Redacción Médica
16 de octubre de 2018 | Actualizado: Lunes a las 22:00
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Mojica: "Crispr ha permitido saber las causas de hasta 6.000 enfermedades"

Ya hay una quincena de ensayos clínicos que testan esta herramienta frente al cáncer

Francisco Mojica es profesor titular de Microbiología en la Universidad de Alicante.
Mojica: "Crispr ha permitido saber las causas de hasta 6.000 enfermedades"
Marcos Domínguez
Miguel Fernández de Vega
Lunes, 24 de septiembre de 2018, a las 13:10
Francisco Martínez Mojica es uno de los ‘padres’ de la tecnología Crispr/Cas9, llamada a revolucionar la edición genética ya que es más precisa, más sencilla y más barata que las herramientas hasta ahora utilizadas en terapia génica.

Por su contribución, ha recibido, junto a Emmanuelle Charpentier, el galardón ‘V de Vida’, que otorga la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Redacción Médica le ha entrevistado momentos antes de recibir el premio para charlar sobre cómo funciona Crispr y su aplicación clínica, las últimas noticias sobre sus indeseados efectos secundarios y la reciente resolución que otorgaba la patente de la tecnología al Instituto Broad (de la Universidad de Harvard y el Massachusetts Institute of Technology) en detrimento de la Universidad de Berkeley, con la que Mojica ha trabajado en el equipo de Jennifer Doudna.

Mojica, sobre el uso clínico de Crispr y su patente.

¿De qué manera va a revolucionar la técnica Crispr el tratamiento del cáncer?

La tecnología Crispr está revolucionando los laboratorios de genética de todo el mundo, y eso incluye laboratorios que están investigando el cáncer. Prácticamente, todas las semanas están apareciendo noticias en las que se han conseguido cosas sorprendentes, inimaginables hace cinco años, tales como poder investigar 4.000 cambios en un gen responsable de una enfermedad tumoral y poder determinar cuáles de esos cambios son realmente esa alteración.

Eso es lo que está permitiendo [Crispr] hoy en día: conocer cuáles son las razones y los cambios genéticos responsables de la producción de un tumor y de hasta 6.000 enfermedades distintas con origen genético.

Lo que se espera es que se pueda incluso curar –directamente utilizando estas herramientas– muchas enfermedades y muchos tipos de cáncer. Es decir, utilizarlo como un agente terapéutico.

A día de hoy se están haciendo ensayos clínicos en humanos para curar cáncer. Habrá como 20 ensayos clínicos en marcha, y por lo menos 15 están dirigidos a curar cáncer, la mayoría de ellos con unas aproximaciones en las que se modifican células de nuestro sistema inmunológico con estas herramientas para que luego sean capaces de hacer su trabajo, lo que deberían de hacer en condiciones normales con cualquier célula patogénica, que es destruir las células tumorales una vez reimplantadas.


"Crispr evoluciona bastante más rápido que cualquier otra técnica que se haya desarrollado para la misma finalidad"


Esperamos que funcione y, si no sale por un sitio, saldrá por el otro: el conocimiento que se está generando como consecuencia de la caracterización de los responsables genéticos del cáncer permitirá, tarde o temprano, desarrollar fármacos específicos contra esas dianas.

¿Podemos aventurar un plazo en el que veamos Crispr aplicado a nivel clínico?

No se puede saber nunca cuándo va a tener lugar, sobre todo teniendo en cuenta que no podemos saber todavía si funciona bien. Los primeros ensayos clínicos para tratar cáncer de pulmón empezaron en 2015-2016, y todavía no tenemos resultados. Cuando empiecen a aparecer, y si son positivos, entiendo que tendrá que pasar una década, no te puedo decir exactamente cuándo, pero ahora no sabemos tan siquiera si se va a poder utilizar Crispr para tratar enfermedades en humanos.

La técnica es buena. Lo mejor que tiene es que es bastante precisa, pero no es perfecta, y para su aplicación en humanos debe ser lo más perfecta posible. Se está trabajando en ello pero no podemos poner plazos.

