Los resultados de un estudio identifican una firma compuesta de 14 proteínas capaz de identificar la patología

El oncólogo Mariano Provencio analiza una investigación relacionada con el diagnóstico de cáncer de pulmón
Diagnóstico en cáncer de pulmón (Europa Press).


Predecir el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón es uno de los principales objetivos de la Oncología europea, dada la elevada incidencia y mortalidad asociadas a esta enfermedad. Aunque estudios previos ya habían demostrado que el bloqueo de determinadas proteínas inflamatorias, como la interleucina-1 beta (IL-1β), reducía la incidencia de este tumor, su aplicación clínica se veía limitada por el elevado número de personas que era necesario tratar para prevenir un solo caso de cáncer.

Con el objetivo de mejorar la selección de los pacientes que podrían beneficiarse de estas estrategias preventivas, un grupo de investigadores empleó técnicas de aprendizaje automático sobre datos de más de 48.000 participantes del Biobanco del Reino Unido y analizó cerca de 3.000 proteínas presentes en plasma. El trabajo permitió identificar una firma compuesta por 14 proteínas, junto con cuatro variables clínicas (edad, tabaquismo, paquetes-año y antecedentes de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), capaz de predecir el desarrollo de cáncer de pulmón más de cinco años antes del diagnóstico. Posteriormente, esta firma se validó en ocho cohortes internacionales que reunían más de 2.000 pacientes con cáncer y más de 53.000 individuos sanos, confirmando su capacidad predictiva.

Mariano Provencio, presidente del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP), considera en Redacción Médica que el principal valor del estudio reside en el cambio de enfoque que plantea sobre el origen de la enfermedad. En su opinión, la hipótesis que plantea la investigación "es interesante al determinar que no existe un único aspecto promotor del cáncer, sino que se considera que existe un nicho permisivo en el que convergen distintos aspectos, postura similar a la que defiende al Oncología europea. Se trata de un elemento relevante de cara al futuro para identificar este aspecto en distintos mecanismos permisivos".

Las proteínas identificadas están relacionadas con procesos inflamatorios, la remodelación del tejido pulmonar, la secreción de proteínas por las células epiteliales y la producción del surfactante pulmonar. Los autores destacan que esta firma no detecta un tumor ya establecido, sino que refleja un estado inflamatorio del pulmón que favorece el desarrollo del cáncer, lo que supone una diferencia relevante respecto a otros biomarcadores utilizados para el diagnóstico precoz. Además, el estudio observó que esta firma proteica se encontraba significativamente elevada en fumadores activos y en personas expuestas a contaminación atmosférica por partículas finas, lo que refuerza la relación entre la inflamación crónica provocada por factores ambientales y el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón.

Una potencial ventana terapéutica en ensayos clínicos


Los resultados también ayudan a explicar por qué el tratamiento con canakinumab mostró un efecto preventivo en ensayos clínicos previos, pero no resultó eficaz en pacientes con cáncer de pulmón ya establecido. Los investigadores plantean que existe una ventana terapéutica previa a la aparición del tumor clínicamente detectable en la que la inhibición de la interleucina-1 beta podría impedir el inicio del proceso tumoral, mientras que, una vez desarrollado el cáncer, esta vía pierde relevancia.

No obstante, Provencio llama a interpretar este hallazgo con prudencia. Respecto al posible papel preventivo del fármaco, recuerda que la disminución del riesgo observada con este tratamiento "es una hipótesis generadora, pero no es ni mucho menos definitiva".

El trabajo concluye que la combinación de Inteligencia Artificial, proteómica y biología molecular permite identificar un estado inflamatorio pulmonar asociado a un mayor riesgo de desarrollar cáncer años antes de su aparición clínica. Además, propone una estrategia de prevención personalizada basada en biomarcadores sanguíneos, que permitiría seleccionar a las personas con mayor probabilidad de beneficiarse de tratamientos dirigidos contra la interleucina-1 beta, abriendo la puerta a nuevas estrategias de prevención.

Aun así, el oncólogo insiste en que el principal desafío sigue siendo trasladar estos hallazgos a la práctica clínica. En este sentido, advierte de que pasar todo este aspecto traslacional a la clínica "es el apartado más débil de la investigación. Tendrán que pasar años hasta que se pueda llevar este salto a la práctica clínica, pero es un paso más de este grupo muy sólido de todos los aspectos traslacionales que analiza".
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