La mayoría de las infecciones por el virus del papiloma humano no causan síntomas ni enfermedad

El VPH infectará a casi todas las personas en algún momento de su vida
Cinta Daza Manzano, responsable del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud Huelva.


03 mar 2022. 12.00H
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El virus del papiloma humano (VPH) es el causante de la infección más común transmitida por vía sexual y afectará prácticamente a todas las personas sexualmente activas.

Desde el servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud Huelva, Cinta Daza Manzano explica que ‘la alta incidencia y prevalencia del VPH se da tanto en mujeres como en hombres al inicio de la vida sexual’ pero es importante aclarar, indica la especialista, ‘que la mayoría de las infecciones genitales por VPH son asintomáticas y normalmente eliminadas por el cuerpo en 1 o 2 años sin consecuencias, si la función inmune es adecuada’.

Solo en reducidas ocasiones las infecciones persistentes con tipos específicos de VPH (frecuentemente el 16 y 18) pueden derivar en lesiones precancerosas con una posible progresión muy lenta a un cáncer cervical’.

¿Cómo se transmite el VPH?


El VPH se contrae a través de las relaciones sexuales de tipo vaginal, anal u oral con una persona ya infectada. Apunta la doctora Daza ‘que cualquier persona sexualmente activa puede contraerlo, aunque haya mantenido relaciones sexuales con una única persona’.

Con relación a los síntomas de la enfermedad, no es necesario presentarlos para ser contagioso, es decir, una persona infectada por VPH, pero asintomática, es igualmente contagiosa ya que éstos pueden presentarse años después de haber contraído el virus.

¿Qué síntomas presenta el VPH?


En la mayoría de las ocasiones el VPH es eliminado por el sistema inmune sin originar problemas de salud, pero si no es así pueden aparecer los siguientes síntomas de infección:

Verrugas genitales: presentes tanto en hombres como mujeres. Ante su aparición debe consultar con el especialista.
Cáncer de cérvix: Para el desarrollo de esta enfermedad, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), asume que la infección persistente por VPH es causa necesaria.
Cáncer vulvar: El cáncer vulvar de tipo basal/verrugoso se asocia a mujeres jóvenes y conlleva factores de riesgo similares al cáncer de cérvix e infección de cérvix por VPH.
Cáncer anal: El VPH se encuentra detrás de un alto porcentaje de los casos de cáncer anal, más del 90%, siendo el VPH 16 el más prevalente.
Cáncer de cuello y cabeza- orofaríngeo: El VPH causa el 70 por ciento de los casos de este tipo de cáncer.
Cáncer de pene: Globalmente, se cree que el 40-50 por ciento de los casos de este cáncer son originados por el VPH, siendo el VPH 16 el más frecuente.

Prevención del VPH


En la actualidad existen tres vacunas que protegen contra el VPH (16 y 18), responsables de causar al menos el 70 por ciento de los cánceres de cérvix y actúan también contra otros tipos de VPH (6 y 11) responsables de las verrugas anogenitales. Este método de prevención protegería también frente a algunos cánceres de vulva, vagina, ano y orofaringe.

Indica Daza que ‘estas vacunas son más efectivas si se administran antes de comenzar una vida sexual activa, pero también son efectivas en aproximadamente un 70 por ciento de personas más mayores e incluso con una infección existente de VPH, no tratándola, pero si protegiendo frente a la reinfección’.

Actualmente, esta vacuna está incluida en el calendario de vacunación de la Salud Pública para niñas de entre 12-14 años. Además de la prevención primaria mediante vacunación, Daza incide en la importancia de realizar pruebas de cribado a mujeres mayores de 30 años con el objetivo de detectar infecciones por VPH así como lesiones cancerosas en estadios tempranos de la enfermedad.

Tipos de cribado:

Pruebas VPH: A través de una muestra celular del cérvix identifica la mayoría de virus de alto riesgo. Esta prueba está especialmente indicada para mujeres mayores de 25 años.
Citología: consiste en la extracción de una muestra del cuello uterino para su posterior análisis permitiendo el diagnóstico de lesiones preinvasoras, que con adecuado seguimiento y/o tratamiento si lo precisara, permiten la prevención de la progresión a cáncer de cuello uterino.
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