Con Crispr se está avanzando muy rápidamente en todos los sentidos, y se está puliendo: cada mes aparece un nuevo artículo que mejora de forma sustancial la técnica. De momento, no sabemos cuánto tiempo vamos a tardar en poder tener unos resultados terapéuticos con estas herramientas, pero, en cualquier caso, va bastante más rápido que cualquier otra técnica que se haya desarrollado en el pasado para esta misma finalidad.

Recientemente han aparecido varios estudios que muestran que esta herramienta genera más mutaciones no deseadas de lo que se pensaba en un principio. ¿Ha sido un jarro de agua fría?

Mojica, en un momento de la entrevista.

Todo lo que está saliendo relativo a los defectos de la técnica no es ni mucho menos negativo sino tremendamente positivo, porque se está consiguiendo identificar cuáles son los posibles problemas con los que se va a encontrar esta aplicación terapéutica de Crispr en el futuro.

Eso nos permite resolver los problemas antes de encontrarlos, cuando ya se han aplicado en el paciente, y eso es lo que no queremos: generar más problemas que los que vamos a curar.

Lo que está saliendo es mucho, y eso está muy bien, relacionado con la posibilidad de que causen, incluso, cáncer. Eso ha hecho que se hayan desarrollado estrategias para que no ocurra, o que ocurra con muy baja probabilidad.

Hay otras cuestiones, relacionadas con la posibilidad de que, cuando se aplican estas herramientas y se administran en un paciente, pueda ocurrir una reacción inmunológica de nuestro organismo contra ellas, disminuya la eficacia u ocurra una reacción con consecuencias graves.

Todo esto hay que saberlo a priori y se está resolviendo poco a poco. No es ni mucho menos un jarro de agua fría sino todo lo contrario, es como tiene que ser.

Imaginemos esta técnica aplicada en la clínica. ¿Quién sería el encargado de liderar la aplicación de esta herramienta? ¿Harían falta nuevos profesionales, necesitarían los especialistas actuales formación adecuada?

Yo no soy médico, no tengo conocimientos sobre clínica, pero intuyo que no se trata de una tecnología compleja, no tiene nada de extraordinario su aplicación: no hace falta utilizar, por ejemplo, una máquina para radioterapia. Simplemente, se trata de administrar un fármaco o unas células que se han modificado previamente con el sistema Crispr.

Por lo tanto, no hace falta un especialista Crispr para aplicar esta herramienta. Un oncólogo podría perfectamente aplicarlo en el caso de tratamiento de cáncer, igual que cualquier especialista en Medicina Interna podría hacerlo en el caso de una infección o una enfermedad hepática, por ejemplo.

¿Con una mínima formación podría el especialista utilizarla?


"Aclarar el horizonte [de la propiedad intelectual de Crispr] va a repercutir en un beneficio, sin lugar a duda"


Entiendo que sí. Una vez que los ‘fármacos Crispr’ estén puestos a punto, no hará falta más que seguir las instrucciones de la aplicación de esta tecnología.

Recientemente se resolvió el conflicto de patentes sobre esta técnica. ¿Qué consecuencias tendrá para su desarrollo?

El hecho de que hubiera un conflicto –que tampoco podemos descartar que siga habiéndolo: siempre hay recursos– evidentemente retrasa considerablemente el progreso, sobre todo su uso en la clínica. Imagínate la situación de incertidumbre de una empresa que quiera desarrollar un medicamento basado en algo sin saber a quién le va a tener que pagar los derechos de utilización.

Aclarar el horizonte es muy importante, y va a repercutir en un beneficio en este sentido, sin lugar a duda.

¿Cree que la creación de un Ministerio de Ciencia va a favorecer la implantación de técnicas innovadoras como Crispr?

Ya de partida, el que haya un ministerio que incluya ‘Ciencia’ en el nombre es una señal muy positiva en el apoyo claro. Y un apoyo claro a la ciencia va a repercutir en todo: en Crispr y en la investigación a cualquier otro nivel.

Redacción Médica ha entrevistado al microbiólogo con motivo del premio otorgado por la AECC.