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La OCU denuncia el exceso de pruebas innecesarias en Neurología

Consultó a 30 especialistas por una migraña, 16 pidieron pruebas que no servían para el diagnóstico

Los especialistas pidieron resonancias, TAC y electroencefalogramas.
La OCU denuncia el exceso de pruebas innecesarias en Neurología
Redacción
Lunes, 05 de diciembre de 2016, a las 17:50
La Organización de Consumidores y Usuarios ha llevado a cabo un experimento para comprobar si se piden excesivas pruebas médicas por parte de los especialistas, con el ojo puesto en esta ocasión en los neurólogos.

Para ello, acudió a las consultas de 30 neurólogos privados entre julio y agosto de 2016 en cuatro ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Málaga y Sevilla).El paciente simulaba una migraña, sin mostrar ningún otro signo por el que se pudiera sospechar la necesidad de realizar una prueba de imagen.

Siguiendo los criterios de la Guía oficial de práctica clínica en cefaleas de 2015 de la Sociedad Española de Neurología, la organización esperaba que el especialista hiciera al paciente muchas preguntas, una exploración física básica, general y neurológica. Tras ello, le haría un diagnóstico inmediato y una propuesta de tratamiento, pero, cree la OCU, no debería pedir ninguna prueba suplementaria.

Un TAC, nunca

De los 30 consultados, solo un neurólogo hizo un diagnóstico erróneo, según la entidad. En tres consultas propusieron un medicamento incorrecto, pero 16 de los 30 médicos solicitaron una o dos pruebas, resonancia magnética (9 casos), tomografía axial computarizada (TAC, 5 casos) o electroencefalograma (tres casos: uno como única prueba, otro junto a un TAC y otro junto a una resonancia).

La OCU explica que “el diagnóstico es muy claro y no va a ser más acertado por hacer pruebas”. En caso de haber algún elemento en la historia clínica que lo recomendara (que, consideran, no era el caso), se debería hacer una resonancia (cuyo coste está entre los 100 y los 270 euros) y no un TAC (su coste se sitúa entre los 89 y los 200 euros).

Como conclusión, destaca “la importancia de eliminar de la práctica clínica habitual, siempre de acuerdo a la evidencia científica, intervenciones innecesarias y que en ciertos casos pueden desembocar en un perjuicio para los propios pacientes”.