Celso Arango y Francisco Ferre Navarrete.


14 jun. 2022 14:00H
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POR IVÁN FERNÁNDEZ




Los nuevos dispositivos móviles, sus aplicaciones y las posibilidades que ofrece internet están estrechamente ligadas a las adiciones comportamentales. La gran accesibilidad a través de un solo clic a los juegos de azar o múltiples videojuegos facilitan que proliferen este tipo de adicciones, sin embargo, según resaltan los psiquiatras, la tecnología no es la “causa” sino la vulnerabilidad del individuo y su predisposición a los problemas de salud mental. Por ello, desde la especialidad reclaman que no se demonice la tecnología y los profesionales se formen en su uso para reducir la subjetividad en el diagnóstico y en los ensayos clínicos, así como su uso en los tratamientos.

“Internet no es malo ni es adictivo. Nos puede llevar a tener problemas, pero no es la causa. Vivimos en un mundo digitalizado y debemos convivir con estos aparatos. Estos pueden ser de una gran ayuda para los pacientes de salud mental. No hay que demonizar las tecnologías, todo depende de la vulnerabilidad del paciente y su capacidad adictiva.”, aclara Francisco Ferre Navarrete, presidente del comité organizador de la VI Jornada de adicciones comportamentales y patología dual.

Celso Arango, director del Instituto de Psiquitría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón.


En ese sentido, Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Gregorio Marañon, hospital que ha acogido la jornada, entiende que la tecnología siempre va a implicar “amenazas”, pero es “importante” que la Psiquiatría se centre en los beneficios. “Como profesionales de la salud mental que vemos las cosas cuando están mal, no hay que olvidarse de que hay una cara buena”, detalla el experto.

Para Arango, la medicina está ante la oportunidad de llegar allí donde siempre lo ha tenido más difícil, ya que incluso en los países en vías de desarrollo el grado de digitalización es muy alto. “Los dispositivos, utensilios y aplicaciones son una oportunidad para la medicina. La pandemia solo ha acelerado un proceso que estaba ahí”, asegura el experto.

En cuanto a las posibilidades, identifica tres aplicaciones que son fundamentales: de medición, principalmente biomarcadores digitales a través de sensores; diagnósticas, inteligencia artificial, computación y algoritmos; y de tratamiento: terapias virtuales y a través de aplicaciones.

Sin embargo, para aplicar estas bondades hace falta una formación en el uso de estas tecnologías. Algo que, según  Arango, todavía es una tarea pendiente entre los profesionales de la salud mental: Se necesita formación y mucha. Tenemos que tener especialistas en telepsiquiatria práctica. No todo el mundo tiene el interés y el conocimiento y estamos hablando de algo que está aquí para quedarse, por lo que la formación es fundamental”.

Beneficios de la tecnología para plasmar el conocimiento clínico


Desde Psiquiatría también han puesto sobre la mesa el papel de la tecnología para reducir el gap entre “conocimiento y capacidad de aplicarlo”. “Cada día se publican decena de artículos, pero no cada día aparecen nuevos tratamientos con indicación y eficacia demostrada”, reivindica Arango, quien cree que la subjetividad está “tremendamente” presente en el diagnóstico de Psiquiatría y la investigación de nuevos tratamientos: “Medimos todo en base a escalas que van del 0 a 100 y no tenemos los biomarcadores que nos permitan identificar que pacientes van a responder o no al tratamiento”.

Por ello, el especialista cree que “muchas de las dificultades” puede ser reducidas por la tecnología. En concreto, considera que puede ayudar a la elección de los participantes de un estudio o tratamiento, a identificar las variables principales en base a biomarcadores digitales, a reportar la adherencia al tratamiento y a una prevención temprana que no se puede lograr a través de un análisis clínico. “El reto es la conversión a su utilidad práctica”, explica Arango.

Los videojuegos, la gran adicción entre los jóvenes


“Estamos en la era de los videojuegos y su influencia cognitiva emocional. El videojuego es un creador de experiencias e inductor de emociones que van desde el estrés y la irritabilidad al placer”, detalla Ignacio Civeira, psiquiatra del equipo de adicciones comportamentales del Gregorio Marañón.

