sistémicos", pudiendo incluso evitar en algunos casos quimioterapia u otros tratamientos adyuvantes indicados en enfermedad localmente avanzada.

Álvarez recuerda que “la Comisión Europea para cáncer de mama recomienda el cribado en estos grupos de edad, así como RedETS. En este punto, Echavarría matiza lo vertido en este informe, el cual, "no evidencia una mejora clara en la supervivencia al ampliar el cribado de 45 a 50 años, aunque con un nivel de evidencia bajo, y sí un aumento de rellamadas y biopsias". Aún así, también recoge "un mayor diagnóstico de tumores en estadios iniciales en mujeres jóvenes".

En este sentido, la oncóloga recuerda que "la reducción absoluta del riesgo en este grupo de edad es menor que en mujeres de mayor edad, lo que implica un balance más estrecho entre beneficios y daños". Por ello, considera que "la decisión sobre el inicio del cribado debe incorporar una toma de decisiones compartida, teniendo en cuenta tanto los beneficios -por ejemplo la reducción de mortalidad y diagnóstico precoz- como los posibles efectos adversos, como falsos positivos, sobrediagnóstico o biopsias innecesarias".

Con todo ello, y teniendo en cuenta el aumento de la incidencia del cáncer de mama en mujeres jóvenes a nivel mundial, así como el incremento de la esperanza de vida, la especialista apunta que la ampliación del cribado "tiene sentido" desde el punto de vista clínico y poblacional.
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