El facultativo tiene claro que Psiquiatría debe incorporar una nueva pregunta en su análisis diagnóstico. “Tenemos que incorporar la pregunta de si se juega a videojuegos y por qué. Tenemos que adelantarnos creando modelos que averigüen que persona es potencial usuario y cual puede verse afectado. Al final estamos hablando de vulnerabilidad”, asegura Civeira.

Francesc Rodríguez, psiquiatra y miembro del grupo de Investigación TXP.


En cuanto al tratamiento, Civeira coincide con Francesc Rodríguez, psiquiatra en el hospital provincial de Castellón y miembro del grupo de Investigación TXP, en que el abordaje integral con la familia es fundamental. “Lo ideal es la terapia cognitiva conductual junto con una terapia familiar”, explica Rodríguez. Mientras que Civeira resalta que la solución es la familia. “Al final los videojuegos son un sustitutivo a esa falta de interacción familiar, por lo que es clave tener tiempo de calidad entre padres e hijos”.

Otro de los aspectos en los que coinciden ambos expertos, es en que los padres impongan límites. “Hay que poner controles para que disfruten de los videojuegos en su justa medida”, detalla el psiquiatra del Marañón. Mientras que Rodríguez, quien considera que la prevención es clave para evitar más casos, apuesta por enfatizar la psicoeducación por parte de la familia ante los síntomas de alarma como obsesión o ansiedad por jugar o la falta de control en el tiempo de juego. Por ello, el experto considera “fundamental y como factor protector” que los padres pongan límites y horarios claros al juego.

Nuevas fórmulas comunicativas para la prevención en jóvenes


Por su parte, Ana Ordoñez, especialista en medicina Preventiva y Salud Pública en el Instituto de Adicciones de Madrid Salud, ha resaltado que en el ámbito preventivo se debe “optimizar” cómo se contacta con los más jóvenes: “Venimos de un modelo de prevención de intervención en el aula que la evidencia ha demostrado que es muy difícil de optimizar. Necesitamos un modelo interactivo para llegar a los más jóvenes. Es el cambio más disruptivo introducido en las últimas estrategias”.

Ana Ordóñez, especialista en Mediciona Preventiva y Salud Pública en el Instituto de Adicciones de Madrid Salud.


Ordoñez tiene claro que es para reducir estas adicciones, es necesario establecer y reforzar la vinculación con adolescentes y jóvenes. “Esto no se consigue hablando desde el púlpito, debemos interactuar con su entorno y a través de nuevas fórmulas de comunicación gestionadas por expertos en prevención. Tenemos que optimizar nuestros servicios para que los grupos que estén afectados tengan posibilidad de comunicarse con nosotros. Que nos cuenten cuáles son sus problemas y a partir de ahí montar nuestros mensajes clave”.

Celso Arango; Néstor Szerman Bolotner, presidente WADD; Francisco Ferre Navarrete, presidente del comité organizador de la Jornada; Antonio Zapaterio Gaviria, viceconsejero de Asistencia Sanitaria y Salud Pública de la Comunidad de Madrid; Joseba Barroeta Urquiza, gerente del Gregorio Marañon; Joan Ramón Villalbí, delegado del Gobierno para el Plan Nacional de Drogas; y Antonio Prieto Fernández, gerente de Madrid Salud.


Ricardo miguel Hoddan Caudevilla, psicólogo de la futura Adcom Madrid; e Ignacio Civeira. psiquiatra del equipo de adicciones comportamentales del Gregorio Marañón.


Francisco Ferre Navarrete, Sergio Mora Ocaña, expaciente; e Ignacio Basurte, director médico de la clínica López Ibor.


Jesús Diaz Rocillo, psicólogo del Instituto Psiquiatría de Montreal y Francisco Ferre Navarrete.


Francesc Rodríguez, Beatriz Mesías; subdirectora General de Adicciones del Instituto de Adicciones Madrid Salud, Ignacio Civeira; y Ana Ordóñez.


Carlos Roncero, presidente de la Sociedad Española de Patología Dual y Néstor Szerman Bolotner.


Francisco Ferre Navarrete y Joseba Barroeta Urquiza. 


Francisco Ferre Navarrete.


Joan Ramón Villalbí. 


Antonio Prieto Fernández.


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